Mujeres y ciencia: “Abriendo camino a las que vienen después”

La situación de las primeras mujeres en la ciencia puede sintetizarse en esa frase pero ¿cómo es en la actualidad? ¿Es posible conciliar la investigación científica con el proyecto familiar? ¿Se sienten bichos raros o que tienen que dar examen constantemente? (Por Natalia López)



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Karen Hallberg, doctora en Física y docente del Instituto Balseiro en San Carlos de Bariloche

Desde su creación en 1901, 802 personas ganaron el premio Nobel en las áreas de Física, Química, Fisiología y Medicina, Literatura, Paz y Economía. Sólo 40 de ellas fueron mujeres. Sólo el 5%. Claro que es poco. Sin embargo se cree que, en las últimas décadas, la cifra ha ido en aumento debido a una mayor participación de la mujer en ciencias y en la vida cultural en general.

Éste año no sólo tres mujeres fueron galardonadas sino que fue la primera vez en que una mujer había sido distinguida en Economía. El hecho es singular y si bien no alcanza para alimentar las flacuchentas estadísticas es un indicativo.

A lo largo de la historia de las ciencias las mujeres han estado presentes con aportes que aún hoy permiten el desarrollo de las diferentes disciplinas científicas. Sin embargo, como en otros aspectos de la vida, su intervención ha sido invisibilizada, tal vez porque su presencia numérica es relativa.

Para Karen Hallberg, doctora en Física y docente del Instituto Balseiro en San Carlos de Bariloche, ejemplos de ello son Hypatia de Alexandria (astrónoma y matemática griega alrededor del año 400), Sophie Germain (matemática francesa de fines del siglo XVIII), Caroline Herschel (astrónoma alemana de fines del siglo XVIII), Maria Mitchell (astrónoma estadounidense, siglo XIX) y Rosalind Franklin (química y bióloga molecular inglesa cuyas observaciones con rayos X fueron cruciales para el descubrimiento de la estructura helicoidal del ADN, alrededor de 1950).

También es destacable la labor de mujeres como Marie Curie (física francesa y la primera mujer galardonada con un premio Nobel –además lo recibió dos veces-, por sus estudios de la radiación en el siglo pasado), Emmy Noether (matemática alemana de principios del siglo XX), Ada Lovelace (inglesa, pionera en computación de mediados del siglo XIX), Sarah Stevenson (médica pionera estadounidense de fines del siglo XIX), Cecilia Grierson (primera médica argentina, 1859-1934) y Rebeca Gerschman (argentina, siglo XX, quien logró avances importantes relacionados con la fisiología humana), entre otras.

Varias de ellas fueron verdaderas pioneras en su campo de estudio por sus conocimientos específicos pero también por su férrea voluntad, determinación y coraje. “En todos estos casos, estas mujeres han tenido que vencer los preconceptos culturales de la época para hacer lo que les apasionaba, yendo a contramano de lo que estaba socialmente aceptado y abriendo camino a las otras mujeres que vinieron después”, señala.

Argentina, siglo XXI.- El tema de las mujeres y la ciencia le apasiona y por ello Karen Hallberg ha participado en foros internacionales de reflexión y debate sobre la situación general de las científicas y las físicas en particular. En esos espacios participan mujeres de casi todo el mundo que comparten sus experiencias y elaboran iniciativas para mejorar y estimular la participación femenina en el trabajo científico.

En nuestro país, considera que la situación de la mujer en la ciencia viene mejorando y así lo demuestran los indicadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que es el organismo nacional que otorga la mayoría de los puestos de investigación y las becas para el doctorado.

“Hay  una distribución más o menos equitativa de género en todas la ciencias. Sin embargo, hay una leve mayoría de mujeres becarias (58% mujeres – 42% hombres) y una mayoría de hombres entre los investigadores (55% hombres – 45% mujeres)”, apunta. “Acá se empieza a ver el fenómeno llamado ‘techo de cristal’, en donde la cantidad de mujeres en los puestos más altos de investigación, docencia y gerenciamiento, baja muy abruptamente. En Física, la cantidad de mujeres baja mucho más, un 30% de becarias y menos de un 10% de investigadoras en los niveles más altos”, agrega.

Sobre su experiencia personal, relata que estudió física en el Instituto Balseiro donde, en promedio, hay sólo un 8% de mujeres en la actualidad. “Debido al buen ambiente de camaradería entre los estudiantes eso no me preocupaba en lo personal”, confiesa. Sostiene que sería muy bueno que hubiera una mayor proporción de mujeres y por ello están tratando de que más chicas se presenten al examen de ingreso, “le pierdan el miedo” a las carreras científico-tecnológicas y acepten el desafío de ir a estudiar a Bariloche.

Sin embargo, a nivel social, no se ven muchos estímulos para acercar a las niñas -desde pequeñas- a las ciencias, al razonamiento y la deducción. Todavía “es raro ver, por ejemplo, que a las nenas les regalen juegos de ladrillitos o de electrónica, más bien vistos para los varones. ¿Por qué?”, se cuestiona. Karen agradece a sus padres y maestras el haberla estimulado en temas muy diversos porque eso le dio la oportunidad de elegir lo que le gustaba. “Mi papá me pedía que lo ayude cuando tenía que arreglar el auto o algún electrodoméstico en casa. Eso me despertaba la curiosidad para aprender cómo funcionaban las cosas”, recuerda.

Investigación científica vs. familia.- ¿Es posible conciliar una carrera científica de primer nivel con un proyecto familiar? ¿Los científicos no se plantean estas cuestiones? Confiesa que en su caso nunca se enfrentó a la situación de tener que decidir entre una cosa y la otra. Para ella “todo se fue dando naturalmente”. Se casó tres días después de recibirse de física y tuvo a sus dos hijos durante el doctorado, a Kevin cuando comenzaba  y a Tania mientras escribía su tesis doctoral. Sin embargo reconoce que todo ello fue posible gracias al apoyo de su marido, y del resto de la familia, y a la buena guardería que tenía cerca del trabajo. “Esto es fundamental para lograr la igualdad de oportunidades laborales para todas las mujeres incluidas las científicas”, destaca. Y yo tomo nota la que parece una ecuación perfecta: trabajo + familia son compatibles si pareja comparte rol + guardería buena y cerca.

Compromiso con el futuro.- Como mujer no se siente examinada ni cree que es vista como “bicho raro” pero está convencida de que tiene un deber hacia la sociedad, con respecto a qué hacer con los conocimientos adquiridos. Y eso sin dudas debe pesar en lo cotidiano. “Es cierto que por ser mujer y al ser tan pocas, quizá llame más la atención y eso nos exige todavía más responsabilidad”, admite.

A nivel laboral considera que, en términos generales, en nuestro país no se ven problemas de discriminación por género en ciencia y tecnología pero resalta que es evidente “la discriminación en la educación de las chicas, tanto a nivel familiar como escolar y que redunda en la baja matrícula de mujeres en carreras tecnológicas y científicas”.

Por eso aconseja a quienes están por definir una carrera que elijan estudiar lo que más les guste porque “estudiar una carrera no es fácil, requiere mucho sacrificio, se puede sobrellevar sólo si es algo que realmente gusta”, y apunta que la única forma de sacar lo mejor posible de nosotros es teniendo pasión por lo que hacemos.

“Aumentar la cantidad de jóvenes con formación en carreras científico-tecnológicas nos va a dar la posibilidad de desarrollarnos tanto cultural como tecnológicamente para lograr un aumento de la calidad de vida real, especialmente de los sectores más marginados, un tema pendiente en nuestro país”, opina. Y para lograr ese desarrollo económico e independencia tecnológica, “todos, mujeres y varones, debemos tomar parte de este desafío”, invita.

natalial@rionegro.com.ar


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