Melania Pérez, folclore sin artificios

La cantora salteña presentó su tercer disco solista, “La flor del comprendimiento”, con temas escritos por Jorge Marziali y Violeta Parra.




Vidala, zamba, bailecito, baguala, vals y copla integran la propuesta de Melania.

La cantora salteña Melania Pérez presentó su tercer disco solista, “La flor del comprendimiento”, con una propuesta genuina, despojada de artificios y que, por eso mismo, deviene extraña y díscola en el erosionado presente del folclore argentino. Ex contralto de Las Voces Blancas y cantora predilecta de Gustavo “Cuchi” Leguizamón, el nuevo material discográfico condensa un material exquisito que ofrece una textura más desprolija, pero de mayor intensidad emocional. La propuesta de Melania comprende la vidala, la zamba, el bailecito, el vals, la baguala, la copla, la tonada y la canción, pero encuentra sus mejores resonancias en los registros que se abrazan al linaje norteño. En ese punto, la cantora afirma su voz en los versos de Pepe Nuñez (“La vigilia de Damián” y “Tonada de los compañeros”) y en la obra de Arturo Dávalos (“La honda guatera”). Honda belleza El disco alcanza una celebrada intensidad con la pluma comprometida de Jorge Marziali (“Mi chola blanca”) o en palabra hecha poesía de Violeta Parra, cuya canción “En una barca de amores” inspiró, en una de sus cuartetas, el título del disco. Melania se arriesga a ritmos más lejanos a su estirpe de cantora y entrega, en ese lance, una pieza impecable: “Voy”, en pulso de milonga, y con la delicada inspiración de Carmen Guzmán y Héctor Negro. Reposa luego en la comodidad de la zamba “Vivir cantando, vivir bailando”, acompañada por el bandoneonista Emiliano López; y en el “Huayno del olvido”, con la presencia en su autora, Sara Mamani, en el escenario. Y tiene además una maravillosa versión de “Celedonia Batista”, una pieza de honda belleza que honra el oficio de las tejedoras, y luego llegó una selección de bises no demasiado preparada. También se luce la canción “Padre”, de Joan Manuel Serrat, convertida en un aire de vidala, que es la pieza que clausura el disco de estudio. El concierto, que también delinearon con sobrio aporte los músicos Walter Veras (guitarra) y Pablo Vignati (percusión), se desvaneció en poco más de una hora. Entonces la corrompida costumbre musical pareció empujarnos hacia la convicción de que la noche nos había dejado algo huérfanos. Sin embargo, gambeteada esa hojarasca de artificios tan cómodos al mercado, la voz de Melania restituye, a pura delicadeza, la más honesta condición del arte. (Télam)


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