Mucho temor por las

<b>Crecen los rumores sobre una ola de violencia cuando termine el Mundial sudafricano.</b>



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AP

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El clima futbolero llega a cada rincón del país, pero después del Mundial todo volverá a la normalidad. Y hay miedo.

Los reportes de amenazas racistas contra inmigrantes en Sudáfrica despiertan el temor de que los logros alcanzados durante el Mundial queden empañados inmediatamente después del fin de la competición.

Dos imágenes de las conflictivas relaciones de los sudafricanos con el resto de los africanos están llamando la atención. Por un lado, millones de sudafricanos se volcaron en apoyo de Ghana, la única selección del continente que llegó a los cuartos de final, incluso pintando en sus rostros la estrella negra de la bandera ghanesa.

Por otro, inmigrantes africanos que viven en los “townships” sudafricanos temen por sus vidas tras la difusión de reportes que atribuyen a sus vecinos la intención de expulsarlos por la fuerza cuando termine el torneo.

“Todo el mundo habla de ello cuando vas de compras. Es el tema candente”, dice la zimbabuense Fungai Makota, dueña de un comercio de golosinas residente en Diepsloot, una barriada de 150.000 habitantes, 30 kilómetros al norte de Johannesburgo.

Félix, un constructor que vive en Sudáfrica desde 1993, ha escuchado los rumores de una nueva ola de violencia contra los inmigrantes: “Cuando veo el fútbol en las tabernas escucho a la gente decir ‘tienen que irse cuando termine el Mundial’”, dijo.

Parece impensable que el legado más valioso la competencia, la imagen de una Sudáfrica estable en paz consigo misma y el mundo, quede empañada tan pronto. Pero hay antecedentes.

En mayo de 2008, 62 personas, la mayoría inmigrantes africanos, fueron asesinados y otras decenas de miles expulsados de sus casas por turbas exaltadas que los acusaban de robar empleos aceptando pagas inferiores, abusar de los servicios públicos y dedicarse a la delincuencia.

Dos años después, muchas de las comunidades afectadas por la violencia, como Diepsloot, son todavía hervideros de frustración.

Sudáfrica tiene una de las tasas de desempleo más altas del mundo (25%) y los pocos empleos disponibles son también codiciados por 6 millones de inmigrantes de Malawi, Zimbabwe, Mozambique y otros vecinos.

Y aunque los crímenes violentos han retrocedido drásticamente durante el Mundial, los matones siguen aterrorizando a los habitantes de comunidades pobres.

Patrick Moloi, vendedor callejero en Diepsloot, atribuye a los inmigrantes ilegales la responsabilidad de la mayoría de los delitos. “Aunque te disparen, no los pueden encontrar y arrestar” porque no tienen documentos, se queja. “Si siguen cometiendo delitos, habrá xenofobia”.

El Ejército y la policía registraron viviendas en la barriada Du Noon de Cabo Occidental en una aparente demostración de fuerza para disuadir a los violentos.

Por su parte, el gobernante Congreso Nacional Africano restó crédito a los reportes sobre la ola de violencia. Los tildó como obra de “apocalípticos” y como esfuerzos “para apagar el estruendo de la exitosa organización de este espectáculo del fútbol”. (DPA)


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