“Me muevo con la idea de que Marita está viva”
En el 2005 Garmendia se sumó a la lucha para esclarecer la suerte de la hija de Susana, Marita Verón. Un complejo proceso que espera ver coronado con la aparición con vida de la joven.
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
–¿Cómo reflexiona el interrogante ¿vive o no Marita Verón?
–Se puede reflexionar desde el tiempo que ha transcurrido, entonces las dudas hacen lo suyo. Sin embargo, junto con Susana Trimarco y el grupo de abogados que la acompañamos, me muevo con la idea de que está viva.
–Pero eso implica algo más que aspiraciones. ¿Con qué pruebas alentarse? ¿La pista española?
–Ésa es una de las dos líneas que manejamos. Es una línea muy fuerte: la habrían vendido a gente de España. Siempre aparece gente que dice eso, en La Rioja especialmente. Susana viajará a fin de mes para seguir esta línea. Una segunda línea nos dice que fue muerta en La Rioja a manos de la gente que la secuestró y fue enterrada en algunos de los prostíbulos. Sí es cierto, hemos excavado en algunos de esos lugares y no hemos tenido resultados.
–En relación con estas dos pistas: ¿usted privilegia alguna?
–No tengo duda de que si Marita está viva no está en la Argentina.
–¿Por qué?
–La hubiésemos encontrado. Volviendo a la pregunta anterior, creo que si la hubiesen matado, de alguna manera hubiesen hecho saber dónde estaba porque la atención pública del caso no es la misma cuando una mujer pide justicia por su hija muerta que cuando lo pide por una hija desaparecida. Es una atención diferente. Que aparezca muerta y hay casos de chicas que aparecieron muertas, implica que la atención disminuye, en cambio la entidad de desaparecida la mantiene…
–¿O sea que, según usted, los secuestradores y eventuales asesinos hubiesen buscado que la presión social cediera si ponen el cadáver de Marita en escena?
–Lo manejo en términos de conjetura. Pienso que ellos saben que mientras Marita esté desaparecida, la sensibilidad sobre el hecho se mantiene. Diferente caso es –de cara a la opinión pública– que Susana Trimarco tuviese un lugar donde, a pesar del desgarro que conlleva una hija asesinada, tuviese un lugar para llevarle una flor, saber que está ahí… sí, sí: muerta. El reclamo de justicia no sería abandonado, pero al menos se sabe que la mataron… En este hamacarse de conjeturas, Susana está sometida a mucha laceración…
–¿La incertidumbre?
–Pensar en que, si Marita está viva, qué le estarán haciendo en este momento…
–¿Algunos de los implicados y condenados emergen relacionados con la dictadura militar, que en Tucumán tejió historia muy dura?
–No… no. Generacionalmente no cierra esa posibilidad. Son gente joven. Lo que sí cierra y tiene que ver con el caso Marita Verón es la vigencia, a través del tiempo, de un hilo conductor entre el miedo que sembró la dictadura y el miedo existente que condiciona a gente que sabe cosas que ayudarían a esclarecer este caso, pero no hablan…
–¿Está de acuerdo entonces con lo que sostiene Sibila Camps en su libro sobre el comisario “Malevo” Ferreyra y el restante sobre la trata, “La Red”?
–Absolutamente. Mire, Tucumán tiene ya tres generaciones de gente viviendo en la indigencia a lo largo del retorno a la democracia, a lo que se suman los problemas sociales estructurales que tiene su historia. Todo esto hace al mejor caldo de cultivo que tiene la trata de mujeres, que opera sobre la vulnerabilidad que implica la indigencia… Computando este marco social, Sibila Camps abona la matriz del miedo que afectaría a Tucumán. La gente sabe pero no habla. Yo dictadura…
–¿Más en zonas rurales que en las urbanas? Porque de hecho, todavía hay que explorar mucho de lo sucedido en espacio rural durante el Operativo Independencia…
–Sí, sí… pero miedo aquí y allá. La dictadura fue muy eficiente en construir miedo. Aún hoy hay gente mayor que no quiere hablar de aquel tiempo. Mire, yo trabajé en el área de Protección de Derechos Humanos en la Secretaría de Derechos Humanos de la Tucumán, en el 2005. De mi área dependía el llenado de formularios para que víctimas de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura cobrasen la indemnización. Nuestra tarea era ayudarlos en el trámite, certificación de firmas, cubrir los formularios. Todo para evitarles que fueran a comisarías, etc. A pesar de que venían en función de reparar el agravio, violación, etc., no querían contar lo que habían visto en aquellos años… Sibila trabaja muy bien esa matriz y la coloca en el presente en línea al miedo que genera hoy en Tucumán la familia Ale. No está desacertada en hacer ese traslado del miedo porque la mafia de los Ale hoy tiene el poder algo mellado, pero es mafia con mucha proyección y tienen que ver con el caso Marita.
–¿Tiene algún caso concreto de miedo a hablar sobre este caso?
–Mire, el primer dato que se supo del secuestro de Marita señaló que la habían agarrado en cercanías del Hospital Maternidad. Luego, una vecina que vive en la esquina de la casa de Marita cuenta, creo que al comisario Tobar, que ella vio cómo a Marita la metían en un auto cinco estrellas. Pero hasta el día de hoy esa mujer se niega declarar. Miedo, siente miedo.
–¿En algún momento del largo camino que lleva como abogado de Susana Trimarco pensó que Marita pudo ser secuestrada por un pedido puntual de alguien que tuviese un interés sexual muy directo para con ella?
–En el comienzo de todo este proceso, uno encontraba muchas hipótesis en el expediente sobre el caso. Pero aquí vuelvo a algo anterior: si hubiese sido un secuestro alentado desde un interés personal sobre Marita, seguramente la hubiésemos encontrado, ya muerta, ya viva. En Tucumán está el caso de Paulina Lebos, que pone en jaque al gobierno de la provincia por similitudes del caso María Soledad en relación con intervención de planos del poder. A los 10 días Paulina aparece muerta. La policía aborda el problema en términos similares a lo de María Soledad… se investiga a la familia, que Paulina tenía un amante con el que se había fugado. Pero lo concreto es que aparece muerta, manipulación del cadáver, etc., etc. y finalmente policías condenados por encubrimiento. No es aventurado que si Marita hubiese sido blanco de un interés muy particular… bueno, hubiese aparecido muerta.
–¿De los tres poderes institucionales de la provincia, alguno de ellos mostró –hasta el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán– poca decisión en ayudar desde su ámbito a que el caso Marita avance?
–¡Si alguien no ayudó, ése fue el Poder Judicial! Estaba decidido a que no se pusiera blanco sobre negro en este tema. Y eso muestra la sentencia del 2012, que absolvió a los ahora condenados. La causa se inicia en abril del 2002 y la investigación dura hasta diciembre del 2004, cuando la fiscalía da por terminada la investigación con acusaciones y absuelve a otros. Y aunque Marita seguía desaparecida, se baja el telón: no investiga más. Comienza entonces todo un proceso de discusión de trámite judicial que dura hasta diciembre del 2009, donde ante un pedido nuestro, la Corte Suprema de la Nación ordena seguir investigando. En ese diciembre se fija fecha para el juicio: el 2012… ¡A ocho años de cerrarse la investigación!…Y además, la cámara que juzga, absuelve…
–¿Hay jueces comprometidos en todo esto o pereza, inercia?
–Hay un poco de todo, me parece a mí. Pero me parece que hay una cosa bien clara de encubrimiento. Hay una figura muy complicada: el secretario de la Fiscalía que investigó: Baaclini. La Fiscalía que interviene no bien desaparece Marita estaba a cargo de Joaquina del Valle Vermal. Muere y no nombran un nuevo fiscal. Y el que controla y maneja la causa es Baaclini. Luego renuncia y hoy es abogado de la familia Ale. Otro abogado, Pedernera, que al momento de desaparecer Marita tenía un cargo en la Secretaría de Seguridad de Tucumán, hoy es abogado de los Ale… Y entre los condenados ahora está Daniela Mihein, exmujer de la “Chancha” Ale…
entrevista: Carlos Garmendia, abogado de Susana Trimarco
CARLOS TORRENGO
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora