Malo, pero sin reemplazantes



El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, pierde apoyo en Washington y es desafiado en Bagdad, pero hasta sus enemigos admiten que su margen de maniobra es limitado y que será difícil hallar a un sucesor viable.

Casi todos los analistas coinciden en que terminar con el baño de sangre en Irak y lograr un final exitoso para la operación militar de Estados Unidos en el país dependen de los intentos de los líderes iraquíes de reconciliar a las comunidades en guerra. Casi todos también coinciden en que la coalición gobernante de Maliki --formada hace un año con miembros de las facciones chiítas, sunitas y kurdas amargamente enfrentadas- ha sido una profunda decepción, incluso para sus simpatizantes iraquíes.

En Irak, se acusa al primer ministro chiíta de favorecer a su propia comunidad y a sus milicias ilegales. Sin tener en cuenta el terror cotidiano de la violencia, los iraquíes se enfrentan con un duro verano en medio de un corte masivo de servicios como la electricidad y el agua potable. No obstante, la población iraquí rechaza que las decisiones sean tomadas en Washington, y la mayoría argumenta que Maliki ha tenido poco margen de maniobra . Y en todo caso, si tuviera que irse, ¿quién podría hacer mejor el trabajo? Los tres hombres más citados son el ex jefe de gobierno Iyad Allawi, el rival de Maliki para el liderazgo del partido Dawa Ibrahim Jaafari y el vicepresidente Adel Abdel Mehdi, un chiíta islamista moderado. ¿Podría alguno de ellos hacer mejor el trabajo? No si les dejan en las mismas condiciones que a Maliki. "Hoy no se puede designar a ministros por eficientes, sólo aquellos elegidos en base a su secta", dijo un experto.


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