Macri - Fernández: cuatro analistas responden sobre los desafíos de la transición

Intelectuales y analistas advierten sobre los riesgos que entraña la consolidación de una nueva legitimidad política cuando aún resta una competencia electoral. El fracaso de las PASO.



1. ¿Cómo describe esta situación política y económicamente inestable?


Alejandro Katz: Los sistemas electorales tienden a reducir el lapso entre la elección y el cambio de gobierno porque es un período en el que hay una crisis de autoridad: quien tiene legitimidad carece de autoridad, y quien tiene autoridad carece de la legitimidad institucional. Acá, el problema se agrava porque las PASO tienen un claro error de diseño: pueden consagrar un presidente sin ni siquiera convertirlo en presidente electo. Si hay un presidente electo hay posibilidad de iniciar mecanismos de transición. En cambio, ahora hay un candidato y enfrente un gobierno que no puede abandonar la competencia electoral, porque lo debilitaría aún más y porque hay en juego legislativas, intendencias, etc. Es una situación inédita, que obligará a suprimir las PASO, y ahora abre una situación muy compleja.

Eduardo Jozami : La situación es riesgosa. Hay indiscutiblemente una legitimidad política que tiene que ver con el voto popular. Pero también hay una normativa institucional que debe ser respetada y eso supone que la elección de las PASO sea ratificada por el pronunciamiento de la primera vuelta. Hay dos meses de distancia, una situación crítica de la economía, pero sobre todo hay un presidente que no ha aceptado el veredicto popular. Debe actuar con responsabilidad ante una situación que nos pone en riego de hiperinflación. Alberto Fernández ha tenido una actitud sensata poniéndose a disposición, señalando que la mayor responsabilidad es del presidente. Macri tuvo cambio de actitud que es difícil de apreciar en cuanto a su sinceridad, pero de todas maneras no ha revisado lo más grave que dijo, cuando puso a los mercados de árbitro para evaluar el pronunciamiento electoral.

Marcos Novaro: Tiene más poder el candidato que el presidente, por un sistema electoral nefasto, que destruye un gobierno y no forma otro en su lugar. El sistema es mortal, destruye gobernabilidad, más allá de los actores. Macri y Fernández tomaron nota de que la situación podía llevárselos puestos a los dos. Un proceso en el que este gobierno se consuma en el caos no lo va a poder parar tampoco después Alberto. Porque no es el jefe de su coalición, su frente interno es muy convulsionado, y porque no tiene de dónde sacar un peso, porque nadie le va a prestar. No es Menem que dice ‘vendo las empresas del Estado’. Se tiene que cuidar de no seguir agrediendo a Bolsonaro porque Brasil es tal vez el último enganche con el mundo. Caerse en serio del mundo no es lo que pasó con Cristina, es mucho peor. Jugar con el estallido no es algo que a Alberto le convenga.

Enrique Zuleta Puceiro: Vuelven a evidenciarse los riegos institucionales del hiperpresidencialismo sobre todo cuando se combinan con reformas electorales, en este caso, las PASO. Si pierde el que gobierna, queda como un pato rengo medio año antes de dejar el poder: las incertidumbres propias de las transiciones se multiplican y adelantan. El efecto institucional es mortífero. Macri y Fernández buscan salir con dos ficciones ordenadoras. Macri, la ficción de que él es el presidente, de que las elecciones son en realidad en octubre; Fernández, la ficción de que no tiene ningún compromiso, porque sólo es un candidato, no presidente electo. Son dos ficciones sanadoras que permiten ordenar un discurso. Pero lo cierto es que estamos ante una verdadera consulta popular que es vinculante desde el punto de vista político, no jurídico.


2. ¿Hay o puede haber vacío de poder del gobierno nacional?


Alejandro Katz: ay una gran merma del poder presidencial. Esto no debería ser demasiado grave si los principales actores políticos actúan con prudencia. Del domingo hasta el miércoles, parecía que esa prudencia no sólo estaba ausente, sino que era repudiada. El miércoles el panorama empezó a ordenarse, afortunadamente. Macri y Fernández entendieron que, más allá de los perjuicios a la sociedad, se causarían ellos mismos graves perjuicios si continuaban en esta carrera de uno contra el otro a ver quién se corre del camino. Un problema es que Macri tiene un doble rol, como presidente y candidato. Debe ser muy prudente en qué modo asume uno y otro rol; en aras de la gobernabilidad va a tener que sacrificar competitividad. Hasta las PASO la estrategia principal consistía en la demonización de la oposición. Ahora  y por el resultado, esa demonización no es una buena estrategia de campaña y es mala estrategia de gobernabilidad.

Eduardo Jozami: Todo depende de la madurez con que reaccione el presidente. Si persistiera en su discurso del lunes, un vacío de poder y una alta conflictividad social es muy peligrosa. Tiene que trabajar para tener un tránsito ordenado de aquí a las elecciones de octubre, y creo que la mayoría de los argentinos comparte ese deseo, como los sectores sindicales que están siendo mucho más moderados y no buscan colaborar con la estabilidad, aunque tienen la responsabilidad también de defender los ingresos. A Fernández le cabe responsabilidad también, sí, pero a nadie se le puede echar la culpa de ganar elecciones. No puede cogobernar, tienen miradas muy diferentes sobre la situación del país. Se trata de no hostigar al gobierno y estar a disposición. Y es una responsabilidad de todos los sectores opositores y sociales, sin llevar a que siempre el pato de la boda lo tengan que pagar los más pobres.

Marcos Novaro: Vacío, no. Hay instituciones, hay poder, el Banco Central tiene dólares. Ahora, puede ir perdiéndolos. Si Macri y Alberto negocian esa curva decreciente alcanza para que los primeros meses de Alberto haya plata. Si no, va a estar en cero, eso supone ya no una corrida, sino que no haya límite para los precios. Parte de la negociación entre ellos tiene que ser cómo se cuidan las reservas. No es inviable y puede beneficiar a los dos: Macri llega a las elecciones con gobernabilidad y Alberto, si gana, ganará gobernabilidad también. Quizás pierda algún voto: él no puede volver con las promesas del 20% para los jubilados porque se va a disparar tiros en los pies; imaginemos que diga que no va a pagar las Leliq de nuevo... Ahora, Alberto descubrió por qué las Leliq cobran un interés tan alto. La situación puede ser mucho peor.

Enrique Zuleta Puceiro: Sí, el gobierno no puede gobernar. No puede acudir a sus bases de sustentación, no puede acudir al empresariado, al Fondo, al capital extranjero, a Trump, nadie atiende el teléfono en el hemisferio norte, han perdido interés en la Argentina. Las bases de sustentación empiezan a mirar para otro lado, al próximo presidente. Si acá se produce una escalada de los precios, fuga de los fondos, volatilidad, eso termina llevándose puesto al arco político.


3. ¿Qué tan comparable es esta situación a las experiencias de 1989 y 2001?


Alejandro Katz: El lunes, el gran temor era que esto evolucionara en una combinación de 2001 y 89: crisis económica, espiralización de devaluación e inflación, y crisis social  con eventual represión. Quizás esos miedos ayudaron a cambiar actitudes. No son situaciones equivalentes si uno las analiza en detalle, ni el gobierno y la economía, ni la conducta de la oposición son semejantes a las del 89, cuando fue a bloquear cualquier crédito que ayudara al oficialismo. Ni es como el 2001 porque durante el kirchnerismo y el macrismo la combinación de organización de sectores populares y los programas de asistencia permiten canalizar reclamos de manera menos explosiva y permite que el Estado asista por canales establecidos. Pero el temor no es infundado si la política no decidiera evitarlo.

Eduardo Jozami: La diferencia con el 2001 es que entonces se veía un gobierno que estaba tan deteriorado hasta el punto de que el presidente no tuviera candidatos para las elecciones, y la situación financiera del país era mucho más grave, no porque la de hoy no lo sea, sino porque en aquella se había cerrado todo lo que estaba al alcance del presidente y no había salida, y además había una conflictividad política que me parece que ahora se está manejando de otra manera. El peronismo que ganó las PASO está más interesado en garantizar la estabilidad institucional. En el caso del 89, creo que se golpe del mercado estaba más destinado a marcarle la cancha al que venía, a Ménem, que a Alfonsín que ya estaba de salida. Las coyunturas tienen diferencias.

Marcos Novaro: Fernández lo suele comparar con el 2003: llegamos y con política expansiva arreglamos todos los problemas. No tiene nada que ver: era un gobierno que ya estaba armado, con el ajuste hecho, con programa, bajando la inflación, sin problemas de equilibrio fiscal. Si él se cree lo del 2003, estamos en aprietos. La prueba son los 40 mil millones que aprobó Macri para distintas medidas. Por eso Alberto dijo que son riesgosas, claro, descubrió ahora que ´ponerle plata en el bolsillo a la gente’ a veces no es bárbaro. ¿Qué le está diciendo a Macri? Te podés alejar del déficit 0, pero si me dejas un déficit de 10 puntos me hundís.

Esto no se parece ni al 89 ni al 2003, se parece a Bignone con Alfonsín. Bignone, degenerado y maldito, dio aumentos de salarios, beneficios fiscales, créditos, todo baratísimo porque se iba en 10 meses. Alfonsín creyó que él iba a dar aumento de salarios y los economistas le dijeron ‘no, ya lo hicieron, y la hiper está acá a la vuelta de la esquina’. Esto se parece a eso, si Alberto cree que puede cumplir las promesas a su base electoral estamos muertos. Esa base es heterogénea y no lo reconoce como jefe y se lo van a llevar por delante si no es firme.

Enrique Zuleta Puceiro: Son casos iguales en cuanto a pérdida de confianza en el gobierno. La oposición que no está interesada en ayudar al gobierno, porque toda ayuda la compromete y le resta instrumentos si llega al poder. Se podrían ensayar una conferencia de gobernadores y ofrecer un apoyo a un gobierno nacional exhausto, pero los gobernadores también están a la defensiva. Tampoco hay voluntad destituyente del peronismo, eso borraría la victoria que acaba de conseguir. Puede mitigar esto un gobierno que se decida a gobernar, que acote la campaña, hacer cosas que no hizo por el costo político (que ya lo pagó), medidas orientadas a la producción. Algo como Piñeira en Chile, que gobernó muy mal, perdió mal, se fue bien y la gente lo fue a buscar después.


4. ¿Cómo ve un gobierno con Alberto y CFK, La Cámpora y el PJ, Kicillof y Nielsen?


Alejandro Katz: Veo una coalición heterogénea, contradictoria, en la que hay elementos con vocación hegemónica y autoritaria, como La Cámpora; elementos conservadores, en los sindicatos, intendentes y gobernadores. Es un gobierno que asumiría con algunos componentes de la coalición con mucha voluntad de escalar en el poder para llevar adelante su propio proyecto, con otros tratando de evitar las reformas, en el marco de una macroeconomía muy complicada y una situación social compleja. Es decir, los márgenes de maniobra de Fernández van a ser estrechos.

Eduardo Jozami : Va tener que haber un equilibrio muy importante, y creo que por ahora lo está mostrando Fernández. Soy optimista. Hay que reconocer que es un gobierno de un frente de varios sectores, y debe tratar de encontrar una síntesis. Tiene que afirmarse un sistema presidencialista con el liderazgo de Fernández, es una necesidad. Va a requerir mucha firmeza y mucha muñeca política. El modo en que se llevó adelante la campaña, los acuerdos alcanzados para constituir el frente, nos permiten ser optimistas.

Marcos Novaro: Un trabajo de orfebrería. La unidad del peronismo ha vuelto, en términos electorales, pero no en términos partidarios, no hay jefe partidario. El jefe de la “coalición” es Cristina, no es la situación de Néstor con Duhalde. La señora está con poder de veto en el Congreso y tendría el territorio de Buenos Aires. Y encima, el problema de los jueces que la quieren meter presa. Alberto tiene que elegir si le conviene desarmar esa amenaza o mantenerla porque es como el concilio nuclear, un juego de disuasión. Si me tirás el conurbano por la cabeza, yo te tiro los jueces; si me tirás un gobernador, me refugio en Córdoba. Ellos van a tener que ponerse de acuerdo con armas de destrucción, porque no hay ideología y no hay plata para repartir. Un equilibrio delicado.

Enrique Zuleta Puceiro: Será una tarea dificilísima. Las fuerzas son muy heterogéneas, tienen hasta rasgos antinómicos. Habrá que explicar muy bien cuál es la política de Fernández, cuáles son sus equipos, qué ocurre en Buenos Aires. La relación entre Cristina y Alberto es esencial, ella lo eligió para que se haga cargo, no quiere ser presidente ella, el éxito de Alberto es el de ella, y su fracaso sería uno tremendo de ella. En ese sentido estaría garantizada la sintonía, lo que no significa que esté garantizado el acuerdo total.


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