Opinión publicada

Los invitamos a leer los artículos de Joaquí Morales Solá “Para la Presidenta, un horizonte de debilidad”, y de Natalio Botana, “Ahora, la sucesión”.



Joaquín Morales Solá, en La Nación, refuta el argumento del Gobierno de que la derrota del domingo es igual a la de 2009. Señala que “el cristinismo suele agregar que dos años después, en 2011, la Presidenta ganó su reelección con más del 54% de los votos”. Pero acota: “En 2009 había esperanza política. Los dos Kirchner, Néstor y Cristina, estaban habilitados para ser candidatos presidenciales dos años después. Ahora, cuatro años más tarde, Kirchner ha muerto y la señora de Kirchner está obligada a irse en 2015. El kirchnerismo hasta carece de un candidato propio para las próximas elecciones presidenciales”. Añade que “el peronismo es un partido de Estado. Surgió de sus entrañas. No concibe la política si no es como un ejercicio permanente de poder. Las ideologías, a las que Cristina Kirchner es tan adicta, no le dicen nada. Puede tocar la melodía de Menem o la de los Kirchner con el mismo entusiasmo. Lo único que importa en el peronismo es la capacidad electoral de los dirigentes y, sobre todo, del líder nacional, necesariamente transitorio”. Para leer el artículo completo, hacé clic.

Natalio Botana, en La Nación, considera que “nuestra política está crujiendo y lo hace con modalidad propia, a los sobresaltos, con liderazgos repentinos que se construyen velozmente, reproduciendo en esta encrucijada un argumento que tuvo su primer acto durante el menemismo. Es un juego que pone en tensa relación, por un lado, la intencionalidad hegemónica de gobernantes con vocación plebiscitaria y cesarista, y, por otro, las reacciones de un electorado que crece, se divide y rechaza ese proyecto”. Añade que “esta expresión negativa tiene mucho que ver con el péndulo de las ambiciones que gira en el mundo peronista. Si Duhalde vetó internamente el sueño menemista de la re-reelección, Sergio Massa avanza por un camino análogo para señalarle a Cristina Kirchner que, a partir de 2015, no le quedará más alternativa que volver a su casa. Los vínculos recíprocos entre intenciones hegemónicas y votos concomitantes no son por tanto novedosos. Pero lo que sí llama la atención es el desperdicio institucional derivado de una voluntad hegemónica incompetente que no consuma su designio y, a su vez, genera descontento. El precio de estos desaguisados es conocido. Al subordinar los recursos del Estado a semejante propósito, los resortes del buen gobierno republicano se oxidan y la gestión cotidiana de los asuntos públicos se deteriora rápidamente. Una consecuencia, entre otras, de la pertinaz ignorancia de no entender el perfil pluralista de la sociedad y de no tomar en cuenta la autonomía de nuestra ciudadanía”. Para leer el artículo completo, hacé clic.


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