Lugar común, el amor

Jorge Bucay se presentó en el gimnasio del Club Independiente de Neuquén para dar una conferencia sobre 'Pareja, encontrarla, conocerla y mantenerla'. Dos mil personas lo vieron.





NEUQUEN (AN).- De algún modo Jorge Bucay trata de hacernos reír de lo que pocas veces estaríamos dispuestos a hacerlo. Una palabra por aquí, otra por allá y varios chistes como la vía más rápida para llegar al esclarecimiento pero, sobre todo, a la aceptación.

Sin embargo, lo más notable en la charla donde «lo invitamos a reflexionar acerca del espacio que le damos a la pareja en nuestras vidas», es que se las arregla demasiado bien para hacernos creer que nos está ofreciendo la solución a todos nuestros problemas cuando, en realidad, su show -porque se trata de uno- consiste en una enumeración de lugares comunes -los celos, las parejas absorbentes, la privacidad o su falta, las formas de acercamiento- matizados con las abundantes dosis de humor que muere por arrojar a los cuatro vientos cada vez que puede. Lo que vuelve más digerible a todo el asunto.

Puestos en esa situación, lo cierto es que los conceptos comienzan a girar en espiral y las reiteraciones se hacen presentes luego de algunos minutos. Los «es cierto», «ni hablar», «tiene razón» y «es así», contradicen el tono de revelación con que bajan las frases desde el escenario.

Lo que le da cierta atracción semi-hipnótica a todo esto es la capacidad que Bucay tiene para hilvanar frases y pensamientos que -esto también sucede- llegan a aburrir por reiterativos y que se sostienen en varias palabras-temas clave: entre ellas el sustantivo «persona» pegado al adjetivo «indicada», a saber, lo que todos estarían buscando.

Bucay sólo tomó agua en dos oportunidades a lo largo de las más de dos horas que duró su presentación, y eso es admirable si se mide la situación de acuerdo al caudal de palabras que pronunció.

En todo ese transcurso, hubo espacio para el desfile de frases que fueron ofrecidas como la contraseña de entrada al palacio de la felicidad o algo parecido. «El amor es querer muchísimo a alguien», sólo que, claro, «a veces es así y a veces no»; pero también: «conocer a la persona indicada es difícil».

Sus clásicas pizarras, el manejo de la escena, la modulación de lo que dice, y la luz, le dan un sesgo todo cogniscente mientras se encarga de sofisticar en su precipicio verborrágico lo de todos los días: el amor y el desamor.

Quizás lo mejor de la exposición fueron las sonrisas. Pero es bastante extraño ver a un psicoterapeuta con los mismos ojos con los que se va a ver una obra de teatro. Y esto, que podría ser un error, no es tanto producto de la propia predisposición como de la forma en que se vende el producto Bucay, asociado casi en partes iguales a su tránsito por los multimedios y sus logros académicos.

Lo dicho: la habilidad de Bucay es hacer de cuenta que «te» descubre un mundo de soluciones, cuando en realidad su ponencia está delineada por refritos que divagan en la falta de oportunidades para ser expresados. Y ese es el momento en el que se vuelven ambiguamente un descubrimiento, que es la manera en que son vendidos. Le sirvan o no a alguien.

Fernando Castro


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