“No se pinta siempre con los mismos colores”

Alejandro Lerner y representantes de la petrolera visitarán al mediodía el área Pediatría del hospital regional, para entregar el total de lo recaudado.



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El cantante llegó por iniciativa del programa "Petrobras Energía para los chicos".

Dice su página web que la historia de Alejandro Lerner arranca en los primeros años del rock argentino; que nació en 1957 y en el secundario integró las bandas Anaconda y Tonelada Plástica. Apenas tenía 16, cuando Raúl Porchetto lo convocó para tocar en Reino de Munt. Muy poco después (74), debutó como invitado en La Banda de los Caballos cansados”, segundo larga duración de León Gieco. Tuvo un fugaz paso por Nito Mestre y Los Desconocidos de Siempre, y junto a Miguel Cantilo-Punch, Piero y Prema.

Pero, Lerner en vivo con “Río Negro”, precisa su origen. “He participado de la tercera generación del rock. En la primera, ponemos a Los Gatos, Manal, Almendra… La segunda con Sui Generis a la cabeza. Y yo vengo después, junto con Celeste Carballo, el grupo Crucis, Virus y todos los que participamos del BArock dos. En el anterior habían estado Pescado Rabioso, Aquelarre, Color Humano, todas bandas que me tenían como fan; era comprador de la revista 'Pelo', tenía afiches enormes en mi habitación, entre los que estaban Jimmy Hendrix, John Lennon. En esa época había revistas que traían unos posters espectaculares… También era admirador de toda esa generación de grupos surgida de la separación de las primeras bandas. Cuando se disolvió Almendra, me encantaba ver a Aquelarre en vivo con Hugo González Neira, o a Color Humano…”.

Mientras estudiaba piano con los maestros Antonio De Raco y Juan Carlos Cirigliano e incursionaba en la carrera de composición y musicología en la Universidad Católica Argentina, Ale seguía tocando en los álbumes “Raúl Porchetto” (76) y “Chico Cósmico” (77). En 1976 integró Soluna, banda armada por Gustavo Santaolalla tras su separación de Arco Iris, en cuyo único disco editado -“Energía natural” (77)- apareció como compositor en “Detrás del vidrio roto”.

Fue pianista de Rinaldo Rafanelli, Gustavo Bazterrica y Gonzalo Farrugia; luego, crea Solopororó, primera banda instrumental en la que dirige, arregla y compone, que dejó un simple y un maxi en 1984, “Lerner, sus primeras canciones”.

“En el 74, ya empecé a participar en este género, primero como pianista, cuando me llama León para tocar en La Banda de los Caballos…, o con Porchetto, Cantilo, Piero. Luego armamos un grupo con Bazterrica, Farrugia y Rafanelli que duró muy poco tiempo. Todo mezclado con la dictadura militar. Era otro rock; mucho más contestatario, más aguerrido y también más subterráneo, puede decirse. Con el advenimiento del gobierno democrático en 1983, nuestro rocanrol explota como movimiento cultural mucho más amplio, y de a poquito, en las últimas dos décadas, se vuelve parte del entretenimiento y de la expresión de una juventud que ha crecido en democracia, que no ha tenido que vivir la transición, como nos ocurrió a nosotros. El rock se fue incorporando a un mundo estético más fashion; con la llegada de MTV, los clips, se torna más relacionado con la imagen. Quizás, con menos elementos contestatarios, admite más el entretenimiento, una temática mucho más abierta”.

– En tus canciones, en las de Luis Alberto Spinetta, las de Serú Girán, había también y hay imágenes pero surgidas de la poesía. Ahora pesa la imagen visual… Según tu criterio, ¿ha perdido, ha ganado, sólo ha ocupado otro lenguaje?

– Hay que ser flexible con los cambios. No hay que atarse a lo que fue, porque fue. Fue expresión de una circunstancia de nuestra realidad. Circunstancia que hoy es diferente. Vivimos un tiempo completamente distinto en las telecomunicaciones, todo es más global. La estética se ha globalizado, y el lenguaje, la tecnología también. En una época las compañías discográficas eran más independientes y contribuían a apoyar el lenguaje natural del artista. Hoy, en cierta medida, ellas quieren marcar la línea musical a vender…

Eso genera una cierta distancia entre algunos artistas y las grabadoras y lo que va a salir por las radios, donde, antes, era más franco el porqué se pasaban los temas; se relacionaba más con el gusto de la dirección de la emisora, del disc-jockey o de quien generaba el programa. Ahora es más estructurado, más corporativo todo.

– Más comercial, también.

– Más comercial, sí.

– La globalización, la estandarización de un modelo en todo el planeta, contrarresta la expresión individual, de cada hombre en su ámbito particular.

– Hay algo en la naturaleza humana… Va a surgir gente talentosa en todas las generaciones. Eso es imparable. Así como va a aparecer un lenguaje relacionado con lo corporativo, con lo estructurado a nivel de marketing, siempre habrá una contrapartida que el público elegirá espontáneamente. Por eso hay rock barrial, rock alternativo, músicos que tocan en la calle, en otros ámbitos, y va desarrollando su carrera por otra vía. Eso estará siempre.

Soy un artista que ha tratado de moverse con la mayor espontaneidad posible, para incorporar todos los elementos naturalmente míos en mi música. Algunos se han vuelto altamente populares, otros han sido más esotéricos, en el sentido de capacidad de comunicación, como mi parte pianística o los temas instrumentales, sonidos algo más alternativos que son parte de mis discos, pero no han logrado la difusión de canciones mías que recogieron una amplia respuesta. Sin embargo, a lo largo de mi carrera he buscado ser honesto con eso, con que me gustan el rock, el pop, las canciones, el jazz, el folclore. Constantemente he trabajado con una amplitud que me permita aprender y desarrollar el lenguaje con distinto tipo de artistas. Cosa que me abrió muchas oportunidades, también.

– ¿Qué te sucede cuando estás una discográfica que intenta modelar tu línea expresiva?

– Yo soy muy difícil de modelar desde afuera. Si no estoy contento con lo que hago, a la edad que tengo, con los años que vengo recorriendo este camino, es improbable que me lleve bien con algo así. Es como ponerse una ropa que no te queda cómoda. A partir de allí, empiezan los problemas que ya he tenido a lo largo de toda mi trayectoria… Creo que los artistas debemos trabajar para que las compañías se asocian a nuestra creatividad y no nosotros, a sus diseños de marketing… He visto echar a tanta gente en tantos años, pasar cantidades de presidentes de discográficas, ejecutivos, jefes de comercialización, que no puedo contar con todos mis dedos. Yo sigo vigente porque soy honesto, insisto, con el lenguaje que tengo en cada momento.

– Una canción tuya dice “Hago lo que puedo, puedo un poco más…”. Tan sencilla como cargada de sentido vital, de profundidad… ¿dónde estás más cómodo cuando escribís así o cuando abordás una poesía más estilizada?

– Hay estados de ánimo. Un pintor no pinta con los mismos colores todo el tiempo. Hay momentos en que tengo una visión sofisticada porque el tema abarcado, que me copa en ese momento, lo es también. Hay veces que cuanto más llano es el lenguaje, más emotividad me genera, y para reproducirlo después. No es una cosa prefabricada, es absolutamente natural. Voy pasando por esos lugares…

 

 

EDUARDO ROUILLET


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