Moldear el futuro
Hay proyectos en marcha en Lavalle y Mi Bandera.
Inclusión social
Algunos barrios de Viedma son noticia con frecuencia, pero en general en las páginas policiales. Los pibes del lugar, muchas veces protagonistas de esas crónicas, sufren la discriminación y la estigmatización que les genera una situación en la que desempeñan –por momentos– el rol de actores principales. Pero, en rigor, son víctimas de circunstancias que los exceden y que vienen de arrastre de años de desprotección y olvido social y familiar.
“Nos preocupa el nivel de violencia”, admiten las autoridades y buscan alternativas, no hoy, sino desde hace años. “Hacen falta más móviles, más policías, a veces los patrulleros ni siquiera pueden entrar a algunas calles”, afirman a través de los medios algunos vecinos, trabajadores de bien, que se ven desbordados por los permanentes episodios de inseguridad.
Sin embargo, otra realidad subyace y va creciendo de a poco, aunque aún no adquiere plena visibilidad.
El trabajo consecuente y esforzado de una decena de operadores barriales, con el respaldo del Estado y en el marco de las redes y mesas de debate con referentes del sector, permite la concreción de varios proyectos de trabajo e inclusión para jóvenes en riesgo.
Chicos con historias de vida tremendas, que con el paso del tiempo y el apuntalamiento en el marco de los diversos proyectos, van pudiendo incorporarse a la vida social y a las reglas del mercado laboral.
Albañilería, oficios manuales, limpieza de parques y jardines, comunicación radial y gráfica, concientización sobre la salud, apoyo escolar y, en un futuro cercano, hasta una escuela de boxeo no competitivo son algunos de los proyectos que incluyen a unos sesenta pibes, que durante varias horas al día están ocupados, trabajando o capacitándose.
Por participar reciben una beca, pero tienen obligaciones que cumplir. Por ahora, el plan comenzó a implementarse en los barrios Lavalle y Mi Bandera, pero lo mismo se espera replicar en las 1016 Viviendas y en el Santa Clara, donde las complejas situaciones sociales van en aumento.
En general, son chicos sin familia o con ellas pero multiproblemáticas, hay jovencitas que han sido madres precoces, muchos apenas tienen techo donde guarecerse y varios de ellos han sido expulsados por el sistema educativo que no pudo mantenerlos en su seno.
“Ahora todos tienen la obligación de ir a la escuela y además acá cumplen horario, no se les regala nada”, explica Marcelo Vernet, subsecretario de Participación Ciudadana de la Secretaría de Seguridad de Río Negro, organismo que destina los fondos para solventar los proyectos.
Las iniciativas, que se encuadran en la Mesa Barrial de Seguridad –de la que participan distintos organismos públicos y Ongs– y que se denominan Proyectos de Integración Comunitaria (PCI), tienen una duración de tres meses y se renuevan y modifican a medida que van terminando.
La intención, que se complementa con acciones del municipio, de la red Barrial y de otros referentes sociales, apunta a trabajar los problemas de violencia e inseguridad desde la contención y la integración.
Hará falta recorrer un largo camino, trabajar con las familias, profundizar las acciones de generación de empleo genuino, solidificar las políticas educativas inclusivas y además, como paso clave, trabajar en la inserción y en contra de la estigmatización y el desdén que hoy sufren los habitantes del sector, por su aspecto, por su historia o por su origen.
Otro proyecto, el de Sonoridad Andina, permite a los chicos expresarse con la música y aprender.
Los referentes de los programas muchas veces son más que simples “profesores”.
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