Los sospechosos hacían negocios sin dar la cara

Un comerciante damnificado en Neuquén dio detalles de la maniobra. Vendió un cuatriciclo y le pagaron con un cheque sin fondos. Los encargados de la operación no



NEUQUEN (AN).- Nunca dieron la cara. Ni quien encargó el producto para su compra, ni quien firmó los cheques. Pero se respaldaron en una apariencia de legalidad que sorteó los más rigurosos controles. Así, lograron hacerse de un flamante cuatriciclo que pagaron con un cheque sin fondos.

La experiencia de los concesionarios Yamaha en Neuquén, Krifu Motos SRL, fue similar a la que padecieron un número indeterminado de comerciantes de Neuquén y otras partes del país que hicieron negocios con Petrocerv, la empresa investigada por cometer una presunta estafa, que dejó damnificados por dos millones de pesos.

Según relataron, el primer contacto fue telefónico, a principios de setiembre. Alguien que se identificó como “ingeniero Cornejo” habló con Rubén Kriger, encargado de ventas de la empresa, interesado en un cuatriciclo. Como ya informó este diario, Cornejo figura en varios documentos secuestrados por el departamento Delitos Económicos de la Policía neuquina pero todavía no se sabe si es un nombre real. En algunos casos aparece como Gustavo, en otros Sergio y también Miguel. Su segundo apellido sería Miguens.

Kriger recordó que “los contactos telefónicos fueron varios. A veces llamaba él, a veces yo, al número de Petrocerv en Neuquén”. La empresa tenía una sede en San Martín al 6.900.

Después de acordar las condiciones de pago, los encargados de Krifu Motos investigaron a Petrocerv. “Todo aparentaba ser legal: están inscriptos en la AFIP, tienen cuenta en bancos que son muy severos con los controles, un contrato con Repsol-YPF (empresa para la cual dijeron que necesitaban el cuatriciclo), órdenes de compra, cuidaron hasta los mínimos detalles, no había nada anormal, parecía una operación comercial común”.

Con la negociación en marcha, un día llegó a Krifu Motos un chofer portando un sobre cerrado. Adentro había un cheque por 6.000 pesos, a fecha. “El que lo trajo no pidió recibo ni nada, sólo dejó el sobre”, dijo el vendedor. Pudieron cobrarlo sin problemas.

Los 21.600 pesos restantes para cubrir el monto total por el cuatriciclo fueron con un cheque a 25 días. Ambos valores los firmaba Luciano Mastrostéfano, quien en las actas de la empresa figura como presidente. Se trata de un ciudadano italiano de 57 años al que los vendedores de motos nunca le vieron la cara.

El paso siguiente fue entregar el cuatriciclo Yamaha, modelo 2004, número de motor H306E-018719, y de chasis AH04Y-018743 (la identificación se publica para advertir a quienes adquieran una unidad similar).

“Vinieron tres personas, un chofer, otro de apellido Sánchez y el tercero no sabemos quién es”, indicó Kriger. “Se movían en una camioneta Nissan con logo de Petrocerv, doble cabina, jaula antivuelco, color verde oscuro con una franja gris”.

Cargaron el cuatriciclo y se fueron. Hay dos detalles que reforzaron la confianza de los vendedores: al día siguiente de retirar la unidad, regresaron para corregir un error de tipeo en el cheque, y para devolver una correa que les habían prestado para sujetar el cuatriciclo a la caja de la camioneta. Después de eso nunca más volvieron a verlos.

Cuando les rebotaron el cheque, los responsables de Krifu (que también controla la firma ProHonda) fueron a la sede de Petrocerv Neuquén. Ya era el 25 de octubre. “No había nadie. Un vecino nos preguntó '¿qué le vendieron?', y cuando le contamos del cuatriciclo, el hombre se persignó”.

Para entonces ya estaba en marcha la investigación judicial por las denuncias de otros comerciantes que habían sido damnificados con una metodología similar, la sede de la empresa había sido allanada y sus moradores habían desaparecido. La gente de Krifu no se quedó quieta: fueron a ver a Mauricio Layán, quien en la declaración ante la AFIP figura como dueño de Petrocerv. “Nos dijo que hace dos años dio de baja a la empresa y no tiene nada que ver”, relató Kriger.

Nota asociada: Contactaban a las víctimas hasta por Internet


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