“No me sueltes que me estoy muriendo”

Momentos de pánico relataron testigos que trataron de ayudar a los atrapados, uno de los cuales, agarrado a ellos, les gritaba: “No me sueltes que me estoy muriendo”. Unas palabras desgarradoras, pero que no sirvieron para poder ayudarle porque, según han denunciado, los servicios de seguridad del recinto impedían que pudieran socorrer a las personas atrapadas. Contaron que era tal el agobio que sobre las cuatro de la mañana decidieron abandonar la fiesta y marcharse a casa, momento en el que se vieron sorprendidos por una multitud que llenaba uno de los pasadizos de acceso al recinto. Pudieron ver hasta “cinco pisos” de personas amontonadas, que gritaban desesperadamente y que se agarraban a sus manos y a sus pies, pero ante la imposibilidad de poder auxiliarles ellos mismos, pidieron ayuda al personal de seguridad al que advirtieron de que si no se actuaba con rapidez “iba a morir gente”. Durante estos momentos tan confusos llegaron a ver cómo un mozo hacía maniobras de reanimación sobre una de las barras de copas a una de las chicas, que finalmente resultó muerta. En cuanto consiguieron salir del recinto, se marcharon directamente a casa, llorando, después de una noche que, han asegurado, “ha sido la peor” de sus vidas. Una de las cosas que más les ha sorprendido de lo ocurrido, señalaron, es que en ningún momento se decidiera suspender el concierto de música. Ellos habían adquirido la entrada con antelación y habían pagado 33,80 euros (206 pesos argentinos) por cada una, aunque luego en la reventa llegó a costar 54 euros (330 pesos). (El Mundo)

Las tres jóvenes que murieron asfixiadas.


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