Ni ciegos ni chupasangres





La primera sorpresa que se llevaron los alumnos al estudiar el tema fue descubrir que los mamíferos voladores no son ciegos como se cree masivamente. Sí es cierto que su principal sentido es el oído, el cual tienen extremadamente desarrollado. Su visión es más reducida pero no nula.

Están entre los más fascinantes y valiosos animales con quienes compartimos el planeta. Pero éste es el pensamiento de biólogos y otras pocas personas que han llegado a conocer algo de sus intrigantes vidas. La enorme mayoría de la gente les teme o los detesta y muy a menudo promueve su destrucción. Estos sentimientos se deben principalmente a conceptos erróneos que persisten a pesar de hay aplastantes evidencias científicas que demuestran lo contrario. Sin dudas el mito de Drácula ha contribuido a diseminar el odio y terror a los murciélagos en el mundo occidental. Muchas culturas orientales los consideran símbolos de buena suerte, larga vida o felicidad.

Contrariamente a lo que mucha gente cree los murciélagos no son ciegos, son inteligentes, limpios y tiernos. Salvo que estén afectados por venenos o humos no caerán sobre nosotros ni vendrán a enredarse en nuestro pelo. Como todos los mamíferos pueden enfermarse de rabia aunque los pocos que contraen esa enfermedad no son agresivos. La posibilidad de ser atacado por un murciélago enfermo es bajísima. En Estados Unidos muere 1 persona al año a causa de rabia transmitida por murciélagos, pero los perros atacan y matan en un sólo año a la misma cantidad de personas que mueren por rabia de murciélago en una década.

Un gran insecticida

Cada ejemplar come por noche una cantidad de insectos igual a la mitad de su propio peso. Por eso, la colonia de Tadarida brasiliensis que se encuentra en la Escuela 179 y que alberga en pleno verano alrededor de 2000 ejemplares consume por noche dos kilos de insectos.

Además, de este favor que realizan de mantener a raya a muchísimos insectos perjudiciales, los murciélagos brindan un excelente fertilizante (excremento), polinizan o dispersan una increíble variedad de plantas, reparan los claros de las selvas, proporcionan sustancias de valor medicinal y son por distintas características fisiológicas (hibernación, letargo diurno, regulación de la temperatura corporal, orientación acústica, migraciones) objeto de estudios científicos de importancia. La desaparición de murciélagos aumenta la demanda de pesticidas químicos, puede amenazar ecosistemas completos y provocar daños a la economía humana.

A pesar de su valor, las especies de murciélagos vienen experimentando en los últimos 30 años una elevadísima declinación. Matanzas ocasionadas por los humanos y la pérdida de hábitats son las principales causas de este problema. Si las tendencias continúan, la degradación de los ecosistemas será enorme. Salvar los murciélagos que quedan no es suficiente, será necesario conseguir que las poblaciones aumenten su número para que puedan mantener el balance de insectos y servir como propagadores y polinizadores de las plantas que los necesitan para sobrevivir.


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