Marcela Roggeri transmitió el espíritu de Chopin

La pianista Marcela Roggeri ofreció un concierto dedicado a Chopin transmitiendo con sus interpretaciones la ternura, melancolía y angustia que el músico polaco imprimió a su obra. Los mismos sentimientos que sintió este polaco provocados por su patriotismo hacia su país en el obligado exilio. Baladas, nocturnos y estudios integraron el programa ejecutado con técnica impecable por la pianista, a pesar de las deficiencias técnicas del piano. m

Por Redacción

SAN CARLOS DE BARILO-CHE .- Ya lo había anticipado Abel López Iturbe al anunciar la presencia de la pianista sobre el escenario. Podía ser que el estado del piano determinara que Marcela Roggeri debiera cambiar el orden del programa, lo que efectivamente sucedió.

Sin embargo, logró que las deficiencias técnicas del instrumento fueran percibidas sólo por los entendidos. El mismo director musical de la Semana Musical Llao Llao se encargó de aclarar que la cantidad de dinero necesaria para adquirir un piano e importarlo es privativa.

La noche estuvo dedicada a homenajear a Frederic Chopin, quien nació el 23 de febrero de 1810 y murió el 17 de octubre de 1849, a través de nocturnos, estudios y baladas.

Marcela Roggeri inició sus estudios de piano en 1974 a los 12 años con Ana de Gelber y más tarde con Bruno Gelber de quien fue su única discípula. Con las manos agotadas por el esfuerzo al tratar de «corregir los defectos de este piano un poco viejo» dijo haber intentado durante el concierto del martes «sacar la mejor calidad de sonido posible». Y lo logró. En varias oportunidades los asistentes pudieron observar la disposición a salvar el obstáculo reflejada en el rostro de la joven.

Su contacto con Chopin ante el público fue iniciado en 1977 cuando tocó algunas de sus obras y de Franz Liszt en una clase abierta dictada por el maestro Gelber en el Centro de Estudios Pianísticos de Buenos Aires.

Momentos después de finalizado el concierto, el contacto con el público continuó en el pasillo del hotel Llao Llao donde recibió felicitaciones y firmó autógrafos. Un hecho inusual en la Semana Musical.

«Estoy muy feliz porque el público fue tan cariñoso conmigo. Bariloche fue uno de los lugares donde toqué cuando me iniciaba y siempre me quedó un recuerdo muy agradable. Volver es emocionante».

Autodefiniéndose porteña «desde el alma», señaló que aunque hace mucho que se fue del país (residió en Singapur, París y Mónaco y desde hace tres años en Londres), «cuando llego me siento como en casa y lo mismo me ocurre allá. No siento mucho la nostalgia pero me siento profundamente porteña».

Su hermano Alfredo también es músico. Durante años fue tecladista de Charly García. Actualmente reside en Miami donde es productor artístico de grupos latinos y tiene su propio grupo. «Me abrió un panorama distinto, logré un acercamiento hacia otro tipo de música que me ayudó mucho para tener cierta desenvoltura en la actitud, que muchas veces los músicos de clásico no tienen, de acercamiento al público, de menos formalidad», consideró.

En un festival que tuvo lugar en Canes participó de un homenaje a Astor Piazzolla y acaba de grabar un disco de Alan Koplan, compositor americano muy inspirado en raíces latinoamericanas, incluyendo el jazz, género que escoge con frecuencia. «Me gusta cambiar esta idea de que las músicas son distintas. Cuando están bien hechas se unen y el público responde; sea clásico, jazz, rock o tango».

Entre el público que asistió al concierto estaban los padres de la pianista, Fulvia y Jorge. «Quería aprovechar el entorno de este festival para que me acompañaran y vivieran un poco lo que para ellos es virtual porque la nena está lejos y da conciertos afuera, cosa que no pueden constatar. De esta manera pueden ver lo que les cuento».

Del pianista, definió, «es una disciplina muy estricta, una suerte de larga práctica que no conoce vacaciones ni domingos ni feriados cuando se lo ama y se desea la perfección, por eso hay que dedicarse totalmente a él. Un buen pianista es el que es dueño de un mecanismo sin fisuras que se apoya en una correcta producción de sonido y que aborda cada obra con soltura y seguridad, con buena articulación y fluido fraseo».

El arte como algo cotidiano

Marcela acaba de participar de un festival en Francia donde prevalece la idea de ofrecer conciertos diferente todos los días. «Incluso uno a la tarde y otro a la noche donde se mezclan todos los tipos de música.

Hay que tender a ver el arte como algo cotidiano, la música como algo que no es acartonado sino que tiene un acceso mucho más fácil y la gente responde. Tenemos que hacer eso, sobre todo con la música clásica, porque si no la competencia… Los video clip, el rock y toda la infraestructura que hay para toda esta música nos sobrepasa ampliamente», apreció.

De sus maestros, Ana de Gelber y el pianista Bruno Gelber, dice que «eran exigentes como con ellos mismos. Cuando uno es chico y mimado en su casa no entiende cómo de golpe aparece un señor muy drástico y muy duro y la reacción es normal. Pero hoy en día estoy agradecida por esas lágrimas».

La programación de esta séptima Semana Musical continúa con la presentación hoy jueves desde las 21.30 en la Iglesia Catedral «Nuestra Señora del Nahuel Huapi» del Coro de Niños y Jóvenes Cantores de Bariloche y la Camerata Nativitalis bajo la dirección de Andrés Jan. Ofrecerán el Requiem solemne in C de Michael Haydn (1737-1806).

De la Camerata participan tres integrantes de la banda «Teodor Sifuente» de la Escuela Militar de Montaña.

Ellos son Marcelo Pinnola, Marcelo Garay (trompetas) y Pedro Delgado (timbales). Los demás integrantes son Antonieta Cárcamo, Ada Ghilarducci, Angélica Hidalgo, Jeannette Larochette, Rodolfo Lehnebach, Lilen Reising, Pedro Zanca (violines), Rodolfo Fernández (violoncelo), Pope González (contrabajo), Robin Wesley, Mariano Cañón (oboes) y Norma Cordi (órgano).