Opinión publicada

Hoy compartimos el artículo “Violencia entre victorias y derrotas” de Joaquín Morales Solá y el editorial del diario La Nación, “Saqueo de las arcas públicas en favor de socios del poder”.



Para Joaquín Morales Solá en La Nación, “Sergio Massa podría haber muerto en La Matanza. Es la conclusión de lo que sucedió, pero, sobre todo, de lo que podría haber sucedido”. Añade que “el ataque con gomeras fue sólo una emboscada para desviar la columna del candidato hacia un territorio aún más feroz. Massa no modificó el trayecto de su caravana y evitó así, sin saberlo, una tragedia. Esa brutalidad política puede analizarse desde la perspectiva electoral, que no ha hecho más que favorecer a Massa. . Pero merece también una reflexión sobre los trazos violentos que existen bajo las apariencias de una sociedad pacífica. El kirchnerismo sabe que va a perder. No se equivoca. Massa superaría al cristinismo el 27 de octubre por 11 puntos, según la encuesta de Poliarquía que publica La Nación. Ampliaría su ventaja en más de cuatro puntos con respecto de las elecciones primarias de agosto. Expolió de votos a Francisco de Narváez, porque Massa cumple ahora, simplemente, el rol que le tocó a aquél en 2009. El acierto más comprobable de Massa es el de haberse presentado como una alternativa anticristinista en el momento oportuno. Es cierto que también ha hecho otras cosas, como anunciar proyectos que presentaría como diputado, pero nada superó aquella precisión en la elección de la circunstancia. Esa condición de alternativa, justo cuando sucede la decadencia, es lo que provoca la furia del cristinismo contra Massa. El sustrato de violencia, verbal sobre todo, que siempre existió en el kirchnerismo, impulsó el resto”.

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En su editorial, La Nación vuelve sobre la investigación que desnudó la maniobra realizada por empresarios afines al Gobierno. Señala que “el empresario kirchnerista Cristobal López y su socio, Carlos Fabián de Souza, a través de Oil Combustibles SA, compraron activos de Petróleos Brasileiros SA (Petrobrás) en la Argentina (refinería San Lorenzo, unidad fluvial y 345 estaciones de servicio) y se apropiaron así de más de $ 1200 millones de impuestos que se dejó de pagar a la AFIP. Fiel discípulo del “desendeudamiento” en lugar de recurrir al crédito bancario, el señor López y su socio utilizaron una forma más expeditiva y menos onerosa de financiarse. Al comprar una destilería y una red de estaciones de servicio, compraron también un “banco” que les brindó acceso a una fuente extraordinaria de liquidez financiera, a costa del fisco. Mediante una ingeniería financiera perversa, usaron impuestos devengados por los mismos activos comprados a Petrobras, para pagarle a Petrobras. Y también usaron ese fondeo para financiar empresas de su Grupo Indalo, como la Inversora M&S y Oil M&S, para abonar salarios en Paraná Metal, la adquisición del Banco Finansur, la capitalización de Comercial del Plata Construcciones (CPC) y la compra de medios a Daniel Hadad, como Radio 10”.

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