Denuncian la existencia de tambores de cianuro en Sierra Grande

El legislador Facundo Montecino Odarda (Frente Renovador) quiere que se defina su adecuada disposición final





Cinco tambores de cianuro están acopiados en un polvorín que pertenece a la mina de hierro de Sierra Grande. Sin embargo, no hay ningún plan propuesto para su disposición final, y, debido a esto, un legislador denunció su existencia para que el gobierno de la Provincia indague y se ocupe de hallar un destino para los tóxicos.

El veneno se encuentra en el mismo lugar en el que está almacenada una gran cantidad de PCB, otro compuesto altamente contaminante que en su momento se encontraba en los transformadores de energía eléctrica.

El gobierno nacional está llevando adelante un programa para disponer de ese material, que, tal como ocurre aquí, se encuentra arrumbado en varios puntos del país.  Debido a esto recientemente funcionarios del área realizaron una visita a la mina. Allí se descubrió, además, el cianuro. Pero para éste no existe un abordaje que promueva su erradicación.

“La existencia del cianuro quedó en evidencia cuándo la comitiva nacional realizó una inspección ocular en ese polvorín. Lo riesgoso es que tanto los locales como el resto de los presentes no parecieron preocuparse por ese otro veneno. Y si bien para el PCB se iniciará un proceso con la intención de que se realice su disposición final, para este tóxico no hay planes” manifestó Facundo Montecino Odarda (Frente Renovador), el dirigente que alertó sobre el material.

Debido a esto el legislador envió tres notas, con la intención de que el tema se aborde. “Le mandamos una a la Defensora del Pueblo, otra a la titular del área de Ambiente Dina Migani y la última al procurador general Jorge Crespo para que instruya a los fiscales”. Hasta el momento no hubo novedades sobre las actuaciones de cada uno de los destinatarios.

¿El mismo veneno que años atrás se trasladó a Las Grutas?

En 2011 tres tambores de cianuro provenientes de Sierra Grande fueron hallados en un campo ubicado al sur de Las Grutas, propiedad de la familia Tarruella. La denuncia de un vecino del lugar alertó acerca del tema, y el área de ambiente de la Provincia intervino para que el material retornara, ya que se supo que formaba parte del pasivo ambiental de Hiparsa, que la Provincia debía remediar.

Se desconoce si esos toneles hoy son parte de la partida hallada en el polvorín de la mina.

En su momento el tema provocó una profunda indignación. Se descubrió que el contador y por entonces liquidador de los bienes de Hiparsa Alejandro Tarruella fue quien contrató a la cooperativa de servicios Cotrasao para mover los citados toneles desde Sierra Grande hasta el balneario, sin ningún recaudo y de manera ilegal. Lo que nunca se supo fue la intención que tuvo esa maniobra.

Hoy, ese compuesto químico que es sumamente tóxico tanto para los seres humanos como para el medio ambiente vuelve a estar en la mira de las autoridades.


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