Marcos Acuña, el zapalino que ilusiona a Racing

El joven cumplió el sueño de su vida: llegó a un grande como Racing luego de transitar un camino lleno de obstáculos.



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Sacrificio y humildad

La historia de Marcos Acuña es atractiva por donde se la mire. El talentoso volante transitó un camino difícil para llegar a cumplir el sueño de vestir la camiseta de un grande como Racing en la máxima categoría del fútbol argentino.

De familia humilde, se crió pateando la redonda, enfrentando al viento y gambeteando las malas compañías en las calles de piedras de las 70 viviendas de Zapala, justo atrás de la cancha de Don Bosco.

Su llegada a la Capital Federal se hizo esperar y los primeros meses allí fueron los peores. Luego de intentar ingresar a River, Boca, Argentinos, San Lorenzo, Quilmes y Tigre, con 17 años, Ferro fue su última oportunidad. Y no la desaprovechó.

El Verde lo aceptó pero en la pensión no había más lugar. “Gabriel (Rouret), Daniel (Mellado) y Claudio (Joselovsky) fueron muy importantes, a ellos les debo mucho”, largó el Huevito haciendo referencia a tres integrantes de la liga infantil de la cual surgió y que se hicieron cargo de los gastos en su primer año en Buenos Aires.

“Cuando me vine me asaltaron tres veces, la llamé a mi mamá llorando porque quería volverme. Ella y Gabriel me calmaron y me convencieron para que no le afloje”, contó el papá de una bella nena de tres meses que tendrá de padrino a Gabriel Rouret, el DT de inferiores en Don Bosco con el que mantiene una gran relación. El ex número 10 de Ferro Carril Oeste atiende la llamada de “Río Negro” en su casa de Caballito.

Recién llega de cumplir su primer entrenamiento en Racing y se lo nota cansado por tanta exposición. El Huevito es un jugador de esos que disfrutan cuando están dentro del rectángulo y se siente incómodo con las fotos y los micrófonos. Acuña habla con el balón pegado a su zurda, ahí es cuando mejor se expresa.

“Hoy ( por el sábado) fue mi primer entrenamiento en Racing, estaba tranquilo. Sabía que había que esperar, tener paciencia... si no te volvés loco”, afirmó sobre la novela que se escribió entorno a su llegada a la Academia. Ferro está en quiebra y un juzgado maneja al club, por lo que su pase se demoró más de la cuenta. Y eso lo mantuvo en vilo durante algún tiempo.

“Cada vez que voy a Buenos Aires nos juntamos a cenar con él y con otros chicos más que estudian allá, todos compañeros en las inferiores del barrio”, cuenta emocionado Rouret, que luego frena en su relato, toma aire y arranca otra vez: “Él nunca perdió la humildad, es el mismo pibe al que vi hacer un gol de chilena hace más de 10 años en la canchita de ripio de la cementera”.

Acuña está en Racing. El pibe es un talentoso que llegó a base de sacrificio.

Sergio Arregui


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