Louvre muestra arte islámico bajo un espectacular techo de cristal

“Las civilizaciones islámicas son más antiguas, más vivas y tolerantes que esos que aseguran injustamente hablar en su nombre (del islam)”, dijo el presidente francés al inaugurar nuevas salas en el gran museo parisino.

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CULTURA EN PARÍS

El último gran proyecto del Louvre se inauguró en 1989, cuando descubrió la pirámide de cristal. Ahora el gran museo parisino inaugura nuevas salas para albergar su acervo de arte islámico, un pabellón valorado en 98,5 millones de euros (unos 125 millones de dólares) que lleva por nombre “Département des Arts de l’Islam” y consta de unos 3.000 metros cuadrados.

“Las civilizaciones islámicas son más antiguas, más vivas y tolerantes que esos que aseguran injustamente hablar en su nombre (del islam)”, dijo hoy el presidente francés, François Hollande, en la inauguración de este nuevo departamento del museo, coincidiendo con la actual revuelta en el mundo islámico.

En la designación de este nuevo departamento juega un papel significativo la forma en cómo se escribe “islam”, pues en francés la palabra escrita con minúscula da nombre a la religión, pero en mayúscula denomina la Civilización. “Una gran parte de las obras de arte de estas civilizaciones no tiene nada de religioso en sí, muchos objetos provienen incluso de no musulmanes”, explicó Henri Loyrette, director del museo, el más grande del mundo.

A partir del 22 de septiembre, el espectacular edificio, que ha costado 98,5 millones, así como las inusuales obras de arte que alberga, podrán ser visitadas. Las cerca de 3.000 obras expuestas representan la diversidad artística de las diferentes civilizaciones islámicas cuyos confines geográficos van de la India hasta España y desde el punto de vista cronológico van del año 622 hasta el siglo XIX.

El Museo Metropolitan en Nueva York dejó de tener en noviembre de 2011 el departamento de arte islámico, y pasó a mostrar arte de Arabia, Turquía, Asia Central y el sur de Asia.

La colección se ha reunido en el patio Visconti bajo un espectacular techo de cristal, que recuerda a un velo o una alfombra voladora. Esta estructura de cristal, que se levanta entre seis y ocho metros sobre el suelo, será uno de los distintivos del museo, junto con la pirámide de cristal que se inauguró hace 20 años.

El Louvre posee una de las mayores colecciones de arte del islam del mundo, y gran parte de ella languideció durante años en los depósitos del museo. Además de las 15.000 piezas que poseía el Louvre, se suman 3.600 objetos del acervo del museo de las artes decorativas a las que no podía dar cabida tras su remodelación.

Las nuevas salas están repartidas en dos niveles. Bajo el singular techo de forma ondulada hay tesoros que proceden del inicio del imperio islámico, entre ellos un pequeña copa procedente de España denominada “al Mughira”, o la lujosa puerta de madera del palacio de los califas, Dar al Califa, en Samarra.

Una escalera lleva a la planta subterránea, donde el visitante se adentra en una atmósfera que recuerda a las mil y una noches. En una sala poco iluminada brillan las joyas esmeraldas de la India, y de Egipto y Siria proceden recipientes de cobre con incrustaciones en oro y plata. Otro regalo para la vista son los mosaicos de cerámica de Irán.

Sin la ayuda de mecenas privados, el proyecto no podría haberse realizado. Marruecos, el emirato de Kuwait, el sultanato de Omán y Azerbaiyán aportaron 26 millones de euros al proyecto. Además otros 30 millones de euros proceden de donantes privados, entre ellos empresas y fundaciones. Tan sólo la fundación del príncipe saudí Al Walid bin Talal donó 17 millones de euros. La suma restante la aportó el Estado francés (31 millones) y el Louvre (11,5 millones de euros). (DPA)


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