Onomástica religiosa en la toponimia de Río Negro



historias bajo cero

Jorge Castañeda (*)

Sabemos que la onomástica es todo lo perteneciente o relativo a los nombres y en su segunda acepción se refiere también a todo lo relativo al santo de una persona o lugar. Hay una gran variedad de nombres de parajes, pueblos y ciudades de todo el mundo inspirada en el culto mariánico, que se refiere generalmente a las numerosas advocaciones usadas en el culto de la Virgen María, sobre misterios de su vida, como, verbigracia, (la Asunción, la Natividad, la Purificación, la Soledad, la Concepción); otras se refieren a los lugares de culto (de Loreto, del Carmen, de Guadalupe, de Luján) y otras aluden a la protección implorada, como ser (del Rosario, del Consuelo, de las Mercedes). Y así numerosas ciudades al ser bautizadas llevan esos nombres. La provincia de Río Negro no escapó al imponer el nombre a sus ciudades, pueblos y parajes a la influencia de la onomástica religiosa. Sabemos que mediante la ley 954 –promulgada por el poder Ejecutivo Nacional el 11 de octubre de 1878– se creó la Gobernación de la Patagonia que teniendo su asiento en “Mercedes de Patagones” se extendía desde el río Colorado hasta el Cabo de Hornos y abarcaba en su totalidad casi un millón de kilómetros cuadrados. Es pues el primer “bautizo” con una de las advocaciones de la Virgen María. Sin embargo tal denominación no duraría mucho porque el 4 de Julio de 1879, siendo a la sazón gobernador Álvaro Barros decreta que “Se denominará desde esta fecha con el nombre de Viedma a la población de Mercedes, asiento de este gobierno”. El segundo caso que nos interesa es el de San Antonio Oeste, ubicado en el golfo de San Matías. Este último debe su nombre cuando allá por el año 1519, don Francisco de Alba, uno de los integrantes de la expedición de cinco barcos, mandados por don Hernando de Magallanes, arriba a este golfo el día 18 de Febrero de 1520, día de San Matías, imponiéndole dicho nombre. Con respecto a San Antonio Oeste como el teniente Pedro García arriba a dicha bahía “con marea crecida de más de cinco brazas de fondo” el 17 de Enero de 1779, día de San Antonio Abad, impone ese nombre al lugar. Por su parte la localidad de Fuerte San Javier debe su nombre al alférez Francisco Javier Piera, quién tomo posesión como su comandante el 1º de Julio de 1782, por orden del Superintendente Francisco de Viedma, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata eran un virreinato del rey Carlos III de España, siendo Juan José de Vértiz el virrey con asiento en Buenos Aires. Seguramente Piera, por la fecha de su onomástico debería su nombre el célebre santo Francisco Javier. Un caso similar es el de San Carlos Bariloche cuyo nombre alude a uno de los pioneros del lugar, Carlos Wiederhold, que instala la primera casa de comercio bajo el nombre de “San Carlos”, extraído del santoral por su propio apelativo y que luego daría nombre a toda la comarca. Asimismo el nombre de Bariloche alude al paso cordillerano que descubrió el jesuita Guillelmo a comienzos del siglo XVIII, y cuyo nombre correcto es Vuriloche (gente de atrás de los médanos) que después se trocó por Bariloche y se sumó al San Carlos de Wiederhold, siendo establecido posteriormente en forma definitiva por un decreto presidencial. Pero uno de los casos más llamativos es el del paraje rionegrino denominado por los más ancianos como “Corral de Vaca”, ubicado en uno de los bajos aledaños del Gualicho y que constituye uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de la Patagonia. Escribe Salatino Mazzulli en su interesante libro “Apuntes de un buscador de cosas” que “los testimonios verbales, folclóricos e históricos del lugar, corroboran que el antiguo paraje de “Corral de Vaca” recibió su nuevo nombre un 30 de agosto de 1920, con la llegada al lugar de un misionero salesiano quién propuso poner a dicha zona bajo la advocación de Santa Rosa de Lima”. “Al transcurrir el tiempo, los lugareños le agregaron un nuevo adjetivo, el cual refleja la gran depresión geográfica “Bajo de Santa Rosa de Lima”. La zona –expresa Salatino– en sí, es muy árida, arenosa y muy rica en fósiles vegetales, animales y marinos, correspondiente al ex mar continental del Cretácico Superior. En el sitio se pueden observar maderamen de palmeras petrificadas de la variedad “Cicadale”, como así sus frutos hechos piedra (los dátiles) cáscaras de coco, nidales de titanosaurios con sus huevos petrificados y cáscaras de los mismos, todo ello de cuando la zona de Santa Rosa era tropical, hace 70 millones de años”. Restos fósiles del bajo de Santa Rosa, incluidas las cortezas de las palmeras y los dátiles convertidos en piedra se pueden apreciar en el Museo Provincial “María Inés Koop” de la ciudad de Valcheta. De esta forma hemos analizado la onomástica religiosa en la toponimia de la provincia de Río Negro, provincia que como toda la región patagónica siempre nos sigue entregando parte sus misterios. (*) Escritor. Valcheta


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