Movimientos con cambios saludables

La danzaterapia provoca cambios que favorecen una mejor calidad de vida. La bailarina y coreógrafa María Fux, creadora de una metodología propia, integra niños, adolescentes y adultos con diferentes discapacidades a sus grupos pedagógicos y artísticos.

«Los cambios se perciben desde la primera clase. Ayer, por ejemplo, vino una joven de 25 años con muletas. Nunca había hecho danza. Entonces, con una música preciosa de fondo y con todo el grupo en el suelo, comencé a hablar de los movimientos cerrados que no se abren, de todo eso que está adentro del cuerpo de ella y de todos nosotros. Trabajamos con los movimientos cerrados y de pronto, ella comenzó a tener celeridad. No te imaginás cómo trabajó toda la clase, cómo movió sus brazos, cómo movió sus piernas, cómo fue cambiando de lugar y cómo se fue. La constatación de que había percibido cambios fue su sonrisa y la gratificación del abrazo al despedirse…» La que lo cuenta es María Fux, bailarina, coreógrafa, fiel representante de la danza contemporánea nacional y creadora de un método de danzaterapia difundido en todo el mundo. A los 82 años, muestra con orgullo el resultado de sus búsquedas en el escenario teatral.

Convencida de que «la danza no puede estar alejada de la sociedad en que se vive, ni de los problemas del hombre cotidiano y fundamentalmente, no debe ser privilegio de aquellos que se dicen dotados, sino patrimonio de la educación común como asignatura de gran valor estético y formativo», hace más de cuarenta años que integra grupos, separados por edades, in

cluyendo la asistencia de discapacitados y ancianos: «Todos somos deficitarios de alguna cosa y muchos de nosotros ni vemos, ni escuchamos, ni sentimos. El movimiento creativo está en todas las personas, aun en aquéllas que tienen más déficit. Lo que yo hago es integrar a la gente. No trabajo con discapacitados, sino con la gente. En este grupo de gente, hay personas que tienen más problemas que uno. Trabajo con ciertas imposibilidades que se hacen posibles. Siempre digo que el cuerpo «sí, puede», si uno lo estimula, y lo que hago es estimular las áreas dormidas de la gente». Así, trabaja de manera integrada con gente que es sorda, o con síndrome de Down, o con cierta espasticidad o que tiene muchos problemas de aislamiento, o sufre alguna enfermedad mental. Parte del concepto de que el individuo está en el grupo y el grupo ayuda al individuo. No obstante, admite ciertas limitaciones para trabajar con ciegos: «Trato de trabajar de manera aislada de un grupo que ve, porque necesitan otro tipo de espacio, especialmente en los primeros encuentros.

En su estudio, a través del movimiento, Fux estimula la sensibilidad de sus alumnos, según lo explica, en busca de la expresión de la unidad cuerpo-mente: «Está todo unido. Yo no divido lo que piensa la cabeza de lo que sienten los pies. Muchas de las personas que vienen acá jamás han sentido la música como cuerpo, por eso utilizo imágenes que dan a la música la posibilidad corporizarse a través de ellas.»

Y da un ejemplo: «Digo qu la música es como un hilo que aparece en el aire. Podemos tomarla y esa música puede tener continuidad o puede romperse por partes: si la música aparece y es un hilo en continuidad, yo no la rompo. Y eso genera que el cuerpo vaya produciendo formas. Si la música se corta, yo trabajo sobre una base rítmica. La música, la percusión, las palabras, o el color, la línea, la forma, para la gente que no escucha, son estímulos que favorecen la sensibilidad y corporizan el movimiento.»

Los cambios qu genera el movimiento

 

María Fux no se cansa de repetir que no es psicóloga, que no hace interpretaciones y que no da recetas: «Soy una artista que, a través de un trabajo creativo, ha encontrado un método que logra cambios en la gente mediante el movimiento. Lo único que hago es estimular las potencialidades que todos tienen. Nunca hablo de curar, sino de cambiar. Y, cualquiera sea el tipo o gravedad de un problema, siempre habrá algo que se pueda modificar; aunque es preciso aclarar que el solo movimiento no hace que uno cambie, así como no todas las personas están necesariamente predispuestas a un cambio. Tiene que ver, también, con el momento oportuno. Algunas veces, no es el momento justo para recibir un aporte o para abrirse ante alguna dificultad.»

«Los logros llegan cuando las circunstancias están dadas, no por la sola voluntad o insistencia», sintetizaba en la extensa entrevista realizada por su discípula y músicoterapeuta Betina M. Bensignor en su libro «Qué es la Danzaterapia».

La sensación de no poder es, explica, el principal generador de la falta de confianza: «Cuando bailamos, expresamos no sólo la belleza, sino también los miedos, la rabia, la angustia, el dolor».

Una vida con la danza

Con más de 60 años de experiencia en el escenario y más de 40 de danzaterapeuta, hoy, a los 82 años, la entrevistada pasa la mayor parte de sus días compartiendo experiencias a través del movimiento frente a grupos de diversas edades o dictando cursos y seminarios de formación para docentes, fisioterapeutas, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, médicos y profesores de gimnasia en su escuela y en los centros de Formación en Danzaterapia que llevan su nombre e imparten su método en Florencia, Milán y Trieste en Italia, en Madrid y Zaragoza en España y en San Pablo, Brasil (www.mariafux.com.ar).


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