“Mala predisposición y mala atención de un comerciante”

Alfredo Fernández comenta su experiencia en un local de venta de artículos de construcción en Neuquén.

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Foto: archivo

La gente opina

A través de las presentes líneas deseo exponer una desagradable situación en la que nos vimos involucrados con mi pareja el miércoles 4 de noviembre cuando concurrimos a realizar una compra en un local comercial dedicado a la venta de pinturas, materiales de construcción y maderas, ubicado en pleno sector industrial de la ciudad.

Nos hicimos cita en dicho establecimiento interesados en adquirir pintura para nuestra vivienda, y una vez decididos en colores y estilos comenzamos la gestión para efectuar la compra atendidos por su propietario. Hasta ahí todo bien porque el comerciante comenzó a cargar la operación en su sistema y, ya avanzado, le indicamos que queríamos abonar con tarjeta de crédito. De inmediato nos aplicó un interés en un solo pago –pese a que el banco emisor del plástico difunde compras hasta en tres cuotas sin recargo– sin informar sobre las condiciones que estipula para las compras con tarjeta de crédito. Ya la situación se tornó tediosa y la actitud del comerciante comenzó a ser diferente, porque lo que parecía ser una simple gestión se transformó en una molestia para el propietario.

Su postura dejó de ser la misma con la que nos había recibido. Atendía su celular mientras intentaba cargar nuestra compra. Sus modales, a la banquina.

Lo peor fue cuando le volvimos a reiterar que deseábamos financiar la compra en dos cuotas, y ahí estalló al responder que ya había cargado todo en un solo pago, y replicó: “Yo no financio en cuotas”, hasta con sorna, y por momentos de manera soberbia.

De inmediato le respondimos: “Entonces hacés lo que vos querés, y no consultás al cliente cómo desea pagar”, y es raro “porque recibimos financiación con la misma modalidad de pago de parte de tus empleados con otras compras hechas oportunamente”. Esto no pareció gustarle, porque de inmediato decidió disolver –eso creemos– la operatoria en su sistema y nos entregó la tarjeta, no sin antes decirnos: “Dejá, dejá. Tomá y andate”. Esas fueron sus palabras finales. Para nuestra sorpresa debimos dejar el local totalmente disgustados.

Luego al reflexionar consideramos que teníamos que dar a conocer esto, porque nos parecieron injustos los modos que se utilizaron.

Podíamos hasta comprender que hubo un mal día para el comerciante, todos podemos llegar a tenerlo, pero aquí se empleó mala predisposición y falta de atención, desde no consultar las formas de pago, atender su celular mientras cargaba nuestra compra y hasta interrumpirla para responder a las inquietudes de otro cliente.

Creemos que el derecho de uno termina cuando limita con el de otro (persona-sujeto). Aquí ocurrió todo lo contrario.

Desde el momento que ingresamos a la maderera lo hicimos dirigiéndonos con respeto, no así lo emprendió su dueño.

También somos comerciantes desde hace 50 años, siguiendo la tradición familiar, y hemos heredado principios que están por sobre cualquier causa.

Ambos provenimos de una familia de clase media, en donde nos han inculcado los valores del respeto, la educación y la solidaridad. Esto mismo nos ha valido el reconocimiento de nuestra comunidad por interesarse en nuestros servicios y en lo que ofrecemos, y hemos respondido siempre con gratitud.

Para finalizar queremos aprovechar para recordar un refrán que repiten algunos antiguos comerciantes de la ciudad a los que somos todavía novatos en esta actividad: “No es lo mismo ser expendedor que vendedor”. Una gran verdad.

Alfredo Fernández

DNI 23.380.493

San Antonio Oeste

N de la R: este diario se reserva el nombre del comercio citado en la carta, que está a disposición de las autoridades que lo requieran.


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