Ministro en apuros

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El titular de Agricultura de la Nación, Carlos Casamiquela, tuvo que salir esta semana a contestar las críticas recibidas por distintos funcionarios del gobierno de Río Negro ante la falta de respuesta a la crisis de la fruticultura regional, producto de los desequilibrios macroeconómicos que muestra el modelo nacional y popular. Según trascendió a través de los pasillos de las oficinas de Paseo Colón, el martes el ministro recibió una llamada de la Casa Rosada para que aplaque las críticas que salían en medio de las protestas de los productores. La comunicación duró sólo unos minutos. No hubo diálogo. “Escuchame, vos que sos de allá, paralos… qué más quieren. ¿No estaba arreglado el tema con los productores?”, le recriminaron del otro lado del teléfono. Casamiquela minutos después llamó a su asesor de prensa y le pidió que relate un duro comunicado con todos los temas que se están trabajando para solucionar los problemas de la actividad. En el parte de prensa enumeró uno por uno los puntos sobre los que se encuentra abocado el ministerio y atacó a la administración Weretilneck como forma de defensa ante sus reclamos. Pero el comunicado poco efecto político tuvo. Las protestas continuaron durante gran parte del día y casi todas las críticas apuntaban a la Nación. Al otro día, la situación se puso aún más complicada para el ministro. Se llamó a la Casa Rosada a su secretaria, Carla Campos Bilbao, a una reunión de “urgencia”. No trascendió qué es lo que se conversó allí con el núcleo duro del kirchnerismo, pero sí molestó el destrato recibido al no ser invitado al cónclave a quien lideró la mayor parte de las reuniones con productores y exportadores frutícolas en estas últimas semanas. Queda claro que pocos puentes de diálogo le quedan a Casamiquela con la región. “Trabajamos como chinos, les ofrecemos fondos frescos y nos responden con esto…”, se escuchó decir con algo de impotencia desde el entorno del ministro.


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