Luis Cide, un ilustre amante del sonido del jazz

“Generar cosas por uno y por el futuro” es a lo que apunta el director de Grupo de Jazz de FCP, quien fue reconocido recientemente por el Senado de la Nación.



Luis Arturo Cide nació en Plaza Huincul en 1956. A los ocho años, su familia fue a Roca y allí cursó primaria y secundaria.

En 1969 tomó contacto con la guitarra, el folclore, tango y rocanrol de aquellos años. A los 17, integró el grupo Dahuluo por unos meses, luego formó Germinación de música progresiva. A los 20, se introdujo en el jazz-rock y comenzó el camino que lo llevó a tocar y vivir en Suiza, Alemania, Austria, Holanda, Bélgica, Estambul, España, por toda la región, Argentina, Bolivia, a integrar muy diversas formaciones, crear sus propias bandas, presentarse en festivales, grabar discos y juntarse con pares de renombre. Un trabajo incesante por el que fue distinguido por el Senado de la Nación. Un reconocimiento a la trayectoria que lleva a un balance de su carrera.

P- ¿Qué mundo verías a sus trece, cuando caminaba las calles roquenses, guitarra en mano?

R- Bueno, lo propio de un chico de esa edad con sueños, ilusiones. Estaba empezando el secundario en la Escuela Industrial y escuchaba la música que había por radio y en discos. Los Beatles, Rolling Stones, folclore, tango que ponía mi padre en el tocadiscos. Mi abuelo materno siempre venía con su guitarra a tocar milongas... Vi la película del Festival de Woodstock (1969) que me potenció musicalmente, ver a Santana, a Jimi Hendrix, a Joe Cocker, Creedence Clearwater Revival, Ten Years After. Todo eso me alimentó de una manera que nunca imaginé e iba a significar un camino musical. Como vi que me salían cosas en la guitarra, fui perfeccionándome con la información que se disponía entonces...

P- Casi como un juego.

R- ¡Claro! Escuchaba radio, compraba la revista “Pelo” muy importante para el rock, y después investigaba lo que pasaba en Buenos Aires con Los Gatos, Almendra, Color Humano, los BARock que se hicieron, Pappo’s Blues, en fin...

P- Y un día te encontraste andando con el estuche de la guitarra en la derecha, por Zurich, por Colonia...

R- Viví tres años ahí. Aprendí mucho en Europa. Integrarme, en lo cotidiano y a través de la música, fue un cambio muy fuerte. Por empezar, me introduje plenamente en el mundo de jazz, origen del rock, pop y todo lo que pasa desde la mitad del siglo XX en adelante. Profundicé mis conocimientos, tomé clases de armonía y me fui profesionalizando. Llegué a firmar contrato con seis, siete meses de anticipación, y en el medio tenía otras actuaciones. Así me fui quedando y posponiendo visitar a la familia, pasar las fiestas, porque se manejan a largo plazo para las giras de conciertos y hay que responder a eso. Me permitió aprender italiano, un poco el francés, alemán por supuesto, portugués, inglés, para interactuar con colegas de todas partes del mundo; orientales, africanos, europeos, latinoamericanos.

P- Y otro día llegaste a tocar en Estambul...

R- Pasé el año nuevo de 1993-1994 allí. Estuve una semana y todo por la música. Estaba la guerra civil en la ex Yugoslavia, después que murió el Mariscal Tito y se formaron repúblicas independientes como Bosnia-Herzegovina, Eslovenia, Croacia, Serbia y Montenegro. El avión tuvo que volar mucho más alto. Son varias las cosas que se vienen a la cabeza al tocar en esos lugares históricos, porque Estambul fue capital del Imperio Romano de Oriente. Eso lo había estudiado en la escuela y lo estaba viendo... Lo mismo en algunos sitios de Europa, en Waterloo (Bélgica) donde peleó Napoleón, por ejemplo, me imaginaba que por la avenida que yo andaba había pasado el ejército francés, visité el campo de batalla.

P- Gracias a la guitarra y a la música, un lenguaje universal que ahora estás transmitiendo.

R- Voy a cumplir doce años, en agosto, de estar en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes, con el Grupo de Jazz como director, guitarrista, compositor y además, desde hace cinco, con el proyecto que presenté para armar la Escuela de Jazz, con muy buenos resultados. Los chicos, las nuevas generaciones están tocando obras de Miles Davis, de John Coltrane, Thelonious Monk, y hacen temas propios, y que yo participe, es un honor. Hace 45 años, tocar guitarra eléctrica y hacer rock o blues era bastante complicado, pero hoy se ha potenciado el arte de tal manera que ya hay chicas saxofonistas, muchachos bateristas, bajistas, es honroso para mí.

Se ha hecho un camino muy interesante y fundamentalmente por el aspecto intelectual que se genera a las nuevas generaciones, contrarrestando un poco esa masa invasiva de sonidos que adhieren sólo a lo comercial y no a lo evolutivo para la inteligencia humana.

P- Cada vez son más claras las muestras que hablan de cómo funcionan el IUPA y la Fundación Cultural Patagonia, el Alto Valle, en el ámbito estético, de creación, de formación artística.

R- Es verdad. Son dos mil alumnos que vienen acá por año, más o menos, en sus diferentes disciplinas. Se ha creado la Sinfónica de Río Negro, se armaron grupos de danza contemporánea, clásica, están el de Jazz, de Tango, Quinteto de Vientos, Cuarteto de Cuerdas, coros, una gama abismal de muy buen nivel, de calidad excepcional. Argentina es considerablemente grande y todo está centrado en Buenos Aires, eventualmente Rosario, Córdoba, pero para bien del país son importantes espacios como los que tenemos en Roca, hacen a la equidad intelectual y cultural. En buena hora que existan el IUPA y la Fundación, que permiten difundir disciplinas artísticas en su excelencia, de calidad.

P- Para vos, como docente, es el ideal.

R- Sí, claro. Esto es fundamental en cuanto a la región, al país y el mundo. Que se eduque, se difunda y se aprecie el arte, se optimice la capacidad intelectual para el desarrollo humano. Después, la vida dirá qué hace cada alumno con lo que estudió... Se trata de aprender y brindar lo mejor que uno puede, de sí mismo. Como el dicho: denme una palanca y moveré el mundo.

P- En tu caso, denme una guitarra...

R- Y haremos música (ríe Luis).

P- El Senado de la Nación te ha otorgado recientemente una distinción.

R- A través de la senadora Magdalena Odarda, representante rionegrina, me ha dado una caricia al alma por mi trayectoria musical. Algo que me enaltece, me enorgullece y me genera responsabilidades aún mayores, como ciudadano. Yo siempre digo que lo que uno hace queda registrado en la memoria universal, tengo esa conciencia desde hace mucho. La humanidad está afirmada históricamente en pilares como el comercio, las religiones en sus variadas concepciones, los hitos bélicos, y la cultura donde a través del arte podemos vislumbrar, conocer mucho más de los pueblos desde la antigüedad al presente. Dentro de quinientos años se va a hablar sobre qué hicimos en este fascinante campo. Es el concepto que manejo de generar cosas por uno y por el futuro.

Docente. Es el feliz coordinador de la Escuela de Jazz del IUPA.

Se ha hecho un camino muy interesante, y fundamentalmente por el aspecto intelectual que se genera a las nuevas generaciones; contrarrestando un poco esa masa invasiva de sonidos que adhieren sólo a lo comercial”.

El músico Luis Cide defiende el trabajo realizado en Fundación Cultural Patagonia y el IUPA

Datos

1981: época difícil en Argentina, Luis Cide viajó a Europa.
1985: regresó al país e integró Influencias. Además recorrió España.
1986: giró por Alemania y grabó el CD “Mensajes” con Robert Jester.
1990: participó
en Suiza del
Mario Feurer
Quartet.
1992: volvió a la Argentina, donde tocó con un trío de jazz.
1994: en Colonia, realizó conciertos junto a Dino Saluzzi.
1995: fue invitado al Festival Márdel Jazz. Grabó un CD de tango.
1996: participó nuevamente en Márdel Jazz en Buenos Aires.
1999: grabó en Alemania
“Patagonia Jazz Fusión”.
2001: editó el disco “Modus Vivendi” con cinco músicos regionales.
2003: lanzó la placa “La edad
del tiempo” en
Roca.
2005: es director del Grupo de Jazz de Fundación Cultural Patagonia.
2012: proyectó un taller escuela de Jazz en el IUPA, que funciona hasta hoy.

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Luis Cide, un ilustre amante del sonido del jazz