Los riesgos del petróleo y la fruta

"El fenómeno de la violencia hacia los menores es generalizado, en todos los estratos sociales y laborales". Dice Zulema Díaz.



NEUQUÉN

Eso habla demasiado. El flagelo golpea en todos los niveles, pero en la zona hay algunas condiciones que no “ayudan”. Por ejemplo, que los motores económicos sean el petróleo y la fruticultura, sectores siempre propensos a la llegada de foráneos. Sumado a ello, el “oro negro” hace llover dinero, también promiscuidad.

“La llegada de trabajadores de otros lugares es una variable importante en cuanto a los casos de abusos de menores. Es decir, se generan condiciones para que ocurran. Hombres que arriban sin familia, que viven en chacras durante meses de cosecha con otras familias de aquí con hijos. En ciudades petroleras lo alarmante tiene que ver con los modelos que las niñas toman de muchas madres que están con hombres por el dinero. Entonces, esas chicas ven como factible superar etapas y volverse grandes para conseguir cosas. Hablo de nenas de 13 años Y entran en un juego peligroso”, explica Díaz.

Y relata un caso que genera escozor. Una niña de once años le decía “papá” a un hombre con el que su madre convivió durante un año. No era su padre biológico, pero la madre le puso su apellido a la nena. Eso para cobrar la asignación. Cuando se separaron, el hombre pidió las visitas con la nena y la Justicia se las dio. No era su padre y tuvo acceso a la nena durante mucho tiempo. Abusó de ella. “Ocurrió en Rincón de los Sauces y se probó porque aparecieron fotos. Pero lamentablemente, la pequeña se retractó de la denuncia”.

-En los sectores pudientes es más difícil detectar los abusos.

-Sí, el niño de clase alta tiene menos accesibilidad a la Justicia. Hay más formas de callarlo. Viven en casas grandes, alejadas, en terrenos enormes, van a escuelas privadas donde a los docentes no les debe resultar tan cómodo denunciar… Y sucede igual que en cualquier barrio.


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