“Malvinas, el mar, las ballenas... el descontrol total”

Cuando uno escucha que desde el gobierno central se sigue protestando por el tema Malvinas en todos los foros internacionales quisiera entender que esas acciones vienen de la mano de otras que continentalmente nuestro país podría llevar a cabo. El control de nuestra plataforma marítima debería ser algo normal, algo que no debería siquiera discutirse, más allá de los cambios en las tecnologías y la modernización del rastreo y control de nuestros mares, así como de nuestras fronteras. La soberanía de un país no sólo se reclama sino que hay que hacerla sentir en los hechos, de lo contrario sólo quedan las huecas palabras de funcionarios que están circunstancialmente allí, en el preciso lugar donde hay que tomar las verdaderas decisiones que demuestren que uno quiere ser soberano y que además defiende y controla su territorio, por lo cual las palabras se transforman en acciones concretas. Uno de los tantos hechos que los patagónicos estamos conociendo es el comportamiento de miles de gaviotas que dañan a la ballena franca austral, cosa que parece incrementarse año tras año. Es que la gaviota, el pingüino y el albatros se están multiplicando de forma alarmante en Punta Tombo y a lo largo de todo el golfo de San Jorge, en las provincias de Chubut y Santa Cruz. El ser humano se instala donde hay trabajo y puede conseguir su sustento diario, su comida; los animales también lo hacen, y es por eso que han elegido estas costas, porque consiguen alimento en cantidades y ese alimento proviene del descarte de aproximadamente 100 buques pesqueros y fresqueros que transitan libremente por nuestra plataforma continental. Y digo “libremente” ya que el control al que estos buques son sometidos es muy pobre o muchas veces nulo, ya que se ha retirado a los controladores argentinos que debían ir en esos barcos y se los ha cambiado por “observadores” con muy poco poder de policía. Reclamamos las Malvinas, cosa que definitivamente comparto, pero a su vez no podemos, o no queremos, controlar a los pesqueros que depredan en nuestras costas. Éstos vienen en busca del langostino (por su valor) y en sus redes traen miles de peces de otras especies que llegan casi muertos a cubierta y que son arrojados de nuevo al agua. Allí encontramos merluzas, cazones, abadejos, rayas y salmones. Se calcula que se arrojan 10.000 kilos por día por barco, lo que multiplicado por 100 nos da un millón de kilos de pescado que diariamente son desechados al mar. Esto es lo que provoca que en Punta Tombo y en casi toda la costa de Chubut y Santa Cruz se haya acrecentado de forma desproporcionada la cantidad de aves que ahora lastiman a las ballenas. Esto, ecológicamente hablando, es un desastre ambiental provocado por el hombre y que el mismo hombre podría reparar. Si usted quiere analizar comercialmente este tema, entonces podrá coincidir en que aun haciendo la vista gorda (los funcionarios del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, el SOMU, etcétera) se podría recuperar el pescado que se tira y darlo a nuestros niños para incorporar a su dieta fósforo con todo lo que ello significa para el desarrollo de los mismos, lo que además restringiría el alimento para los miles de aves que anidaron en nuestras costas. Así se podría balancear esta inmigración que de natural no tiene nada. Y si se quiere ser un poco más drástico, cuidar el medioambiente y evitar la depredación, se pueden adoptar las mismas medidas que los gobiernos europeos y no dar más estos permisos a estas embarcaciones con redes que cubren kilómetros de extensión y sólo librar permisos de captura que eviten llegar a esta matanza indiscriminada, todo ello por supuesto con un férreo control por parte del Estado, cosa que hoy no ocurre. Usted, yo, su vecino y mi vecino somos muy mal pensados y creemos que detrás de estos “no controles” se esconden millonarios negociados donde cada uno recibe su parte y para taparnos la boca seguramente algún funcionario hará algo… o seguiremos el viejo dicho de la mafia: “Di cuesta cosa non se parla”. Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche

Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche


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