Mata Hari, víctima de los hombres

Aseguran que fue objeto de una maquinación



La mítica Mata Hari fue víctima de una maquinación, según un libro que se puso a la venta en Francia y que sirve de base a la demanda de revisión de su condena a muerte hace 84 años por espionaje a favor de los alemanes.

La demanda fue presentada ante el Ministerio francés de Justicia por la Fundación Mata Hari y la ciudad holandesa de Leeuwarden, donde nació en 1876 con el nombre de Margaretha Geertruida Zelle. El objetivo es rehabilitar la memoria de esta bailarina que escandalizó al París de comienzos del pasado siglo y que terminó a los 40 años frente a un pelotón de fusilamiento en el fuerte de Vincennes, a la puertas de la capital francesa. Mata Hari, que se vanagloriaba de saber manipular a los hombres, ¿habría sido, a su vez, víctima de una manipulación?.

Es la pregunta que se plantea y a la que responde afirmativamente el escritor francés Jean-Pierre Turbergue en su libro "Dossier secreto del Consejo de Guerra", que salió esta semana a la calle. Este libro está en la línea de las tesis mantenidas anteriormente por el estudioso de procesos León Schirmann en "Mata Hari, autopsia de una maquinación". Schirmann denuncia que las maniobras "patrióticas" prevalecieron sobre la voluntad de hacer justicia en el proceso contra Mata Hari. El relato de Turbegue arranca con el informe acusador del Ministerio francés de la Guerra datado el 10 de febrero de 1917, tres días antes de que Mata Hari fuese arrestada en París.

El texto dirigido al gobernador militar de París en plena Primera Guerra Mundial enumera siete pruebas de que la bella holandesa era una agente de los servicios secretos alemanes de Colonia, donde figuraba con el código H21. Delante del capitán Pierre Bouchardon, encargado por el Consejo de Guerra de su caso, Mata Hari contó cómo tras separarse en 1904 de su marido, un oficial holandés destinado a las indias holandesas, se convirtió en "bailarina hindú". Ese año se instaló en París con el nombre de Mata Hari - "ojo del día" en malasio- e hizo correr la leyenda de que había nacido en India. Sus numerosos y ricos amantes le permitieron interrumpir su carrera artística que, arruinada, después retomó. Su éxito como bailarina fue arrollador y recorrió los principales escenarios de París, Madrid, Berlín o Milán.

Fue en 1915 cuando el cónsul de Alemania en Amsterdam le propuso que trabajase como espía, pero su escasa discreción y dotes para el oficio la pusieron en evidencia ante los británicos, al tiempo que sus labores como informadora para los alemanes fueron poco eficaces. (EFE)


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