OPINIÓN: Hijo de tigre

El imprevisible, esta vez, no fue Diego Maradona. El imprevisible fue Julio Grondona. Ayudado, eso sí, por Grondona II, es decir, su hijo Humberto. Porque si algunos creen que casi treinta años de Grondona Julio al frente de la AFA suenan excesivos, habrá que ir sabiendo que ahora se viene Grondona Humberto, hombre clave, según se cuenta, para la rocambolesca designación de Maradona como nuevo DT de la selección argentina.

Rocambolesca, se dice, porque el lunes por la noche se daba casi como hecha la designación de Carlos Bianchi, el favorito de todas las encuestas. Bianchi, también hay que decirlo, había desplazado a su vez a Miguel Angel Russo, el hombre elegido inicialmente por Grondona Julio, cuando todavía estaba caliente la renuncia de Alfio Basile.

Bianchi salió del ostracismo y, a través de sus allegados, hizo saber a la prensa que esta vez sí le interesaba dirigir a la selección. Más aún, ante algunas versiones, hizo saber que sus exigencias económicas no serían desorbitantes y que sólo quería tener poder para discutir si algunos de los partidos amistosos que programa el grupo ruso Renova eran o no convenientes.

El nombre de Maradona resulta atractivo para los rusos de Renova, pues atrae TV, patrocinadores, prensa y aficionados, según habrá escuchado Grondona la semana pasada en Zurich. Fue allí donde, según parece, recibió un primer llamado acercando la chance de Maradona con un cuerpo colegiado. Su idea de que los campeones del 86 desembarcaran en la selección es vieja y por eso no tuvo reparos en desarmar la exitosa estructura de las selecciones juveniles, para dar allí un primer paso a Sergio Batista.

Maradona solo no ofrecía garantías suficientes. Por eso, Grondona Humberto dio el golpe de gracia con Carlos Bilardo. Porque Maradona y Grondona ya se habían acercado, y mucho, durante los últimos Juegos de Pekín, donde compartieron palco y Diego tuvo puertas absolutamente abiertas para compartir la intimidad de la selección e ir conociendo más de cerca a muchos de los jugadores.

En rigor, la distancia de Grondona no era con Maradona, sino con Bilardo, quien no sólo reclamaba volver a la selección, sino ser el nuevo presidente de la AFA. Grondona Julio, dijo Bilardo, sin pudor, ya estaba viejo y debía darle paso a él. No estuvo viejo Grondona para recibirlo ayer y designarlo otra vez con las selecciones, en un puesto distinto al anterior, pero en el que, seguramente, podrá hacer algo más útil que en su breve y algo polémico paso por la Secretaría de Deportes del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

El poder seduce a todos, inclusive a aquellos que se manifiestan humildes. Bilardo se sintió pieza clave para garantizar él mismo el desembarco a la selección de los campeones de México. Los nombres de Batista y de José Luis Brown sonaron ayer, lo mismo que muchos otros, como los de Fernando Gamboa, Gabriel Batistuta y Luis Zubeldía.

Lo que sí dejó Maradona en claro es que el equipo lo formará él, como si la autoridad de un cargo estuviera sólo en eso, y no en el trabajo cotidiano. ¿Estará Maradona en condiciones de asumir ese trabajo cotidiano? ¿Será bueno para él volver a tanta presión? ¿Podrá aceptar fácilmente que la nueva estrella será Messi y no él? ¿Cómo lidiará con el Kun Agüero, padre de su futuro nieto? ¿Sabrá medirse ante un fallo adverso de un árbitro sin insultar a Blatter? ¿Y si la policía italiana vuelve a detenerlo en un aeropuerto por sus viejos problemas con el fisco de ese país?

Los interrogantes son demasiados. Superan inclusive la esperanza que podría generar ver a Maradona asociado otra vez con la selección. Grondona Julio jugó una de sus apuestas más audaces. Cuando todo parecía indicar Bianchi, se vio rodeado por los campeones de México 86. La operación fue de Grondona Humberto. El nuevo padre de la criatura.

 

EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES


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