Obispos reclaman más diálogo y menos crispación

En sus mensajes pascuales advirtieron sobre la situación de pobreza y exclusión que viven “cada vez más” argentinos. A lo contrario del jueves, el cardenal Jorge Bergoglio no hizo referencia a la coyuntura actual en su saludo pascual.

Obispos argentinos coincidieron en reclamar más diálogo y en la necesidad de fomentar el «encuentro» entre los argentinos, a fin de despojar el debate político, signado por la pelea del Gobierno con los poderes judicial y legislativo, de tanta crispación, agresiones y enfrentamientos.

Varios prelados utilizaron además los mensajes pascuales para advertir sobre las situaciones de pobreza y exclusión social que, aseguraron, padecen «cada vez más» argentinos.

Los referentes eclesiásticos se sumaron así a las expresiones del cardenal Jorge Bergoglio, quien advirtió el jueves que el «pueblo fiel está cansado de un mundo que agrede, que enfrenta a hermanos contra hermanos, que destruye y calumnia» y abogó por una «cultura del diálogo y el encuentro» ante «tanta crispación».

Sin embargo, el arzobispo de Buenos Aires y primado argentino no hizo ninguna mención a la realidad del país en su spot televisivo de saludo pascual.

«Él te tiene paciencia, me tiene paciencia, nos va a comprender. Y ya está vivo, está resucitado, y nos puede cambiar la vida. La Pascua nos invita a ver la vida más allá de nosotros mismos. Hacé un lugar en tu corazón», pidió.

En las demás reflexiones de Semana Santa se dijo:

* Luis Villalba (Tucumán y vicepresidente primero del Episcopado): «Sin duda que la crisis que las instituciones padecen y que da lugar al descontento de la ciudadanía, se debe a la inconducta moral de personas que actúan en las diversas estructuras del estado y de la sociedad, en todos los niveles. Pienso que para curar una sociedad golpeada por estos males, para frenar su desmoronamiento y para estimular los auténticos valores hace falta un fuerte esfuerzo educativo».

* José María Arancedo (Santa Fe y vicepresidente segundo del Episcopado): «Las pequeñas confrontaciones nos debilitan como Nación, y nos alejan de los verdaderos problemas que hacen al bien y a las necesidades de nuestra gente. No sólo a la pobreza que sigue siendo una deuda que nos interpela, sino a esas otras miserias que deterioran el clima y nivel de la sociedad y que tienen, en los niños y los jóvenes, sus primeras víctimas. Nos debe preocupar el flagelo de la droga y el avance del juego, el desprecio a la vida, la trata de personas y la violencia. Son heridas de una sociedad enferma que se asusta de estos males, pero que no se siente responsable de sus causas».

* Héctor Aguer (La Plata): «Se habla con tanta frecuencia de una mejor distribución de la riqueza, pero vemos que pasan los años y al mismo ritmo la riqueza pasa de manos. Ahora está en otras manos, pero son siempre pocas y siempre para frustración de los más pobres, de los pobres de siempre y de los nuevos pobres, que son muchos. El país está lleno de posibilidades pero se encuentra deshilachado, sin rumbo, sin destino. Pareciera que todo tiene que renovarse y sin embargo todo vuelve hacia atrás».

* Carlos Ñáñez (Córdoba): “La Semana Santa es una invitación a serenar los espíritus. No se puede vivir en un tono de crispación y permanentes enfrentamientos. Se necesita actitud de diálogo y consenso. Los argentinos como pueblo, como Nación, como sociedad, tenemos una tendencia a ser terminantes, a ser intolerantes. Como Nación, tenemos que tomar conciencia de esto y producir un cambio, porque si no vamos a estar siempre enfrentados».

* Mario Cargnello (Salta): «Que la Patria doliendo en lo que tiene de falta, de división, aliente el desafío a ser generoso en la respuesta y también generoso en las propuestas a los demás. Hay que empezar de nuevo, pero no puedo empezar si no abro el corazón. No seamos mezquinos; no tengamos miedos”.

* Obispos de la Patagonia: «Preocupa el impacto negativo que tienen en la calidad de vida de los habitantes la falta de trabajo genuino, los servicios de salud precarios y el abandono a inmigrantes, niños y adolescentes. Estas y otras realidades que podríamos sumar atentan a la convivencia social y nos llevan muy lejos de descubrirnos y vivir como pueblo. El otro ya no es alguien, sujeto de derechos y deberes, sino enemigo, extraño, sobrante».

DyN


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