Opositores a la espera



Aunque la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido se resisten a reconocerlo, el gobierno que encabezan es mucho más débil de lo que era antes de las elecciones legislativas de junio, lo que en buena lógica debería haber dado pie a un mayor protagonismo por parte de la oposición. Sin embargo, esto no ha ocurrido. Desconcertados por la negativa de los Kirchner a aceptar que ha llegado la hora de pactar con otras fuerzas políticas, los líderes opositores parecen haberse resignado a esperar hasta diciembre cuando por fin comenzará a sesionar el nuevo Congreso. Mientras tanto, la pareja gobernante continuará procurando recuperar la iniciativa anunciando medidas populistas que a su entender le servirán para reconciliarse con el electorado. En el caso no demasiado probable de que logre hacerlo, el próximo Congreso será tan poco representativo como el actual; si fracasa, se habrá ampliado todavía más la brecha que separa del grueso de la población del país a los Kirchner, los que en la actualidad sólo cuentan con el apoyo de un sector reducido cuyos integrantes más notorios son personajes como Hugo Moyano, Hebe de Bonafini y Luis D´Elía, además de los intelectuales oficialistas del grupo Carta Abierta. De cualquier modo, las perspectivas políticas ante el país seguirán caracterizándose por la incertidumbre.

Todo sería más sencillo si los Kirchner y los dirigentes opositores acataran las mismas reglas, pero para frustración de los demás los santacruceños sólo respetan las propias. Incluso han llegado al extremo de inventar una economía paralela, la del Indec, que es radicalmente distinta de la genuina. En un esfuerzo por obligarlos a acercarse más a lo que a juicio de todos salvo los Kirchner mismos y sus partidarios más fieles es el país real, opositores y comentaristas los han acusado de “vivir en una burbuja” y de comportarse como “autistas”, pero las palabras en tal sentido no les han servido para nada. Tampoco han surtido efecto las polémicas en torno de temas como el supuesto por la pobreza, la crisis energética provocada por el gobierno y así por el estilo: toda vez que los Kirchner se encuentran en una posición insostenible, salen de ella apropiándose de los argumentos de sus críticos, como hicieron al impulsar un tarifazo monstruoso en nombre del realismo económico y anunciar un plan antipobreza que, de tomarse en serio las estadísticas difundidas por el Indec intervenido que reivindica la presidenta, sería innecesario.

Que los Kirchner hayan optado por reaccionar frente a la derrota que experimentaron en junio con una contraofensiva destinada a convencer al país de que a pesar de todo son los únicos en condiciones de gobernarlo puede considerarse legítimo, ya que en una situación similar muchos políticos elegirían la misma táctica, pero dadas las circunstancias no les convendría tensar mucho más la cuerda. Para la oposición y para una proporción muy grande de la ciudadanía la agresividad arrogante de la que han hecho gala últimamente los Kirchner es muy provocativa y podría dar lugar a reacciones más violentas que las meramente verbales -“los fusilamientos mediáticos”- que tanto fastidian a Cristina. Por lo demás, ya son muchos los que temen que las medidas populistas con las que el gobierno trata de congraciarse con su clientela tengan consecuencias nefastas para la economía nacional. Así, pues, los Kirchner, habituados como están a jugar a todo o nada, parecen estar resueltos a intensificar aquel “clima destituyente” que fue denunciado por sus simpatizantes hace más de un año al plantear a los demás la alternativa de permitirles continuar haciendo lo que se les antoje por un lado y, por el otro, poner en marcha los mecanismos previstos por la Constitución para desplazar a mandatarios que por los motivos que fueran resulten inaceptables. En vista de las denuncias por corrupción que los dos santacruceños se las han arreglado para coleccionar, justificar un juicio político no sería del todo difícil. Para ahorrarnos otra crisis institucional de desenlace incierto, los Kirchner tendrían que reconciliarse con opositores que en diciembre se verán fortalecidos pero, a juzgar por su conducta, su interés en hacerlo es virtualmente nulo.


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