Marche un presupuesto



Un día del otoño del '85 Ronald Reagan invitó a almorzar al joven David Stockman.

Menú parco: sopa de alubias, jamón y dos coquetas tajadas de puzzle de manzanas y agua mineral probada por el Servicio Secreto.

Reagan dejó pasar la sopa. Con el jamón, habló.

-David, te tenés que ir -dijo.

-¿Por qué, señor presidente?

-Porque en materia de Presupuesto querés saber mucho -fue en síntesis la respuesta del mandatario.

Y Stockman dejó la Dirección de la Oficina de Presupuesto de los Estados Unidos. Un sitio de máxima expresión de poder dentro del esquema institucional norteamericano. Y un dato: tiene menos empleados y funcionarios que la Legislatura rionegrina: 600.

¿Cuál era la razón para que echaran a Stockman?

Las explicó en un formidable libro: “El triunfo de la política”. En síntesis, su derrota se debió a que pidió explicaciones sobre las políticas que sustentaban año a año el incremento de partidas presupuestarias.

-Teníamos presupuestos cada vez más gordos, pero flacas explicaciones sobre las políticas que justificaban ese gasto -recuerda Stockman.

Y entonces, cuando Stockman comenzó a preguntar el porqué de esa ausencia, juntó rencores a lo largo de toda la compleja trama del gobierno federal.

Lejos de comparar, el “episodio Stockman” (así lo definieron sus adversarios) viene a cuento del recientemente aprobado Presupuesto de Río Negro.

El gobierno inyectó a esa previsión de gastos 300 millones de pesos más en relación con el año anterior. Pero se desconocen las políticas que justifican no sólo el incremento. Incluso se informó recién sobre el debate de cómo estaba discriminado el gasto.

Asisten razones a la oposición legislativa cuando dice que el actual Presupuesto “es, desde sus contenidos, más de lo mismo”, pero con más plata.

Y está claro que hablar de “más de lo mismo” es hablar del inmenso déficit de políticas que tienen las sucesivas gestiones radicales. Situación sincerada incluso desde dos hombres del oficialismo.

Uno: el diputado Oscar Machado. Es un veterano en los artilugios sobre los cuales el radicalismo forjó su poder. Un hombre que no se genera ninguna tensión ética a la hora de optar sobre cómo acumular poder para el partido y el gobierno.

El otro, el ministro de Salud Pública, Francisco Buzzo. En la trama del oficialismo funge desde la sinceridad. Una conducta ajena a un sistema de poder construido con mucho de prepotencia, medias palabras, obsecuencias y decisiones oscuras.

-No nos engañemos… Este presupuesto es igual que el anterior, pero con más guita – sentenció Machado el lunes en plenario de comisiones legislativas.

-La provincia no tiene todavía una idea hacia dónde tenemos que ir en salud o qué salud necesitan los rionegrinos. Hay qu tener en claro qué se quiere y cómo encararlo -dijo Buzzo.

Buzzo fue sincero. Pero en esa sinceridad se filtra la confesión de su propia irresponsabilidad. Porque a cuatro meses de ser ministro de Salud, es el primer responsable de la carencia que denuncia.

Lo cierto es que el gobierno ya tiene el Presupuesto. Lo logró mediante la abrumadora mayoría parlamentaria que tiene.

Un poder con amplio espacio para definir política con calidad.

Pero ahora el radicalismo y el gobierno operaron desde otra cultura: la de la mezquindad y la pequeñez.

Porque en el camino hacia la aprobación procedieron ajenos a grandeza de criterios y conductas. Una disposición que debió tornársele indispensable ante la cruda hora que vive la política de cara a la sociedad.

Sólo desde la carencia de esa disposición se explica que el oficialismo le restringiera a la oposición información sobre el Presupuesto.

Recién el lunes la oposición pudo hacerse del desagregado del Presupuesto. Y fue un hacerse a medias porque había una sola copia que, paradójicamente, estaba en manos del bloque radical.

-No pudimos hacer más copias porque se nos acabaron las hojas para la fotocopiadora… Mañana las hacemos y se las entregamos -dijo el presidente del bloque oficialista Bautista Mendioroz. Y lo dijo sin ruborizarse de haber apelado a tan pueril argumento.

Para ese lunes, más de media docena de diputados de la oposición llevaban dos semanas reclamando información sobre el Presupuesto. El Ejecutivo no la entregaba en esa dirección, pero sí la suministraba a la bancada oficial.

Mucha neblina que pesa sobre el contenido del Presupuesto. Tanta que en el plenario de comisiones del lunes todo el elenco de Hacienda fue convocado desde la Legislatura. Y tuvo que correrse rápidamente para ayudar a los diputados del oficialismo a defender el proyecto ante la oposición.

Pero el voluntario desmanejo que del trámite Presupuesto hizo el oficialismo dejó huellas. Por primera vez en años estableció unidad de conducta en la oposición para rechazar el proyecto con fundamento.

No es poco en una Legislatura donde el peronismo -en tanto primera minoría a lo largo de toda la transición- siempre tuvo una lonja de bancas muy sensibles a dejarse endulzar por los intereses del radicalismo.

Pero tampoco ahora fue fácil para el peronismo cohesionarse en un solo criterio.

A pocas horas del debate legislativo había diputados dispuestos a aprobar el Presupuesto. Pivoteaban en consonancia con intereses concretos. Sitios de poder institucional con gravitación para el justicialismo: las comunas de Roca, Cinco Saltos y Villa Regina. Tres espacios que procuran preservarse la decisión de cuándo y cómo colisionar con el gobierno central.

Ahora no querían colisión con la administración Saiz en el tema presupuesto. Pero tuvieron que encolumnarse.

Administración Saiz que de golpe concede el descongelamiento de la antigüedad a los docentes. Y descomprime el conflicto con la Unter. Pero decisión que alienta interrogantes. ¿No pudo hacerlo antes y evitar así un paro y el dime y direte de la negociación posterior? Si todo fue una prueba de fuerza, ¿cuánto de “natural” tiene una conducta así? ¿Cuánto de estéril hubo en todo ese proceso?

¿O será que sigue vigente lo que Carlos Pellegrini definía como una de las características más graves de la política argentina: “lo abrumadoramente estéril de muchas de sus decisiones”?

 

 

Carlos Torrengo

ctorrengo@rionegro.com.ar


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