«Nuestro sistema federal está muy enfermo»

A 20 años de la reforma de la Constitución Nacional, Gervasoni encuentra que sigue vigente un sistema de reparto de recursos federales a las provincias que daña a la democracia al reproducir condiciones para que los oficialismos se eternicen en el poder.

Entrevista: A Carlos Gervasoni, investigador de sistemas políticos

– Se cumplen en estos días 20 años de la reforma de la Constitución Nacional. ¿Qué débitos existen hoy de cara a esa reforma?

– Sigue vigente el enfermo sistema federal, y es evidente que el presidencialismo también sigue vigente. Tomo sólo dos planos para la reflexión.

– En materia de recursos federales a compartir con las provincias, ¿Qué arroja una comparación con otros sistemas federales del mundo?

– Los sistemas federales más vigorosos, probados en eficiencia de cara a la historia, con gravitación sobre el sistema político -Canadá, Alemania, Suiza, Estados Unidos o incluso, aun siendo materia de opinión, los de Brasil y Méjico- tienen dos características que definen en mucho al sistema federal argentino. Una: fuerte asimetría entre las provincias en lo concerniente al manejo del volumen de recursos federales que reciben. Asimetría extrema, así la defino en mi investigación, porque de hecho algunas provincias reciben en términos de per cápita en relación a otras provincias. Dos: la existencia en Argentina de unidades subnacionales (provincias) que prácticamente no tienen recaudación propia y viven de las transferencias federales.

– En algunos trabajos sobre el tema, se señala que esta última es una característica que se encuentra sólo en Argentina. ¿Es tan así?

– Hay otras federaciones con esta característica, pero son muy pocas. Aquí, de todas maneras, el arco muestra situaciones muy encontradas.

– ¿En relación a qué?

– La provincia de Buenos Aires, por caso, financia la mitad de sus gastos con impuestos propios. Pero en el otro punto tenemos provincias que financian entre el 4 y el 8 % de sus gastos con recursos propios. De hecho, en materia de financiamiento, son apéndices de Estado nacional. Ese es el caso, entre otras, de las provincias de Formosa, Catamarca y La Rioja.

– Su trabajo (ver recuadro) se vertebra en rigor académico y vía al manejo de categorías o rangos de la ciencia económica que revelan la gravitación del pasado no lejano en el fogoneo del deterioro del funcionamiento del sistema federal argentino, al menos en materia de reparto de recursos nacionales. ¿Cómo reflexionar este problema a la luz de la Constitución Nacional reformada en el ´94?

– Primero despejemos una cuestión: mi investigación apunta -y lo enuncio en las primeras líneas- a que el federalismo fiscal argentino, tal cual se gestiona desde hace muchos años, no es neutro electoralmente. Los recursos canalizados por Nación a determinadas provincias benefician a los oficialismos que las gobiernan. Los datos dicen claramente, vía los ya más de 30 años de democracia, cómo esos oficialismos no corren riesgos electorales. Ganan y ganan y se eternizan en el poder, lo cual quita vitalidad al sistema político. ¿Por dónde buscar las causas de esto? La distribución secundaria de los recursos federales se funda en coeficientes fijos que vienen de la década del ´80 arreglados entre la administración Alfonsín y los gobernadores que, entre necesidades políticas e inercias de coeficientes anteriores a ese tiempo, generan ausencia de un vínculo sano en la distribución, que es a lo que obliga la Constitución reformada. Ésta estableció que debía dictarse una ley de coparticipación. Le puso fecha: 1996. Pero no se dictó. Entonces, lo existente en el campo de la distribución es muy problemático. Por un lado a nivel normativo -ético- dado la desigualdad que genera el manejo presente de los recursos nacionales. Por el otro, a nivel de lo normativo -legal- porque no se cumple con la Constitución. Pero al margen de lo oscuro del sistema de coeficientes vigente, hay otra cuestión: su déficit de justificación clara para que funcione así. Se impone la irracionalidad.

– ¿Hasta dónde definir el sistema desde ausencia de justificación? Porque se podría argumentar que en el lote de provincias más beneficiadas por el reparto tal cual está instrumentado, algunas están entre las más pobres del país.

– Está bien, aceptemos que se justifique desde esa realidad. Pero sucede que las más ricas ya no son tan ricas debido a la acumulación creciente de problemas que las define. Buenos Aires, por ejemplo… En relación a ella, Santa Cruz es muy rica…

– Y tiene menos habitantes que Bahía Blanca y no muchos más que el Alto Valle de Río Negro…

– …y está en el grupo de las provincias que más recursos federales reciben. Y tiene, además, renta petrolera. Todo este andamiaje distorsivo en la acreditación de recursos federales hace a una ausencia de criterios.

– ¿Objetivos?

– Gestionar los recursos con fundamento vinculado a realidades, a necesidades concretas. No en clave a coeficientes nada claros… Es todo el vínculo muy enfermo y no necesariamente notado.

– ¿Qué es «notado» para el caso?

– Que aun para gente que se especializa en estos temas, le cuesta detectar la proyección de este problema, de cómo daña al sistema político.

– ¿Esto hace a la creciente vigencia de los «regímenes híbridos» de los que usted habla en su ensayo?

– Hace, claro. Porque si vía nuestro actual sistema de reparto de recursos federales se alientan ejercicios de poder prácticamente inamovibles, resultados asegurados en un grupo de provincias al asegurarse el triunfo de los oficialismos, no es aventurado señalar que le estamos haciendo flaco favor a la democracia. En mi trabajo, hablo de líneas que estudian los regímenes políticos. Lo de «regímenes híbridos» viene, precisamente, de regímenes sustentados en instituciones electorales, legitimados desde esa perspectivas, pero con prácticas políticas que operan en contra de una sana competencia electoral o, en todo caso, la sesgan a favor del oficialismo.

– ¿La dirigencia política se acerca al mundo académico que se dedica a estos temas? ¿Muestra interés en el tema?

– Poco. Solo algún interés puntual dado que el tema federal hace a intereses muy concretos, puntuales. El caso de los candidatos a gobernador, por ejemplo. Pero en general miran y reflexionan el problema en términos de cómo gobernar su terruño y con qué. No más.

– ¿Qué comprende el «no más»?

– Que no miran ni reflexionan el tema como un problema sistémico. Les interesa saber qué recursos tendrán, pero no instalarse en la idea de pensar en una reforma al sistema de distribución, pensarlo como un tema nacional. Sólo se interesan en cómo gestionar en el espacio del sistema vigente. Y así, nuestro sistema federal está muy enfermo.

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com


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