Mutación

Análisis

El desempleo es la ma-yor mutación social que vive la Argentina desde los ’50.

Afloró en términos elocuentes en los ’90. Ese tiempo en que la economía del país puso blanco sobre negro sus carencias y contradicciones.

Ya instalado, la socie-dad tomó nota de que habría de convivir largo tiem-po con él.

Porque el desempleo no es, como en algún momento se creyó, la consecuencia manejable de un pasajero ajuste en el ámbito del trabajo en función de crisis económicas coyunturales.

Este desempleo es la resultante de cambios definitivos en el proceso de acumulación.

No es sólo el fin del ple-no empleo.

Es la expansión acelerada del desempleo masivo.

Un proceso que no circunscribe sus alcances a determinada rama de la economía ni toca a un úni-co sector social.

Así, el desempleo adquiere perfiles de prolongado, es quiebre de la voluntad y el futuro emerge como anulado.

El desempleo carcome la identidad.

Un reciente trabajo de la psiquiatra Cecilia Moise resulta significativamente ilustrativo de las características con que se presenta el desempleo prolongado.

El desempleado sometido a una especie de “montaña rusa emocio-nal”.

Un proceso que se define vía cuatro etapas: 1) El shock, o sea el momento de perder el empleo; 2 ) El optimismo, o sea el estado de ánimo inmediato que lleva a convencerse de que pronto se encontrará trabajo; 3) El pesimismo, el tiempo en que se confronta con una realidad: no se encuentra trabajo; 4) El fatalismo, o sea el convencimiento de que se está en un camino que difícilmente tenga retorno.

Luego, el resto: apatía, baja estima, violencia.

Esto sucede hoy aquí.


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