Naturaleza y misterio juntos en La Lobería

La reserva de Punta Bermeja atrae a los estudiosos del fenómeno OVNI. Hay dos libros de cuentos con relatos fantásticos de avistajes.



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Mauricio Martín(Foto: Acantilados de hasta 35 metros abrigan la playa arenosa donde se encuentran los 7.500 ejemplares de lobos marinos. )

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Mauricio Martín

Enrique Camino

ecamino@rionegro.com.ar

VIEDMA (AV).- La reserva Faunística de Punta Bermeja, y su balneario tildado popularmente como La Lobería, se presentan como el sitio adecuado en el cual el visitantes puede alternar naturaleza de día, y misterios de noche con luces multicolores que entran y salen del mar, una verdadera delicia para los estudiosos del fenómeno Ovni.

Algunas teorías le adjudican a ese espacio una condición física especial relacionada con altas concentraciones de ozono que le reportan un gran bienestar a quienes suelen tomarlo para momentos recreativos.

Aún cuando la ciencia en la vida cotidiana no actualiza las explicaciones, comienzan a trascender valiosos relatos que invitan a quedarse despierto de noche para conseguir algún avistamiento que alimente el imaginario popular.

El subsecretario de Turismo de Viedma, Sergio Pappático, confirma que “existe mucho interés de los turistas interesados en el tema de la energía, y vemos un potencial en esto”.

Para darle entidad a esta auténtica síntesis de expresiones, un residente con amplísima actuación institucional en esa zona y una verdadera fuente digna de crédito, explicó a “Río Negro” que “esto es cotidiano desde la cero hora en adelante”. Valoró su manifestación planteando un interrogante “es posible que veas caer una estrella, pero que salga de adentro del mar en color rojo, y de números impares… es algo raro”.

En Junio o Julio, en el edificio que ocupa se le apareció Milton, un vecino de la zona. “Venía asustado porque lo siguieron luces de todos colores que pasaron como un jet, y que luego logré ver”, contó. La segunda razón para visitar el sitio es que está emplazado a apenas 60 kilómetros de esta capital por ruta totalmente asfaltada. Sus acantilados de 35 metros de altura –a medida que se desciende hacia la playa– depositan al turista en un lugar sumamente reparado de las molestas brisas patagónicas.

El Instituto Argentino Oceanográfico los ubica en el período Cenozoico, la era geológica que se inició hace 65 millones de años y se extiende a la actualidad. Quizá desconociendo ese dato, los niños –luego de un chapuzón en los piletones naturales– tienen para entretenerse descascarando el acantilado y con una piedra semipreciosa de las que suelen utilizan los talladores locales, dibujan caras en las lajas que se desprenden de esos gigantes.

Luego, el plato fuerte es visitar el apostadero ubicado a tres kilómetros donde se concentran unos 7.500 ejemplares de lobos marinos.

Por allí, y durante todo el año, suelen concurrir turistas de la región patagónica, latinoamericanos y europeo; de acuerdo al registro de agradecimiento que tiene su Centro de Interpretación.

Servicios para el visitante se pueden encontrar en este lugar único de la Patagonia.

Río Negro


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