Nueva York

Redacción

Por Redacción

fernando bravo rionegro@smandes.com.ar

Más de 37 millones de dólares. No está mal para tres meses de temporada de nieve en una aldea de montaña. Pero los 149.329.297 pesos que los turistas dejaron en San Martín entre julio y setiembre, están lejos de un reparto equitativo. Con un crecimiento importante en visitas y pernoctes, la ocupación promedio de este invierno alcanzó el 53 % de la disponibilidad. Pero si se toma la ocupación anual, con la temporadas de verano, invierno y las “bajas”, el promedio por plazas nunca ha superado el 40 % en los últimos 20 años. Naturalmente, en el anónimo “promedio” hay algunos que reciben a muchos turistas y otros a muy pocos, pero casi todos están abiertos a lo largo del año, y aquellos que no alcancen el 50 por ciento de ocupación no lograrán siquiera salvar los costos. Algunos tienen sus culpas: no reinvierten, no capacitan personal, no salen a competir con innovación… Pero en el aludido promedio, San Martín exhibe una ocupación anclada, lo cual sugiere una pregunta: ¿el destino ha llegado a un techo…? Esta ciudad viene incrementando pernoctes año a año, por lo que debe descartarse que haya alcanzado un límite a su potencial. Sin embargo, también crece de modo sostenido la oferta de camas. Algo similar ocurre con la gastronomía, que junto con el alojamiento y las actividades conforman los tres rubros que componen el gasto turístico promedio diario por visitante. En el flojo invierno de 2009 hubo una facturación bruta de 93 millones de pesos (número de pernoctes multiplicado por gasto turístico promedio), mientras que en este 2010 se alcanzaron casi los 150 millones, y eso es así habiendo ajustado las tarifas bastante por debajo de la inflación que miden las consultoras privadas. Ni qué decir de la que registra el Indec. Sin embargo, la ocupación promedio ha sido similar a la histórica. El problema del reparto se centra en que los ingresos aumentan pero son cada vez más los actores que aspiran a llevarse una parte, y esas partes no se distribuyen en forma equitativa. Luego, si bien no hay cifras oficiales, se estima que el equivalente a un tercio de las camas habilitadas se comercializa a través de las inmobiliarias, pero no se mide como turistas a quienes alquilan departamento o casa por menos de un mes. No en vano en ciertas oficinas del municipio se analizan medidas más severas para desalentar la levadura en la oferta de camas, lo que exigirá un delicado equilibrio entre la razón de los números y la constitucionalidad de las prohibiciones. A su turno, el gremio de los hoteleros tiene en la mira un decreto de agosto y que entrará en vigencia en mayo de 2011, por el cual la ciudad y el Estado de Nueva York promulgaron una ley que prohibe alquilar departamentos por menos de 30 días. Esa disposición neoyorquina se funda en la necesidad de volcar alquileres turísticos al circuito de arrendamiento permanente; pero desde este lado del mapa creen que puede haber allí una veta para explorar, frente al impacto que provoca en los alojamientos turísticos la laxitud en este aspecto de la normativa nacional de alquileres. Sopesan llevar el asunto al Congreso, con el argumento de que los alquileres menores a 30 días constituyen una competencia desleal para los establecimientos hoteleros. “Si se pudo en Nueva York…”, dicen.

La semana en San Martín de los Andes


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