Navegando en un huracán



De resultas del tsunami financiero que ha golpeado al mundo entero, el presupuesto nacional para el año que viene que presentó el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ya se ha desactualizado, motivo por el que algunos diputados afirman que lo mejor sería que el Congreso no perdiera el tiempo debatiéndolo. Como señalan quienes piensan así, es imposible prever, aunque fuera a grandes rasgos, la evolución de los precios de los productos que exportamos puesto que se han hecho tan insólitamente inestables: por cierto, cuando se inició el conflicto con el campo porque la tonelada de soja llegó a valer casi 600 dólares, nadie imaginó que en octubre el precio rondaría los 340 dólares. También han experimentado bajas desconcertantes los precios de los granos. Con todo, si bien el panorama se ha modificado de forma drástica al dejar soplar el viento de cola que tantos beneficios nos trajo, es claramente necesario que el país cuente con un presupuesto a pesar de que dadas las circunstancias sería poco probable que el que finalmente sea aprobado conserve su vigencia durante doce meses.

El cambio abrupto que se ha producido plantea un problema novedoso al gobierno kirchnerista, que se había acostumbrado a subestimar groseramente la tasa de crecimiento y la recaudación impositiva previstas con el propósito de disfrutar de una “caja” enorme que, merced a los superpoderes, podría emplear de manera discrecional para disciplinar a los gobernadores e intendentes y mantener funcionando a todo vapor su propia maquinaria política. Aunque el gobierno sigue insistiendo en que en el 2009 la tasa de inflación será del 8%, una cifra muy inferior a la vaticinada por todos los economistas independientes, en esta ocasión el crecimiento proyectado, del 4%, podría resultar inalcanzable. En cuanto al dólar estable en 3,19 pesos, los mercados cambiarios ya lo han pulverizado y, en vista de la devaluación del real brasileño que en apenas un mes perdió el 50% de su valor, sería asombroso que el peso lograra mantenerse firme.

El gobierno kirchnerista, al igual que tantos otros, tardó en entender que el colapso financiero que empezó en Estados Unidos incidiría profundamente en el resto del mundo y que ningún país se salvaría de sus coletazos, pero últimamente parece haber reconocido que una coyuntura excepcionalmente favorable se ha visto reemplazada de golpe por otra que nos podría resultar hostil. Así y todo, desde el punto de vista de la presidenta el cambio no ha sido forzosamente negativo. Alarmados por el impacto probable de lo que está ocurriendo en el exterior, representantes de todos los sectores están dando a entender que ha llegado la hora de actuar con prudencia. Incluso el jefe de la CGT, el camionero combativo Hugo Moyano, parece dispuesto a archivar hasta nuevo aviso el reclamo de un aumento de todos los salarios de 500 pesos, porque a su juicio es prioritario defender el empleo. Tiene razón; aunque en algunos casos las causas han tenido mucho más que ver con factores internos que con el descalabro internacional, está produciéndose una ola de despidos, en especial en la industria, que podría cobrar mucha fuerza en las próximas semanas. Según Moyano, el gobierno se ha comprometido a “mantener a rajatabla los puestos de trabajo”, pero no le será fácil hacerlo en aquellos sectores que dependen de las exportaciones a otros países del Mercosur.

Conforme a Cristina, “crisis es oportunidad”. Para ella, lo es, porque le ha brindado un pretexto inmejorable para relanzar una gestión económica que bien antes de aparecer nubarrones en el horizonte externo pareció destinada a culminar con un derrumbe similar a los que pusieron fin a todas las etapas populistas anteriores. Merced a la convulsión financiera mundial y sus eventuales secuelas en todas las economías del planeta, el gobierno podrá corregir el rumbo atribuyendo los cambios más antipáticos a una situación que fue creada por otros. Con tal que la presidenta y sus colaboradores actúen con la “serenidad” y “firmeza” que ella reivindica, el país podría salir de la crisis relativamente indemne, lo que no sería el caso si el gobierno recayera en el error de pensar más en los titulares de los diarios de mañana que en los intereses nacionales a mediano y largo plazos.


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