Otra Davis que se escapa

<b>Berlocq estuvo muy lejos del milagro y Argentina se quedó sin final. </b>

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Matías Subat

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&amp;lt;b&amp;gt;El corazón de Berlocq no bastó ante el talentoso Berdych.&amp;lt;/b&amp;gt;(Foto: Mat&iacute;as Subat )

La desazón de Berlocq, Mónaco, el capitán Jaite y miles de personas que se acercaron hasta el Parque Roca para vibrar y sufrir en un fin de semana olvidable.

BUENOS AIRES (Cristian Helou, enviado especial).- La Ensaladera de Plata pasea por todo el mundo, pero nunca se queda en Argentina. La traen, la muestran durante tres días y se la llevan. Este año, cuando la subieron en el aeropuerto y le pusieron el cartel de “ARG”, el mundo del tenis imaginó que la Copa Davis se instalaba 12 meses en tierras sudamericanas por primera vez en la historia. No fue así, porque República Checa dio el golpe en el Parque Roca y ayer ganó la semifinal por 3-2.

En esta temporada estaba todo dado para la gran conquista, porque las series “calientes” eran en casa y porque Martín Jaite, en su debut al frente del equipo, contaba con muy buen potencial: Juan Martín Del Potro en un gran año, David Nalbandian con su cartel de jugador copero, Eduardo Schwank consolidado como doblista y Juan Mónaco, en su mejor versión e incluso con un par de semanas en el top ten.

Sin embargo, los soldados se cayeron y Argentina llegó el momento crucial de la serie con una carta inédita: Carlos Berlocq. Con Nalbandian descartado hace tres semanas y Del Potro out por su lesión en la muñeca izquierda, Charly, el batallador de los challengers, que este año se metió en el top 50, agarró el fierro caliente. Y se quemó. Thomas Berdych, el jugador de la serie, lo venció por un claro 6-3, 6-3 y 6-4, en 2 horas 45 minutos, y puso el 3-1. Así provocó otra inmensa tristeza a Argentina, que se quedó sin su quinta final (perdió en 1981 con Estados Unidos, 2006 con Rusia y 2008 y 2011 ante España). En el quinto punto, Juan Mónaco superó a Ivo Minar por 6-3 y 7-6 (2), y decoró el resultado.

La serie, está claro, tuvo un clic el viernes, cuando Pico perdió el increíble partido con Berdych. Luego de estar 2-1 en set y 4-2, dejó reaccionar al checo, que dio vuelta la historia y puso el 1-1.

Lo del dobles fue una misión imposible, porque los europeos tienen una de las mejores parejas de la actualidad y cuando Delpo avisó que no jugaba, todo se vino abajo. Berlocq fue por la heroica y contó con el apoyo incondicional del público, pero la ilusión duró un suspiro.

El set inicial fue sumamente parejo, muy lejos del 6-3 que marcó el tablero. ¿La diferencia? Berlocq tuvo dos breaks y no facturó en ninguno, Berdych contó con uno y quebró. Fue para ponerse 5-3 y abrirse camino para liquidar el parcial, luego de 53 minutos.

Antes, Charly mostró un claro libreto: mover a su rival al máximo. Usó el drop de manera sistemática y a veces le dio resultado, pero el checo siempre tuvo piernas y dejó en claro en el arranque del juego que no sintió las 6 horas 40’ acumuladas entre viernes y sábado.

Hasta el 3-3, la paridad fue total, con el de Chascomús concentrado a full. Berdych, sólido como en toda la serie, esperó el error. Llegó por una doble falta en el octavo game, en el noveno se sobrepuso a las dos chances de quiebre y se adelantó.

En el segundo, el local no estuvo tan fino y al checo le alcanzó con un par de ráfagas para consolidar su trabajo. Rompió el servicio de Berlocq de entrada (para ponerse 2-1) y repitió en el final, para un nuevo 6-3.

Lo mejor del juego, por el nivel de Berlocq y el clima en el Parque, se dio en el tercero. Berdych, frío y letal como en sus nueve exquisitas horas de tenis, arrancó a toda orquesta y se puso 4-1.

Y Charly, herido, se jugó la última ficha y llegó hasta el 4-4. Fue lo último, porque el 6 del planeta salió decidido a poner las cosas en su lugar, mantuvo el servicio, quebró en 15 y le puso el broche de oro a su gran actuación.

El “¡vamos, vamos, Argentina...!” retornó al Parque Roca y Berlocq recibió una ovación inolvidable. Al toque y a pesar del partido de cierre, que nadie ve y sólo sirve para cumplir con las estadísticas, el público se fue, cabeza gacha, con otra frustración a cuestas. No era para menos, porque este año el equipo criollo era candidato -tal vez como nunca- y nuevamente dejó pasar a la inalcanzable Copa Davis.


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