“Nos quedan preguntas e indignación por lo que pasó con nuestro padre”



El sábado 17 de julio nuestro papá hizo un viaje al campo donde tiene unos pocos animales (ovejas y chivas) y se engripó. Volvió el domingo con mucha fiebre, dolor de cuerpo y de cabeza, así que mi mamá comenzó a hacer lo que sabía para que estuviera mejor.

El lunes lo llevó al hospital con un turno y para su mala racha se habían equivocado: la doctora para la que le habían dado turno no atendía ese día, así que tuvo que ir a la guardia a ver a un médico. Éste le indicó un antitérmico y lo mandó a la casa y le pidió que sacara un turno para ser evaluado nuevamente. Constató la fiebre mayor de 38º C y, aun sabiendo -suponemos que lo sabía- que mi papá tenía todos los síntomas de la gripe A, él lo pasó por alto.

La odisea de papá continuó. Siguió con fiebre. Por la noche deliraba y mamá con él, intentando conseguir un taxi para trasladarlo a la guardia del hospital. El miércoles sacó nuevamente turno y fue a ver a la doctora Cabrera, la que lo evaluó y lo mandó a casa con el mismo antitérmico y le pidió un laboratorio.

Le dieron turno para los análisis para el martes 28. Hasta ahí ya contamos cuatro días con fiebre y todos los síntomas de la gripe A. El jueves mi mamá, como pudo, lo llevó a un consultorio privado (gracias a Dios tiene obra social, no todas las personas del pueblo la tienen). Éste lo evaluó, le pidió una placa de tórax y continuó con el antitérmico solamente. Esa misma noche lo volvió a llevar a la guardia del hospital con fiebre. Ahí lo controlaron y se quedó en observación por tener la presión alta. Le colocaron un inyectable para bajar la fiebre y un comprimido para la presión. A la madrugada, aun sabiendo las condiciones climáticas, lo mandaron a casa a aislarse y hacer reposo. El médico residente con mucha ironía lo mandó a sacar un turno para ser atendido por la mañana.

El viernes por la mañana mi papá fue atendido nuevamente por el médico del consultorio privado pero en el hospital, por pedido de una de sus nueras. Este médico ahí recién le dio el tratamiento con el antiviral ya conocido. Le tomaron la muestra para gripe A y lo mandaron nuevamente a aislamiento a casa, diciéndole que volviera a control el lunes.

Mi mamá lo cuidó todo el fin de semana y éste continuó con fiebre. El lunes lo llevó al consultorio con dolor de cuerpo y casi sin poder respirar. El médico decidió dar una indicación de internación. Lo llevó al hospital, donde le colocaron oxígeno y sueros; esto pasó aproximadamente a las 17. A las 21 fue derivado de urgencia a un privado, con su obra social, a San Carlos de Bariloche. Al salir le colocaron a mi mamá camisolín y barbijo para que acompañara a mi papá en la derivación y el señor, si se lo puede llamar así, residente Sebastián la obligó a permanecer con eso porque, le dijo, “evita que se contagie lo que tiene su marido”. Mi mamá sin entender nada llegó a Bariloche, donde la esperaban sus hijos. Allí se quebró en llanto, antes no pudo decir ni hacer nada por miedo a lo que pasara con nuestro padre, quien hoy se encuentra de alta.

A todo esto nosotros nos preguntamos todos los días por qué con tanta información, equipo de emergencia, tecnología y una directora que sale informando lo bien que se trabaja en equipo en Jacobacci, a nuestro viejo, como le decimos, no se le dio importancia aun viendo cómo mi mamá, en forma insistente, iba una y otra vez a que lo atendieran.

Damos gracias al personal del sanatorio San Carlos por la atención que le dieron. Nos queda el sabor amargo de que en nuestro hospital hayan esperado a que estuviera de lo peor para hacer algo. Nos quedan preguntas e indignación. Hace un tiempo un abogado fue traslado de inmediato en un vuelo sanitario y un bancario, en unas horas a Bariloche. Nuestro papá no es especial, pero merece la misma atención que todos. ¿O en Jacobacci todos tenemos que ser abogados y bancarios?…

Mario Navarro, DNI 24.392.712

Silvia Navarro, DNI 26.564.811

Javier Navarro, DNI 27.406.539

Fabián Navarro, DNI 29.045.502

Jacobacci


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