María G. Mayer: de “estorbo” a Premio Nobel

Especializada en Física Nuclear, explicó teóricamente la estructura del núcleo atómico.



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María Goeppert-Mayer y Joseph Mayer, en una foto de su juventud.

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María, en compañía del rey de Suecia, durante la ceremonia del Premio Nobel.

Es muy probable que nunca haya oído hablar de María Goeppert-Mayer. No es un nombre famoso, salvo entre físicos nucleares e historiadores de la ciencia. Sin embargo, es una de las pocas mujeres que han ganado un Premio Nobel en física, por su trabajo teórico en física nuclear. Además de su inteligencia, era dueña de una paciencia y ecuanimidad notables, que le permitieron combinar tanto la crianza de los hijos como la investigación de primer nivel en condiciones no siempre fáciles. La vida de María Goeppert no tiene facetas heroicas, pero ilustra las dificultades que han tenido que vencer las mujeres para abrirse camino en el mundo mayoritariamente masculino de la investigación en Física. María Goeppert nació en Alemania en 1906, tres años después que Marie Curie, uno de los primeros premios Nobel de Física. Las mujeres empezaban a hacer ciencia, pero no era fácil. María tuvo a su favor el apoyo de su padre, Herr Doktor Professor Goeppert, del departamento de Pediatría en la Universidad de Goettingen. En la década de 1920 esta Universidad se destacaba en ciencias. En matemáticas estaban Hilbert, Courant y Klein, todos nombres famosos y si hubiera un Nobel para su campo lo hubieran ganado. Estos matemáticos además tenían gran interés por la física e impulsaron la contratación de buenos físicos, entre ellos James Frank, Nobel de física de 1925 y Max Born, que iba a ganarlo en 1954. María fue estimulada por su padre, según sus propias palabras, para ser “algo más que una ama de casa” aunque no siguió pediatría como el padre sino que empezó matemáticas. Cambió su orientación porque prefirió resolver los problemas físicos, planteados por la naturaleza en vez de los matemáticos, creados por hombres. Eligió a Max Born como director, que era físico teórico pero con gran vocación matemática. Por esos años Max Born estaba participando a pleno del trabajo fundacional de una revolución científica, la Mecánica Cuántica. María llegó cuando la revolución estaba casi completa, pero había mucho trabajo nuevo para hacer. Así se familiarizó desde un principio con la nueva teoría que se estaba creando. Al terminar su tesis, se casó con un joven norteamericano, Joseph Mayer, que había ido a hacer un posgrado en Goettingen. Esto era común, porque las Universidades alemanas en general, y Goettingen en particular eran consideradas superiores a las americanas en muchos aspectos. El matrimonio se trasladó a Estados Unidos en 1930, pero la situación de empleo era difícil, por la crisis de 1929. Además existía una llamada “regla antinepotismo” que impedía contratar a familiares de profesores en las Universidades. María, como esposa de un profesor, tuvo que conformarse con trabajos de tiempo parcial y ad honórem por muchos años. Viajó varios veranos a Goettingen, trabajando con su mentor, Max Born hasta que en 1933 Hitler llegó al poder. Born fue forzado a exiliarse en Escocia y tuvieron que huir muchos de sus colegas. Gran parte fue a los Estados Unidos y María y Joseph reanudaron sus lazos con algunos. María fue abarcando diferentes temas en su trabajo. A veces colaboró con su esposo, que apoyaba su dedicación a la ciencia y escribieron un libro de texto juntos. Pero siempre tuvo que trabajar sin sueldo y a tiempo parcial. A la vez se ocupaba de las tareas del hogar y la crianza de los dos hijos del matrimonio. Cuando empezó la guerra, llegó a participar del Proyecto Manhattan, el programa secreto que construyó las primeras bombas atómicas. Se necesitaba desesperadamente personal calificado y la tomaron sin importar que fuera mujer, nacida en un país enemigo. Compensaba su indudable capacidad y su ciudadanía y esposo norteamericanos. Pero siempre trabajó a tiempo parcial y sin ser incluida entre los líderes del proyecto. La familia se mudó a Chicago en 1946 a poco de terminar la guerra. Con 40 años, María era una científica ya madura y había trabajado con físicos notables, afianzando su reputación. Uno de ellos era Enrico Fermi, conocido de María desde Goettingen y que había huido desde la Italia fascista en 1938. Como nativo italiano era ciudadano de otro país enemigo, pero Fermi se convirtió en uno de los líderes del Proyecto Manhattan por su experiencia en física nuclear. En ese campo había ganado el Premio Nobel de 1938 y emigró directamente de Suecia después de recibirlo, tanto por su aversión a Mussolini como porque su esposa era judía. En Chicago María Goeppert, por influencia de Fermi, empezó a estudiar física nuclear por primera vez. La Universidad de Chicago congregaba un grupo excepcional de físicos y el ambiente era muy estimulante. Como comentó un poco ácidamente María en su conferencia Nobel, fue la primera vez que se sintió valorada profesionalmente y no considerada un estorbo. En ese lugar realizó el trabajo que le valió el premio. María elaboró una teoría sobre la estructura del núcleo con sus conocimientos de Mecánica Cuántica y los datos recientes sobre los núcleos atómicos, datos obtenidos como subproductos del Proyecto Manhattan. Los átomos están formados por electrones que circulan alrededor de un núcleo central. Este es unas diez mil veces más chico que el átomo, pero no es un objeto único. A su vez está compuesto por neutrones y protones, partículas subatómicas que se atraen entre sí y forman un aglomerado. Un núcleo de helio tiene dos neutrones y dos protones, y uno de calcio 20 protones y 20 neutrones. Estos dos ejemplos son particularmente estables y por eso el helio es muy abundante en las estrellas y muchas rocas terrestres son compuestos con calcio. María Mayer y otros percibieron que para algunos números de protones y neutrones los núcleos parecían ser más estables que otros y los llamaron “números mágicos”. Los números 2 y 20 son mágicos y por eso helio y calcio son un poco más estables que otros elementos. María estaba ponderando el problema de la estabilidad de los núcleos y en una discusión con Fermi éste le preguntó si había considerado la interacción spin órbita. Este concepto un poco abstruso es fundamental en el comportamiento de los electrones de los átomos y María vio inmediatamente cómo podía ser relevante en su problema del núcleo. En ese instante planteó el primer esbozo de una explicación teórica. Según el relato de Joseph Mayer, Fermi tuvo que salir de la habitación por diez minutos y cuando volvió María le quiso contar cómo había resuelto todo, pero estaba tan entusiasmada y hablaba tan rápido que Fermi le pidió que se lo contara más despacio al otro día. Con la explicación, los números dejaron de ser mágicos, pero así lo prefieren los físicos. Además la teoría permitía calcular y explicar otras propiedades de los núcleos atómicos, por eso el comité Nobel le otorgó el premio de 1962 a María Goeppert Mayer. Pero no lo ganó ella sola. Se había dado un caso de descubrimiento simultáneo y Hans D. Jensen en Alemania había resuelto el mismo problema. Los dos investigadores no se conocían, pero colaboraron después del descubrimiento en un libro sobre el tema y compartieron el premio siendo ya amigos. A María no le importaba compartir la gloria. Dijo siempre que la emoción de ganar el premio había sido mucho menor que el sentimiento de alegría en el momento de hacer el descubrimiento. Los Mayer se mudaron de Chicago a California en 1960, dos años antes del Nobel, pero ya para ese entonces el prestigio de María era suficiente como para obtener su primer trabajo pago como profesora. Lamentablemente sufrió un infarto en 1968, y murió a la edad relativamente temprana de 64 años en 1970. No pudo disfrutar de muchos años de reconocimiento público, pero eso parece que no le importaba tanto. Había conseguido hacer ciencia, que era lo que quería, a pesar de un sistema burocrático poco permeable a las necesidades de una mujer de su vocación. Sus colegas más capaces, como Fermi, la respetaban como un igual y ya no existía la prohibición directa de que las mujeres participaran del ambiente laboral, pero tuvo que enfrentar barreras más sutiles y las venció. Tuvo el apoyo de algunas personas cercanas, padre, esposo, colegas, y estuvo en el lugar indicado, Goettingen o Chicago, en momentos clave. Pero llegó al Nobel principalmente por su propia capacidad, constancia y dedicación. (*) Doctor en Física. Trabaja en el Centro Atómico Bariloche y es profesor en el Instituto Balseiro

javier luzuriaga (*)


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