Nuevos desafíos de la lucha contra el alcoholismo

Aún hoy se sigue negando la problemática. El proceso de alcoholización es más complejo.

Redacción

Por Redacción

ENTREVISTA: Jorge Pellegrini, médico psiquiatra

El psiquiatra Jorge Pellegrini fue el creador, hace 30 años, de los Grupos Institucionales de Alcoholismo (GIA) y es, en la actualidad, un especialista en la temática.

Pellegrini participó en esta ciudad de las XVI Jornadas Nacionales: 30 años de GIA. Pasado, Presente y Futuro del Trabajo sobre Alcoholismo en Argentina, que cerraron ayer.

«Río Negro» dialogó con él sobre los nuevos desafíos del sistema que fundó.

-¿Qué lo llevó a crear los grupos GIA?

-Fue en el hospital de Roca. Creo que la creación vino de una observación de la realidad. Me empecé a dar cuenta de que el hospital negaba lo evidente, que la mayor demanda de ayuda que recibía eran de personas que llegaban intoxicadas por alcohol. Pero es tan grande el prejuicio sobre la intoxicación alcohólica que ni siquiera la institución de salud pública escapaba a la negación social.

-¿Sigue existiendo hoy esa negación?

-Sí, es cultural. A los chicos se los sigue asustando con el borracho. A tal punto llega la negación que cualquiera de nosotros que ve una persona alcoholizada tirada en la calle no llama a la ambulancia, llama al patrullero. En ese momento había que aceptar que el problema existía y después producir hechos alrededor de eso. En el campo médico tenés que abordarlo, tenés que asistir, tenés que tratarlo. La primera cuestión para mi planteada fue cuál sería el mecanismo por el cual la institución dedicada a la salud pública muestra la existencia del principal problema de salud pública. Yo no sabía nada de alcoholismo y me había recibido en la mejor facultad de Medicina del país. ¿Cómo, no se habían dado cuenta que no enseñan esto que afecta a cuatro millones de personas en Argentina? Sí se dieron cuenta, no les interesa.

-¿Por qué cree que no les interesa?

-¿Cuáles son los planes sanitarios para resolver esto? Ninguno, no hay un plan nacional sobre alcoholismo. Cuando no hay un plan es obvio que si existe un plan para su contrario, que es ser muy permisivos con el proceso de alcoholización. Dejar que se promueva. Hay campañas masivas que inducen a beber y sí se dan cuenta de que éstas existen. Se basa en una libertad de comercio que se edifica en un proceso de alcoholización que tiene víctimas, que tiene muertos.

-Y que tiene más víctimas que sólo las personas alcoholizadas…

-Es un problema del cual no se habla. Ese mecanismo de negación y renegación social, que es psicológico, está pesando como prejuicio sobre los sujetos. Mostrarlo como vicio, como maldad inherente de los seres humanos, como problema moral. Entonces ¿es una enfermedad o no es una enfermedad? Sí, sí es una enfermedad. Entonces por qué llamás al patrullero cuándo lo ves. Hay temas tan prejuiciados que sobre ellos pesa una lápida. No es sólo un problema de los alcohólicos. Pero está tan naturalizado que de esto no se habla.

-¿Quién tiene qué hablar?

-Esta organización que a todos nos implica y que se llama Estado. Tiene que venir y decir señores, tenemos este problema. Pero no, viene el día del estudiante y ley seca que, como todo el mundo sabe, lejos de poder decir no habilita un mercado negro de bebidas y si a un adolescente le decís esto no, eso es lo que hace, y todos los sabemos. Calmamos nuestra conciencia diciendo que se decretó la ley seca a través de una ordenanza municipal que no se puede cumplir.

-¿Cómo se puede hacer para que los jóvenes no crean que alcoholizarse está bien?

-No sólo ellos, todos los creemos. Las bebidas alcohólicas forman parte de nuestra vida cotidiana más familiar y además de naturalizadas están familiarizadas. Son parte de nuestra identidad, de nuestra identidad cultural. Esto no significa promover el abstencionismo. Significa saber que nosotros estamos en contacto con sustancias con las que tenemos que establecer un nuevo tipo de relación que no nos dañe.

-Cuando se crean los grupos GIA la realidad del alcoholismo era otra ¿Se fue repensando el abordaje y en qué sentido?

-Primero el fenómeno del proceso de alcoholización fue cambiando y se hizo cada vez más complejo. En esa época eran predominantemente personas dependientes del alcohol. Después aparecieron el alcohol y otras sustancias y ahora los grupos han tenido que aprender cómo manejarse con esa diversidad. Nos llevó a aprender que el alcoholismo no es una enfermedad de la sustancia, es de las personas. Por lo tanto tenemos que ver qué te está pasando a vos que vas a agarrar esta sustancia que te es socialmente ofrecida. Cómo vas logrando, en un proceso de aprendizaje, que te implica analizar tu vida cotidiana, aprender la palabra no. No como palabra, como hecho. Cómo vas adquiriendo o readquiriendo esta propiedad que hace a tu libertad. No hay salud sin libertad. Esta es una lucha por la libertad. Hace 30 años empezamos trabajando con aquellas personas más castigadas que tenían el hospital como única opción. Con el sector más vulnerado y vulnerable, por donde nos pareció.

-O por donde había que empezar, quizá.

-Creo que sí. Después empezamos a advertir toda esta situación que te planteo. Por eso los grupos no son de alcohólicos son de alcoholismo. Esto te obliga a tener un análisis del proceso de alcoholización permanente, los mensajes que la sociedad va emitiendo sin darse cuenta. ¿Cómo se le dice a los adictos?: consumidores. Y fijate que el gran logro de nuestros gobierno es decir hemos estimulado el consumo, no hemos estimulado la producción ni el trabajo. Poco a poco fuimos comprendiendo esto, pero lo hicimos en un experiencia práctica. De nada serviría todo esto que estamos hablando si no recuperáramos seres humanos para un proyecto de vida distinto.

-Tienen apoyo institucional, a nivel estatal?

-Son muy pocos los lugares, después de estos 30 años donde se ha involucrado socialmente el Estado. Hay una sordera selectiva, porque en realidad borracho son los pobres, los demás tienen cultura alcohólica. A quien le voy a exigir yo que asuma su obligación hasta ética de proteger a los desvalidos? Ayudarlos a que esa capacidad de decisión llamada autonomía y autodeterminación se refuerce. El desvalimiento se resuelve con el fortalecimiento del sujeto, no con su dependización. La sociedad como tal crece con seres humanos libres, que pueden elegir.


ENTREVISTA: Jorge Pellegrini, médico psiquiatra

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