OPINIÓN: En estado de gracia

Es curioso, villano sólo unos meses atrás, cuando las barras bravas se apoderaban de los estadios, los dirigentes abultaban las deudas y los árbitros abrían sospechas, el fútbol argentino vive hoy un estado de gracia.

La trasmisión de todos los partidos a través de la televisión pública, rompiendo largos años de abuso monopólico, pareció colocar al fútbol en un sitio de privilegio, un hecho cultural sin par en la Argentina.

De un plumazo, los muertos de los estadios, la connivencia con las barras, las ventas de los cracks a grupos de inversión casi siempre vinculados con algún dirigente y todos los habituales problemas del fútbol quedaron borrados.

El último fin de semana fue pura fiesta. No está mal. Los abusos y la arrogancia del monopolio habían acumulado demasiados fastidios. Y una ruptura contractual forma parte del juego de posibilidades en cualquier sociedad. Basta una visita por los juzgados comerciales para comprobarlo. Se saludó entonces la presencia del fútbol en la TV abierta, a toda hora y a todo lugar.

«Debe ser por el fútbol, hacía mucho que no nos pasaba una cosa así», me respondió Antonio, mozo de una parrilla en el barrio porteño de Villa Urquiza, habitualmente colmada, pero absolutamente vacía el último sábado a las dos de la tarde.

La tele no ofreció respiro. Un partido detrás de otro. Algunos inclusive por dos canales. Y los goles al momento en los noticieros del cable y en las páginas web. Si ponía el canal interno del edificio, en el que suelo ver la puerta de ingreso y al portero Juan tomando su mate, también capaz que aparecían los goles. No hubo respiro.

El fútbol, se sabe, forma parte importante de la vida de los argentinos. Pero no tanta. Se supone que cuando se normalice la situación el lugar de la pelota volverá a ser el de siempre. Y hasta saltarán las habituales condenas cuando surjan las crónicas de la violencia inevitable y de la corrupción que ha vacíado a los clubes, cuyo déficit, está claro, no sólo es producto de los dineros magros que pagaba la TV.

Hasta es posible que, más adelante, vuelvan algunos partidos a la TV de cable y al codificado. Y no tendría por qué sorprender. De rigor, no hay Liga en el mundo con el actual sistema argentino, con todos los partidos en abierto y en horario a conveniencia exclusiva de la TV. Este fin de semana, por ejemplo, se anuncian altas temperaturas. ¿Hasta cuándo seguirá siendo posible jugar a las dos de la tarde sin que ello afecte el rendimiento y la salud de los futbolistas?

Definido el tema como una puja del poder -el poder político y económico, no sólo el poder deportivo-, los dineros que esté costando esta nueva modalidad, más allá de las protestas que provoquen en algunos sectores, no parecen ser el eje central de la cuestión. Pero eso no debería permitir que la cuestión económica sea un tema menor. Si el negocio quiere máxima rentabilidad (porque el fútbol, aunque a muchos les pese, es un negocio) es difícil que se mantengan todos los partidos por la TV abierta. Lo que nadie toleraría es la vuelta al viejo sistema.

EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES


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