OPINIÓN: Una larga batalla

Más allá de cuándo comience, y de cómo comience, el fútbol, por si alguien tenía alguna duda, confirmó en estos días calientes que es mucho más que un mero deporte.

Los principales columnistas de los diarios porteños editorializaron e informaron este fin de semana sobre el conflicto, de Eduardo Van der Kooy en Clarín, a Joaquín Morales Solá y Carlos Pagni en La Nación, pasando por Horacio Verbitsky en Página 12 y Jorge Fontevecchia en Perfil, por citar sólo a algunos de ellos. Todos, cada uno desde su punto de vista, coincidieron en que la batalla del fútbol es mucho más que un conflicto deportivo o económico. Y mucho menos parecen hablar de la pasión del fútbol. Todos, algunos con más énfasis que otros, aceptan que se trata de una guerra de poder.

El tema no sólo fue portada continua en los diarios de Buenos Aires, sino también en casi todos los semanarios de información general, política o economía y ocupó además espacios centrales en los programas políticos, de cable o TV abierta, por no mencionar la programación radial, en la que sobresalieron además los mensajes cruzados de los oyentes, unos contra los Kirchner, otros contra Julio Grondona y otros contra el Grupo Clarín y Torneos y Competencias (TyC). Y muchos más contra todos.

Es que no hay inocentes en la batalla, que será larga y está lejos de concluir, por mucho que, aún cuando todavía cueste creerlo, es un hecho que Clarín-Torneos perdieron su dominio del fútbol por TV. Paradójicamente, Canal 13, según el esquema que trascendió, podrá bajar la señal y trasmitir fútbol si quiere, igual que el resto de los canales de aire. El fútbol para todos, eso sí, se cree que no durará mucho. Más allá del optimismo oficial resulta todavía difícil creer que todos los partidos lleguen siempre por TV abierta. Ninguno de los especialistas del tema ve viable económicamente un proyecto así planteado. Lo ideal, está claro, sería acaso un sistema mixto como el alemán, con partidos en abierto, en cable y en codificado, con licitaciones para cada paquete de cotejos que van de viernes a domingo. Pero lo ideal, se sabe, suele ser una forma de esquivar la realidad.

Todos miran afuera. Pero no hay modelos únicos. Rupert Murdoch ejerce monopolio en Inglaterra, donde se paga más dinero en el mundo, aunque con clubes que gastan esas fortunas en fichajes y salarios obscenos, mientras acumulan una deuda que supera ya los 5.000 millones de euros. La Liga española vive desde hace años en escándalo, según el gobierno de turno que favorece a su cadena de TV favorita, mientras los pleitos se suceden en los juzgados. Italia ha sido un monopolio de las cadenas privadas de Silvio Berlusconi, ahora en paridad con la Sky de Murdoch, y ya sin partidos por la TV abierta. Alemania, fue dicho, ofrece entonces el mejor modelo. Pero para llegar a él tal vez fue necesaria la quiebra del Grupo Kirch, que tenía casi todos los derechos, pagaba fortunas y cometía abusos, hasta que su bancarrota obligó a reabrir el juego.

Las idas y marchas de las últimas horas confirmaron aquí el alto grado de improvisación que suele caracterizar a muchas acciones políticas del gobierno, de gran impulso en la decisión inicial, pero sujetas luego a interminables disputas internas, como las que dominan por ahora en sectores que deben definir cómo seguirá de ahora en adelante el fútbol argentino, que ya perdió definitivamente la edad de la inocencia.

 

POR EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES


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