Más de 2,5 millones de pobres viven de su huerta
Cultivar los propios alimentos es una necesidad que va creciendo. En Río Negro ya son 42 mil las personas que tienen sus quintas. Se necesita muy poca tierra en el patio; las semillas las regalan.
Más de dos millones y medio de pobres en todo el país producen sus alimentos mediante una huerta familiar en la que, a través de un espacio reducido, obtienen hortalizas de hoja, raíces, frutos y legumbres, con las que se aseguran las vitaminas y minerales suficientes para una dieta sana.
La instalación de huertas familiares se transformó en un recurso indispensable para capear la crisis entre las familias más pobres, ya que según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) un 37 por ciento de la población urbana está por debajo de la línea de la pobreza y más de doce millones de personas no pueden comprar la canasta básica de alimentos.
El programa «Pro Huerta», que impulsa el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y otros emprendimientos de huertas comunitarias y escolares, sirven para orientar a las familias sin trabajo que quieren producir sus propios alimentos.
«Creado para familias sin recursos, el programa permite acceder a productos de huerta destinados a compensar una dieta con deficiencias de minerales y vitaminas, por la escasa alimentación», resaltó el ingeniero Juan José Zabalo, coordinador nacional de proyecto «Pro Huerta» del INTA.
Esa institución, que ya instaló 420 mil huertas familiares en todo el país, de las que 60 mil tienen anexadas una pequeña granja, provee en forma gratuita la semilla, ofrece capacitación y un seguimiento de cada una de las huertas. Pero además varias sociedades de fomento en el conurbano bonaerense impulsaron huertas familiares y en zonas donde hay villas de emergencia o viviendas en monoblocks, se implementaron huertas comunitarias.
«Tomamos contacto con familias necesitadas a través de sociedades vecinales, centros de jubilados o parroquias -dijo Zabalo- nunca en forma individual, porque la idea es que el programa llegue a más personas con el menor costo burocrático».
El objetivo de esta iniciativa es que las huertas tengan producción anual, por lo que el INTA estima que con una superficie mínima necesaria de cien metros cuadrados (10 metros por 10 metros) se abastece una familia tipo de 4 ó 5 miembros. Y consideró que con una superficie menor para alcanzar resultados parecidos, se debería trabajar en forma escalonada.
Igual que nuestros abuelos
La huerta familiar que impulsa el INTA es de carácter orgánico y se basa en el principio de rotación, secuencia y asociación de plantas.
«La forma de trabajar la tierra está pensada para aprovechar mejor los esfuerzos -apuntó el coordinador- cada cultivo prepara las condiciones para el siguiente, las alternativa de maíz en verano y habas o arvejas en invierno aumenta la fertilidad».
Zabaló detalló que la «asociación del maíz con el poroto es necesaria porque el poroto provee el nitrógeno que necesita el maíz para su crecimiento, mientras que el zapallo se beneficia aprovechando la materia orgánica semidescompuesta que quedó acumulada de las producciones anteriores».
«Este programa -subrayó- imita los procesos de la naturaleza manteniendo el equilibrio entre los elementos vivos y muertos, en transformación y en descomposición. Apunta a la autosuficiencia, al valorizar el uso de los elementos disponibles y producir alimentos sanos, libres de tóxicos». A su juicio, «la gente comenzó a incorporar esta práctica que fue dejada de lado por años y que no es distinta a la utilizada por nuestros abuelos europeos cuando llegaron a la Argentina».
INTA promueve la creación de granjas y en los cursos de capacitación se enseña a armar un gallinero muy elemental, se explica el tipo de alimento y se les entrega en general de 8 a 10 pollitas para ponedoras, con lo que tendrán abastecimiento de huevos durante todo el año.
La tarea no está sólo a cargo de Pro-Huerta sino que también existe la colaboración de distintas instituciones, personas voluntarias, promotores y docentes, que totalizan 362 personas volcadas a difundir y colaborar en el desarrollo de las huertas.
El programa de huertas no sólo apunta a que cada familia logre sus propios productos alimentarios, sino que también, dentro de lo que es capacitación, se enseña las tareas de cuidado con productos orgánicos de las verduras, las diferentes formas de cocción, la conservación de las mismas a través del envasado, a lo que se anexa la capacitación en tareas de granja y de invernadero.
(AR, AVR y Telam)
El abc del proyecto
En los últimos diez años y a partir de la puesta en marcha del programa Pro-Huerta del Inta, muchas familias, principalmente de bajos recursos, lograron contar con una herramienta que les permite paliar la canasta familiar con productos orgánicos cultivados por ellos mismos.
* En Río Negro ya suman 42 mil personas las que cultivan en sus casas.
* El 54% de los jefes de familias beneficiados son desocupados, jubilados y mujeres a cargo de hogar. El resto son peones y empleados.
* Consiguen semillas gratis y capacitación permanente. Aprenden a hacer conservas.
* Todos los cultivos son orgánicos.
* El otoño también es una etapa ideal para iniciar el cultivo.
* La idea es que las familias complementen la alimentación a través de la autoproducción de alimentos en pequeña escala. Tiene tres puntos importantes: procurar una dieta balanceada, una mejor distribución del gasto familiar y aumentar la participación comunitaria en la solución de los problemas alimentarios.
* Se pretende también que la gente haga conservas y tenga alimentos todo el año. Esto implica una capacitación aparte.
* En muchos casos, según el municipio, se permite incluir granjas.
Claves que hay
que conocer
El punto de referencia para empezar a organizar la huerta familiar es cuando se terminan las heladas y el suelo empieza a templarse, cuando está por comenzar la primavera y la temperatura ambiente llega a los 18 grados.
De todos modos, otoño también es una estación donde puede empezarse una huerta. Para realizar el trabajo se necesitarán una pala de punta, un rastrillo, semillas y una regadera.
Para marcar el terreno, se usarán dos estacas, hilo y una vara o caña de 1,40 metros de largo.
Los pasos a seguir son:
– Marcar el terreno
– Siembra de primavera
– Cubrir con tierra ciertas plantas
– Cosecha de verano
– Preparar la tierra
– Siembra de otoño
– Cosecha de invierno
Tiempo antes de que finalicen las heladas, se debe preparar el terreno, sacar vidrios, cascotes y plásticos. Los yuyos de la primera carpida se amontonan a un costado y se marca todo el terreno a sembrar.
En la huerta orgánica familiar se siembra asociando los cultivos para un mejor aprovechamiento del espacio, que comprende poner plantas de crecimiento vertical (como el puerro) con otras de crecimiento horizontal (lechuga) o asociando aquellas de crecimiento rápido (rabanito, lechuga) con especies de crecimiento lento (zanahoria, repollo).
También, al utilizar intensivamente el suelo, éste se va cubriendo más y en consecuencia, las malezas tienen menos espacio para crecer.
Las plantas asociadas no compiten por nutrientes y extraen de distintos lugares: las verduras de hoja, cuyas raíces son más superficiales, extraen fundamentalmente nitrógeno, las de raíz, mas profundas, toman sobre todo potasio.
Dónde asesoran
* Fray Luis Beltrán 206, Villa Regina. Tel. 02941- 461127
* Estación Experimental Alto Valle: Mario González, Gladis Huesa.
Ruta 22 Km 1.182, Guerrico. Tel. 02941- 453501/2
* Miguel Sheridan y Liliana Aliaga.
Av. Roca 766, Cipolletti. Tel. 0299- 4775549
* En Viedma, Teresa Doñate.
Tel. 02920-420919 (a este número se puede requerir información con los referentes de Sierra Grande y Conesa)
* Juan Kiessling.
Paraje Villa Verde, Bariloche. Tel. 02944-422731
* Sergio Terradillos
Marmol y Nueve De Julio, El Bolsón.
Tel: 02944-492422
* Philip Kranz
Av. Roca y Soler, Jacobacci
Tel: 02940-432288
* Coordinador provincial: Edgardo Fernández.
Más de dos millones y medio de pobres en todo el país producen sus alimentos mediante una huerta familiar en la que, a través de un espacio reducido, obtienen hortalizas de hoja, raíces, frutos y legumbres, con las que se aseguran las vitaminas y minerales suficientes para una dieta sana.
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