Mejor que consumir light es cambiar las rutinas

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–¿Hay una tendencia por parte del consumidor a abocarse a los productos light y “reducidos en grasas” con el objetivo de mejorar su alimentación?

–Es un tema contradictorio. En vez de elegir alimentos light y bajos en grasas, sería de gran ayuda cambiar ciertos hábitos a la hora de reducir la ingesta de alimentos hipercalóricos o combatir la obesidad y el sobrepeso. Por ejemplo, si vas al supermercado, elegís un paquete de 300 gramos de papas fritas en lugar del que tiene 150 porque es más grande y, en proporción, es más barato. Todas esas ofertas hacen que uno consuma mucho más de lo que necesita a partir de la mera tentación. Si uno abre el armario y está ese alimento extra seguramente lo va a comer. El tamaño del envase o la porción que uno se sirve influye directamente en la cantidad consumida.

–La publicidad que reciben esos alimentos en apariencia saludables ¿termina siendo contraproducente?

–Volcarse hacia esos alimentos puede ser un arma de doble filo. Se ha estudiado que si uno toma un yogur bebible clasificado como “0% de grasas” es probable que, por esa razón, se beba más de un vaso y el resultado final es la ingesta de la misma cantidad de calorías en forma de proteínas (al sobrar en nuestro organismo se convierten en calorías). Son estrategias que, a largo plazo, no son conducentes a una buena dieta. Las dietas restrictivas no funcionan porque nuestros cuerpos luchan contra eso: cuando nos privamos de calorías, el propio metabolismo busca ahorrarlas y se queman menos de lo normal. Recuerdo el caso de una persona que bajó cinco kilos en un año sin saber bien porqué. Descubrieron que había dejado de tomar cafeína por recomendación y eso la había llevado a dejar de consumir diariamente una lata de gaseosa. Esa pequeña modificación en la rutina la llevó a bajar de peso.


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