Muerte anunciada

PABLO ACCINELLI

La muerte de Nadia Hidalgo bien podría identificarse con la novela de Gabriel García Márquez, «Crónica de una muerte anunciada».

Precisamente el asesinato de esta adolescente tiene un historial de reclamo de los vecinos de esta barriada por la inseguridad con la que se vive en este lugar. Para muchos este crimen «era algo que se esperaba», «que podía pasar en el barrio» donde sus pobladores viven atemorizados por el accionar de las patotas juveniles.

En los casi 30 años de vida que tiene esta barriada, al menos los últimos 15 han sido de constantes reclamos que tomaron distintas direcciones… hacia maestros de las escuelas cercanas, dirigentes del consorcio del barrio, responsables de Desarrollo Social del municipio, Policía, autoridades judiciales y provinciales. Y en los últimos años la preocupación vecinal se hizo más fuerte porque los jóvenes no solo molestaban a sus vecinos sino que ingresaron por el camino delictual.

La espiral fue creciendo y pese a que algunos de estos grupos fueron desactivados, algunos siguieron este camino lleno de agresiones cada vez más fuertes a la policía, robos a mano armada, tentativa de quemar una vivienda del barrio con chiquitos adentro, y hace dos años, el ataque a puñaladas contra una empleada del municipio. «Desde que atacaron a Ana -la empleada municipal- con un cuchillo que le atravesó la cara se sabía que en cualquier momento pasaba algo más grave», dijeron algunos vecinos. Y fue precisamente la misma mano que atacó a la agente comunal la que intervino en el homicidio de Nadia Hidalgo.


PABLO ACCINELLI

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