Opinión: Cuando frotar la lámpara no alcanza



¿Qué pasa cuando no aparece el genio? La pregunta, que bien podrían hacerla en estas horas el “Coco” Basile y muchos otros, cobró actualidad en estas horas. El martes por la noche, Juan Román Riquelme, rápidamente agotado e impreciso, estuvo lejos de su nivel y Boca sufrió como pocas noches para hacerle más goles a un discretísimo equipo venezolano. Fue por momentos alarmante la falta de funcionamiento ofensivo de Boca, porque Palermo, cuando no anota, puede convertirse más en un obstáculo que en un aporte y porque el velocísimo y siempre voluntarioso Rodrigo Palacio sigue desnudando sus limitaciones a la hora de definir.

Las semifinales de la Liga de Campeones de Europa dejaron el mismo planteo. Liverpool, que contó con un Javier Mascherano otra vez brillante en su lucha en el mediocampo, pagó caro precio a la noche oscura de su goleador de moda, Fernando “el Niño” Torres, y Chelsea terminó empatándole injustamente 1-1 en el descuento, por un increíble gol en contra del noruego John Arne Riise.

Pero la situación se hizo aún más patente en la segunda semifinal del miércoles, entre Barcelona y Manchester United. La prensa mundial, desde el inglés The Guardian hasta The New York Times, titularon sus anuncios con Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. “Messi, Cristiano Ronaldo y veinte más”, tituló el prestigioso diario de Estados Unidos en su página web. The Guardian abrió a su vez un debate con dos especialistas, uno afirmando que Messi era el mejor y el otro inclinándose por el portugués. Un juego periodístico, por supuesto, pero al menos más actual que el debate interminable sobre quién fue mejor, si Maradona o Pelé.

Si en este último debate, muchos admitieron siempre que Pelé tuvo más gol y fue mejor atleta, pero Maradona más preciosismo y exigencia, también algo parecido se dijo ahora sobre Cristiano Ronaldo y Messi, el primero también más atlético y goleador, pero el segundo más virtuoso y vertical. El gran partido que todos esperábamos el miércoles, entre los dos equipos con mejores cracks del momento, terminó en aburrido cero a cero.

Cristiano ofreció una rápida rendición a su duelo individual cuando a los tres minutos del inicio desvió un penal infantil cometido por Gabriel Milito. Y Messi fue irregular, promovió las jugadas más peligrosas de Barcelona, pero sintió tal vez su prolongada inactividad y el DT Frank Rijkaard terminó sacándolo, pese a su resistencia. Rijkaard al menos lo acompañó hasta el banco, solidario y neutralizando de paso que Messi exteriorizara su fastidio con algún gesto destemplado. Eso sí, algo fue evidente: Messi salió y en el partido terminó todo atractivo, todos pases laterales, no más cambio de ritmo y nadie que se animara a verticalizar la acción. Apenas un tiro sorpresivo de Henry. No más.

“Cuando más hay en juego, menos se juega”, dice un viejo dicho. Y una semifinal de Liga de Campeones ofrece mucho en juego. Por eso se jugó poco. Como si los equipos hubiesen reservado todo para las revanchas.

¿Habrá allí algo más de espacio para que los Messi, los Cristiano Ronaldo y los Torres hagan honor a su nombre? ¿Podrá hacerlo también Riquelme ahora que Boca deberá iniciar los partidos a cara o cruz de la Libertadores? Real Madrid será campeón esta temporada en España y el Inter lo será en Italia. Ambos con juegos avaros, ganando con lo justo. La Liga de Campeones abrió en cambio más espacio para el fútbol ofensivo. No fue lo que se vio esta semana. Tampoco se vieron los genios. Y todos nos aburrimos un poco.

 

EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES


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