Me verás volver
Integrante de la Generación <br />Dorada, ex-NBA, campeón olímpico y también exjugador de Roca. <br />Juan Ignacio Sánchez, 18 años después de aquella temporada iniciática en el Depo.
básquet
José Luis Pierroni
El tiempo ha hecho lo suyo, pero los años no han podido borrar aspectos esenciales en la fisonomía de Juan Ignacio Sánchez. Su andar cansino de piernas arqueadas es el mismo que hace 18 años atrás surcaba el parqué del poli de las 827 Viviendas en aquellas noches memorables de Liga Nacional, vistiendo la camiseta de Deportivo Roca.
Los posteriores años de gloria tampoco han alterado su personalidad de tipo sencillo, que siempre mira para adelante y que constantemente busca un nuevo desafío para seguir ligado al básquet, el amor de toda su vida. Ese es Pepe Sánchez: el campeón en el competitivo básquet universitario estadounidense, el primer argentino en ser un NBA, el conquistador de Europa, el campeón olímpico, el “Dorado”, el adolescente bahiense que una vez se guardó un lugar en su corazón para brindárselo a Roca.
“Es el primer sitio que me cobijó como jugador. Fue hace 18 años y nunca lo voy a olvidar. He vivido en un montón de ciudades en todos estos años de carrera, pero Roca sigue siendo especial para mí”, cuenta uno de los mejores bases que ha dado nuestro básquet en una charla mano a mano con “Río Negro”.
–¿ A qué se debe esta visita?
–Me trajo el Grupo Bartolomé, que encabeza justamente Guillermo Bartolomé (empresario inmobiliario) que es bahiense como yo y tiene algunos emprendimientos aquí. Tuvo esta excelente idea de que venga a hablar un poco de básquet, de gestión de proyectos, y la verdad que me entusiasmé porque el lugar era Roca. De hecho hoy tendría que estar entrenando con Estudiantes, pero cuando a Pablo (Coleffi) le dije que venía para acá, no puso reparos.
–Este proyecto tuyo (Bahía Basket) que se une con Estudiantes te vuelve a encontrar con Coleffi como entrenador
–Viste como las vueltas de la vida! En aquel Deportivo Roca él me dio trabajo a mí y ahora es a la inversa. Él apostó por mí cuando era muy chico, me fue a buscar a mi casa y convenció a mis padres para que venga a Roca, quienes no querían saber nada. Acá me apadrinó la familia Moscoloni, a quienes les estoy eternamente agradecidos.
–¿Qué te acordás de aquellos tiempos, que fue el momento cumbre del Depo en la elite?
–Hicimos una campaña impresionante, con un equipazo. Terminamos quintos y superamos todas las expectativas. Les jugábamos de igual a igual a los grandes, la cancha explotaba todos los partidos.
–Le ganaron a aquel Atenas multicampeón….
–Ese partido lo tengo grabado. Lo tengo en VHS… (risas). Los estoy pasando a DVD ahora. Grandes recuerdos… Estaba Leo Ruiz Moreno y yo en la base, Leandro (Ginóbili) y Mariano (Aguilar) como escoltas, el Gato (Mariano) Latorre que ahora es presentador de la Liga; Diego Muguerli y Scooby (Ariel) Scolari de pivotes; Lucius Davis y Antonhy Martin eran los extranjeros. Todos grandes jugadores.
–¿Qué cambió de aquel Pepe jugador al de hoy?
–Creo que juego bastante parecido. Quizás antes era un poco más agresivo, tiraba más. Igual, era muy chico cuando jugué en el Depo pero la esencia no ha cambiado.
–Enumeremos lo que vino después: el básquet universitario con Temple, la NBA, Europa, la Generación Dorada… Con cual de todos estos momentos te quedás?
–Ha sido una linda carrera. Ayer justamente pensaba si haría todo de nuevo… Y sí, lo haría porque el camino fue muy lindo. Fueron pasos graduales, con muchos sueños cumplidos, pero si tengo que elegir me quedo con la universidad y con la selección, que son las dos cosas que más me marcaron.
–¿La NBA? Fuiste el primero…
–Fui el primero sí, cuando llegar era casi imposible para jugadores foráneos. Sólo había lugar para las megaestrellas. Pero mi juego no se adaptó a las exigencias de esa elite. De todas maneras, haber sido NBA me abrió las puertas de los mejores equipos de Europa (Real Madrid, Barcelona, Panatinaikos, Málaga). Europa me sentaba mejor, no sólo para mi juego, sino también como lugar para vivir. El salto significó mucho para los jugadores de mi generación, donde algunos hicieron el camino inverso como Manu (Ginóbili) o Luis (Scola).
–Elegiste la selección, ¿coincidís que la Generación Dorada nació en aquel PreMundial del 2001 que ganaron en Neuquén?
–Sí, claro. Ahí empezó todo, aunque ya habíamos jugados juntos un mundial juvenil en Australia (1997), donde terminamos cuartos.
–Neuquén como preámbulo de lo que fue el Mundial de Indianápolis 2002 con aquel el histórico triunfo ante el Dream Team. ¿Qué recordás de ese partido? ¿En que momento lo creíste posible?
–No sé, era mucha inconsciencia. Recién cuando terminó el partido caímos de que habíamos hecho algo importante. No habíamos hecho una planificación para jugarles, cosa que sí hicimos en los Juegos de Atenas. Aquel triunfo fue una mezcla creo de inconsciencia, juventud y talento. Y a partir de ahí como que nos dijimos: “Epa, parece que somos buenos”… (risas). Corroboramos en Indianápolis lo que sentíamos y lo que fuimos individualmente después.
–¿Más que en Atenas cuando consiguieron el oro?
–Sí, más que en Atenas, que fue lo máximo y no se olvida más en la vida. Pero para mí ese equipo fue el mejor de todos, el que hizo mejor básquet. Terminamos segundos en ese Mundial, pero no sé si la consagración de Atenas hubiera llegado sin Indianápolis.
walter rodríguez
wrodriguez@rionegro.com.ar
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