Obediencia debida sin punto final

Miguel Ángel Rouco DyN

El gobierno de Cristina Kirchner convirtió compulsivamente el Banco Central (BCRA) en una ventanilla más de la administración central. Ya lo había hecho a comienzos del 2010 cuando se apropió de 6.500 millones de dólares de las reservas para el pago de la deuda, aunque en aquella oportunidad la tenue resistencia del entonces presidente del BCRA Martín Redrado hizo poco para evitarlo. Luego la presión del mercado –tenedores de deuda– empujó a Redrado y dejó el terreno libre para que la Casa Rosada manoteara el respaldo del peso y debilitara aún más el signo monetario nacional. Ahora, con la flagrante conducta de omisión de los deberes de funcionarios públicos por parte del directorio del BCRA y por la “obediencia debida” de la presidenta Mercedes Marcó del Pont, la entidad quedó subsumida como una oficina dependiente del Ministerio de Economía. Cuando el Palacio de Hacienda y la Casa Rosada lo requieran, el BCRA estará al servicio del monumental déficit fiscal de la administración Kirchner y de las necesidades electorales. Los últimos pasos dados por la “obediente” Marcó del Pont van en esa dirección. Los adelantos transitorios del BCRA al Tesoro pueden llegar al equivalente del 12% de la base monetaria. Pero Marcó del Pont dinamita el valor de los pesos que tienen los argentinos en sus bolsillos y en los bancos y aumenta los agregados monetarios en función de las necesidades del gobierno, lo cual convierte ese 12% en un efecto gatillo. Estos adelantos, más el giro de utilidades del BCRA al Tesoro, le permiten al gobierno mostrar una cosmética contable ordenada y evitar el color rojo en el balance del 2010. Pero los argentinos tienen una moneda que cada día vale menos. Tal es el desorden fiscal que el uso de las reservas para pagar la deuda le evitó caer en default. El fantasma del default ronda. No es casual entonces que el costo de un seguro de default de la Argentina sea superior al de Grecia, Irlanda o Portugal, sólo por nombrar países con crisis de deuda. Ahora el manotón a las reservas del BCRA para el 2011 es aún mayor y llega a los 7.500 millones de dólares. Esto implica que unos 30.000 millones de pesos del dinero que tienen los argentinos en el bolsillo quedan sin respaldo bajo el argumento del “desendeudamiento”, una fantasía literaria utilizada por la administración Kirchner. En ningún momento el gobierno dejó de emitir deuda. ¿Cómo cree que se financió el déficit fiscal de los últimos cuatro ejercicios? Por los adelantos transitorios del BCRA; la entidad lo coloca como una obligación a cobrar en su balance, es decir, deuda que no está documentada o, lo que es lo mismo, no se paga nunca. Para usar las reservas en el 2010 el gobierno le colocó una letra del Tesoro a diez años al BCRA y otra por el 2011, un “pagadios”. Cuando le manotean el dinero a la Anses, al PAMI, a la AFIP o al Banco Nación, el gobierno les coloca una letra del Tesoro a esos organismos. Hasta para comprar los dólares y mantener un ficticio tipo de cambio –estrictamente está devaluando– el BCRA emite pesos –es deuda– y luego letras –es más deuda con intereses–, para absorber parte de los pesos en circulación. Este círculo vicioso, el Tesoro emitiendo deuda financiada con emisión de moneda y más deuda por el BCRA, no parece tener un punto final. Esto tiene varios efectos. El primero, una pérdida neta para el BCRA que hace tambalear su patrimonio. Menos activos, más pasivos y una deuda de nula cobrabilidad. El segundo, un menor respaldo para los pesos que tienen los argentinos en el bolsillo o en los bancos. Hoy el aluvión de dólares puede revertirse en una fuga de capitales si las tasas de interés en Estados Unidos y en Europa comienzan a subir. El tercero, al quedar el BCRA como una ventanilla del Poder Ejecutivo, aumentan las probabilidades de embargos de los activos argentinos en el exterior. El cuarto, el déficit fiscal, generado por una fenomenal burocracia y por los distorsivos subsidios y transferencias, tampoco tiene fin. Mientras los subsidios tarifarios ya fueron contabilizados como pagos por el Tesoro en años anteriores, en otros términos, el gasto ya se imputó, ahora el gobierno emite deuda en dólares para pagar el combustible importado para mantener los subsidios tarifarios. Este ciclo sin fin, gasto, deuda y más deuda, se financia con una sola fuente: inflación. Y si el tipo de cambio se mantiene constante esa inflación se transforma en dólares. Insostenible. La inflación es el elemento más corrosivo que puede tener una sociedad. Comienza destruyendo la moneda, luego la economía y más tarde a la sociedad misma. Pero en “Kirchnerlandia” todo es felicidad y la inflación es un “reacomodamiento” de precios, la inseguridad una “sensación” y el crecimiento de las villas miseria, un “asentamiento” temporario. En términos más sencillos, se coparticipan las pérdidas a toda la sociedad. Más llano: la fiesta la pagan todos y, peor aún, los más pobres y en dólares.


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