Marte, esa roja debilidad de los humanos

En tres días, Europa y Rusia tienen prevista la llegada del módulo Schiaparelli para buscar rastros de vida en el planeta al que EE. UU. piensa mandar los primeros habitantes en el 2030.



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La tensión aumenta cada kilómetro que la sonda de la ESA y Roscosmos se acerca a Marte.

La Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos tienen previsto aterrizar por primera vez de forma conjunta en el Planeta Rojo con el módulo de pruebas “Schiaparelli”, que se posará en la superficie marciana el 19 de octubre.

El centro de control instruirá una sonda espacial a unos 175 millones de kilómetros de la Tierra para que suelte y haga posar un módulo explorador, del tamaño de una piscina inflable, sobre la árida y fría superficie de Marte.

“Todo debe funcionar con una precisión de milisegundos”, explica el ingeniero argentino Jorge Vago, uno de los responsables del ambicioso proyecto. “Y nuestras posibilidades de influir son cero”, añade. Los datos de la sonda necesitan diez minutos para llegar de Marte a la Tierra y la maniobra de aterrizaje la controla una computadora. Así que para cuando el centro de control recibiese información sobre hipotéticos problemas, “Schiaparelli” ya sería basura espacial sobre la superficie de Marte.

“Por eso cuando los estadounidenses se refieren a esa maniobra hablan de los ‘siete minutos de horror’”, cuenta Vago. “En nuestro caso son seis minutos”, el tiempo programado para la secuencia de aterrizaje. “Nuestras simulaciones nos dan unas posibilidades de éxito de casi el 98 por ciento”, añade confiado el ingeniero argentino.

Los expertos de la ESA y Roscosmos se juegan mucho con esta maniobra. No sólo sería el primer aterrizaje conjunto en Marte en la historia de ambas agencias, sino que serviría para impulsar la financiación del proyecto.

Programado para llegar el 19 de octubre, el objetivo de este módulo de corta vida es permitir la preparación de otro módulo de exploración que investigará en Marte eventuales rastros de vida extraterrestre.

Bautizado Schiaparelli, el módulo de 600 kilos se separará de la nave madre, la Trace Gas Orbiter (TGO), tras un periplo de siete meses y 496 millones de kilómetros desde la Tierra.

El módulo y su nave madre, que se colocará en órbita alrededor de Marte para captar olores en su atmósfera a la búsqueda de gases generados por organismos vivos, constituyen una primera etapa del proyecto rusoeuropeo ExoMars.

La segunda, que se lanzará en 2020 tras dos años de aplazamiento, será el robot de exploración ExoMars rover, para el cual Schiaparelli servirá de ensayo de aterrizaje.

Menos de la mitad de los intentos de las agencias espaciales de Estados Unidos, Rusia y Europa para aterrizar y operar un módulo en la superficie terrestre han tenido éxito desde los años 1960.

La última vez que Europa lo intentó, el módulo de fabricación británica Beagle 2 desapareció sin dejar rastros tras separarse de la nave madre Mars Express, en diciembre de 2003.

Sólo Estados Unidos logró operar un explorador en la superficie de Marte.

La búsqueda de vida en Marte, un tema que estimula la imaginación de la humanidad desde hace mucho tiempo, es una tarea compleja, dado el bombardeo de la superficie por rayos ultravioletas y cósmicos.

Los científicos piensan que los rastros de metano en la delgada atmósfera de Marte pueden ser un indicio de que algo está sucediendo a nivel subterráneo.

El metano no sobrevive demasiado tiempo a la acción de los rayos ultravioletas solares, explicó McCaughrean. “Y por esa razón, para que exista en la atmósfera marciana, tiene que venir de algún lado. Algo está produciendo metano”, concluyó.

Una posibilidad son los volcanes subterráneos. La otra son microbios unicelulares denominados metanógenos, que en la Tierra existen en lugares sin oxígeno como el estómago de los animales, donde convierten el dióxido de carbono en metano.

Para sumarle puntos a ese planeta lejano, el martes de la semana pasada, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ratificó a tres meses de abandonar su cargo, el objetivo de que el hombre pueda pisar el planeta Marte en 14 años.

“Hemos establecido una meta vital para el siguiente capítulo de la historia de Estados Unidos en el espacio: enviar humanos a Marte en 2030 y regresar a salvo a la Tierra. Estamos trabajando con nuestros socios comerciales para construir nuevos hábitats que puedan sostener astronautas en misiones de larga duración en el espacio profundo, que nos enseñarán cómo pueden los seres humanos vivir lejos de la Tierra”, aseguró Obama.

Marte, esa roja debilidad, quizás esté más cerca de lo que creemos.

“Todo debe funcionar con una precisión de milisegundos. Y nuestras posibilidades de influir son cero”,

Jorge Vago, ingeniero argentino y uno de los responsables del proyecto.

Algunas de las misiones marcianas

Mariner 4: en 1965, la sonda sobrevoló por primera vez Marte.

Viking 1 y 2: en 1975, sin éxito buscaron microorganismos.

Pathfinder: aterrizó en 1997. Fue el primer “rover” .

Opportunity: está activa desde el 2004 en el mismo lugar en el que aterrizará “Schiaparelli”.

Curiosity: es el mayor
robot enviado hasta el momento.

Datos

“Todo debe funcionar con una precisión de milisegundos. Y nuestras posibilidades de influir son cero”,

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