Miró hacia atrás y encontró su historia del otro lado del Atlántico

Miriam Cardador buscó su raíz española y volcó en un libro un conmovedor relato.



NEUQUEN (AN).- Cuando tenía dos años, Miriam Cardador solía enredarse en algunas tiras y dar pasos como si fuera bailadora española. Hacía una presentación cándida y precisa para su familia, con fuerza y furia 'gallega'.

"¿De dónde lo saqué? Nadie se lo explica, pero lo hacía, es algo que me venía de adentro", explica la mujer de 45 años.

Ya en el secundario, palpaba los mapas de España, los recorría con la punta de los dedos, e imaginaba que alguna vez ella iba a estar en esas tierras que -le habían contado- eran las de su familia, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. Así soñaba, y viajaba.

La historia de Miriam es l historia de muchos: "si le cambiamos los nombres es la historia de la gran mayoría, de casi todos", sostiene la mujer que a pura perseverancia consiguió romper con 78 años de desconexión y silencios, desandando el camino inverso al Viejo Mundo. Los 78 años son exactamente los que tenía Saturnino Cardador cuando se produjo el reencuentro. Tras mucho andar y luego de abrir algunas puertas, sin proponérselo, Miriam escribió un libro que hoy se lee a uno y otro lado del océano Atlántico.

"No soy escritora, no soy escritora, lo que escribí lo escribí con el corazón", afirma y se emociona Cardador, mientras su libro "La nieta del español", tambalea en el apoya brazos del sillón. En la cara del libro hay un mapa del que se escapa un cartel por lo menos llamativo: "Cabezabellosa".

"Siempre me habían dicho que la familia era de Cáceres pero un día mi papá me nombró a Cabezabellosa". Ese día hubo un click. ¿Por qué Cabezabellosa? Por la melena de los primeros habitantes del pueblo que en 1920 tenía 506 habitantes y que ahora alcanza los 512. Al fin, en los albores de la década del '90, la televisión por cable y la señal de TVE fueron clave para que Miriam trocara inquietud por obsesión: todos los lunes ¡a las dos de la mañana! se prendía al programa de Paco Lobatón "Quién sabe

dónde", donde el 'leit motiv' era la búsqueda de seres perdidos.

Por aquellos días, en su casa le decían ¡basta con los gallegos! y en más de una oportunidad sus hijos le recordaban que al día siguiente ellos tenían que ir a la escuela y que el televisor estaba demasiado alto.

"Lunes tras lunes esperaba que en el programa apareciera alguna persona que, al menos, mencionara la búsqueda de alguien que podríamos ser nosotros, hasta un número de teléfono tenía en la mesita de luz para llamar si eso ocurría", describe en su libro.

Internet fue la llave para otras posibilidades y para nuevos sueños: 113 personas con el apellido Cardador aparecieron luego de pasarle el peine fino a cientos de fuentes de información, humeadas por los buscadores. Hubo decenas de contactos, presuntos escudos familiares, un posible origen gitano y alguno portugués, pero nada, ninguna certeza ningún punto de encuentro a pesar de muchas respuestas.

Como último recurso, Miriam puso su nombre en las páginas amarillas. En mayo del 2000, un tía española que vive en Buenos Aires llegó a Neuquén y prometió rescatar algunos datos. Así llegaron a sus manos un par de partidas de nacimiento, los nombres de los bisabuelos. Con cuatro datos, la tía mandó una carta a Cáceres pero sin ninguna dirección. La misiva llegó a manos de la madrina de Juan Luis... un primo de Miriam quien desde hacía tiempo buscaba la rama familiar que en la década del 20 emigró la Argentina. El muchacho era bisnieto una hermana de la abuela de Miriam Cardador. Miriam lo cuenta y casi llora. Y también se le piantan lagrimones cada vez que ve el lomo del libro. Más lloró en noviembre del 2000 cuando Juan Luis llegó a Neuquén. "Qué contentas estarían las bisabuelas de saber que os hemos encontrado", le dijo el muchacho. Cuando se vieron las caras, los familiares le dieron crédito a los mensajes genéticos, detectaron los parecidos de rigor y se hermanaron por siempre. En mayo del 2001, Miriam y su esposo Raúl viajaron a España. Más llantos y nuevas piezas de un rompecabezas que ahora está completo. De vuelta "como ya tenía a todo el mundo cansado, me decidí a escribirlo todo en un cuaderno con la idea dejárselo a los chicos (Federico Fabio y Malen), y así lo hice.

Por estos días, Miriam tiene claro que las historias de los inmigrantes no tienen fin. Así cierra su libro que, bajo riesgo de humedades, se lee de un tirón.

Rodolfo Chávez

rchavez@rionegro.com.ar

Notas asociadas: Siringa en el recuerdo y el respaldo de un amigo  

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