Memorias de la cocina infernal



Hace años que Anthony Bourdain dejó de ser el personaje recio y pendenciero que describe en su libro “Confesiones de un chef”. Aquel era el Bourdain de las cocinas en llamas, el que descorchaba botellas con los dientes. El feroz Bourdain. Lo cierto es que el cocinero ya no cocina. El magnetismo que comenzó a irradiar su figura, a partir de la publicación de su libro, lo condujo por caminos insospechados para él. Entonces se transformó en el célebre Anthony Bourdain. El del programa de televisión de Travel & Living “Sin Reservas”, que por estas horas cumple 100 emisiones. El Bourdain nómade que recorre el mundo probando las recetas más diversas. El que acomoda el cuerpo en un sillón frente a una nutrida audiencia, que ha pagado su entrada por Ticketmaster, para hablar de los buenos viejos tiempos. El que acaba de publicar un nuevo libro y futuro éxito editorial llamado “Medium Raw”. Aquel Bourdain que pasaba 12 horas diarias entre las sofocantes paredes de una cocina, ahora ocupa 175 días al año recorriendo el planeta para su exitoso programa y otros 40 ofreciendo charlas. Y no, no sale de parranda. “Ya no soy ese tipo. Las presentaciones me sirven para recordarle a La Tribu que leyó ‘Confesiones’ que han pasado 10 años desde que lo escribí. No puedo salir a tomar tequila hasta las 3 de la mañana”, le dijo a “The Guardian”. Si usted aún no ha tenido la suerte de encontrarse con el chef de voz aguardentosa y estatura imponente, no viene mal recordar su historia. Desde el principio Bourdain no se privó de nada. Estudió en el Culinary Institute of America, experiencia que combinó con excursiones veraniegas en restaurantes “playeros” en Provincetown, donde asegura haberse transformado en todo un hombre. A lo largo de su carrera ha dirigido las cocinas del Supper Club, One Fifth Avenue y Sullivan’s. Y hasta el día de hoy Brasserie Les Halles mantiene en su web el eslogan “La base de operaciones de Anthony Bourdain”. Aunque sus artes también fueron vistas en lastimosos tugurios y en los emprendimientos de algún mafioso neoyorquino. Bourdain conoció el exceso nocturno, los cigarrillos (tres atados por día) y la heroína, de la cual salió con la ayuda de un amigo. “No echo de menos el calor y el dolor de la cocina. El éxito del libro llegó en un muy buen momento para mí. Clint Eastwood siempre dice que un hombre debe conocer sus limitaciones y yo he encontrado las mías. La verdad es que no extraño cocinar, pero sí el haber cocinado, esa sensación posterior”, le dijo también al diario inglés. “Confesiones” marcó un antes y un después en la literatura gastronómica. Se trata de un texto ágil y poblado de anécdotas que traen el plus de lo real. “Más terrorífico que una novela de Stephen King”, escribió “The Sunday Times”, justo cuando Bourdain retornaba al Olimpo, donde está empecinado en quedarse.

anthony bourdain


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